Casi medio siglo después de su lanzamiento, “Boys Don’t Cry” vuelve a colocar a The Cure en el centro de la actualidad musical, tras alcanzar los mil millones de reproducciones en Spotify y recuperar una histórica versión grabada por Robert Smith en 1986.
Zarko Pinkas | “El Ayatola del Rock ‘n’ Rolla”
Casi medio siglo después de su lanzamiento, “Boys Don’t Cry” vuelve a colocar a The Cure en el centro de la actualidad musical, tras alcanzar los mil millones de reproducciones en Spotify y recuperar una histórica versión grabada por Robert Smith en 1986.
Hay canciones que sobreviven a sus propias épocas. Boys Don’t Cry es una de ellas. Nacida en 1979, cuando The Cure apenas comenzaba a construir el sonido que terminaría convirtiéndolo en uno de los grupos fundamentales del post-punk y del rock alternativo, la canción regresó este año a las listas de actualidad gracias a una cifra que pertenece al presente: mil millones de reproducciones en Spotify. Se convirtió así en la primera canción del catálogo de The Cure en alcanzar esa marca en la plataforma.
El momento ha coincidido con otro acontecimiento especialmente atractivo para los seguidores de la banda. The Cure puso finalmente a disposición de manera digital la versión que Robert Smith grabó nuevamente en 1986, conocida originalmente como Boys Don’t Cry (New Voice – New Mix) y ahora presentada como “Boys Don’t Cry (86 Mix)”. La nueva edición fue remasterizada en 2026 y estuvo disponible digitalmente por primera vez este año.
La historia de esa grabación resulta casi tan interesante como la propia canción. Siete años después de la versión original, Smith decidió volver a cantar la pieza porque consideraba que había mejorado como vocalista y que podía aportar una interpretación con mayor tono y emoción. El músico explicó que no pretendía modificar demasiado la melodía ni la forma de cantar la canción, pero sí sentía que podía hacer algo más con ella.
La nueva grabación fue concebida para acompañar la recopilación Standing on a Beach – The Singles, publicada en 1986, y funcionó como una especie de actualización de una canción que ya se había convertido en una pieza esencial dentro de la historia de The Cure. Sin embargo, aquella versión tuvo una particularidad: no fue incluida en el propio álbum recopilatorio. Apareció en vinilo como sencillo y en el video promocional, pero posteriormente tampoco fue incorporada a las principales recopilaciones de grandes éxitos de la banda ni llegó a las plataformas digitales.
Durante cuatro décadas, por tanto, Boys Don’t Cry (86 Mix) permaneció como una especie de pieza para coleccionistas. Quienes querían escucharla tenían que recurrir a aquellas antiguas ediciones en vinilo o al video oficial. Ahora, con su remasterización a cargo de Matt Colton, la grabación vuelve a circular en formatos digitales y también ha sido recuperada en nuevas ediciones físicas.
La canción original había aparecido como sencillo en el verano de 1979 y posteriormente se convirtió en la canción que dio título a la edición estadounidense del primer álbum de The Cure, Three Imaginary Boys. Con el paso de los años, aquella composición sencilla y aparentemente luminosa terminó convirtiéndose en una de las puertas de entrada más populares al universo de Robert Smith: una canción melancólica disfrazada de pop, con guitarras limpias, una melodía contagiosa y una letra que hablaba de vulnerabilidad masculina sin convertirla en tragedia.
Ese contraste sería, precisamente, una de las características que The Cure desarrollaría durante las décadas siguientes. La banda podía moverse entre el pop más accesible y las atmósferas oscuras de Seventeen Seconds, Faith o Pornography, para posteriormente construir algunos de los discos fundamentales del rock alternativo de los años ochenta y noventa, como The Head on the Door, Disintegration y Wish.
Boys Don’t Cry, sin embargo, permaneció como una de sus canciones más reconocibles. Su aparente sencillez ayudó a convertirla en un himno generacional y, con el paso del tiempo, también en una pieza capaz de conectar con públicos que ni siquiera habían nacido cuando The Cure la grabó por primera vez.
La cifra alcanzada en Spotify demuestra precisamente esa capacidad de supervivencia. Mil millones de reproducciones significan que una canción concebida en el universo del post-punk de finales de los setenta continúa encontrando nuevos oyentes casi medio siglo después. Y lo hace, además, en una época en la que las generaciones que descubrieron a The Cure a través de los vinilos y los casetes conviven con otras que conocen a Robert Smith directamente a través de las plataformas digitales.
El homenaje no termina en la canción. The Cure también regresó a los escenarios durante 2026 con una serie de presentaciones en Reino Unido y Europa, después de que su último concierto hubiera sido una actuación íntima en el Troxy de Londres relacionada con Songs of a Lost World, su primer álbum de estudio en 16 años, publicado en 2024.
Así, mientras Boys Don’t Cry alcanza una cifra propia de la era del streaming, The Cure continúa recorriendo el presente sin abandonar su pasado. La canción que nació en 1979 vuelve a sonar con una voz que Robert Smith quiso mejorar en 1986 y que ahora, cuarenta años después, puede ser escuchada oficialmente por una nueva generación.