Sequía pone en riesgo la alimentación de miles de familias en la zona oriental de El Salvador

Por Alonso Rosales

La prolongada falta de lluvias en la zona oriental de El Salvador comienza a convertirse en una amenaza no solo para los agricultores, sino también para la seguridad alimentaria de miles de familias que dependen de la producción de granos básicos. La situación es especialmente delicada porque la sequía coincide con el período en que los productores deberían preparar la siembra de postrera, fundamental para garantizar parte importante de la oferta nacional de frijol, sorgo y maíz.

El problema ya tiene pérdidas concretas. La Mesa Agropecuaria Rural e Indígena estima que entre 5,500 y 6,000 manzanas de maíz se han perdido de manera irrecuperable debido a los períodos de sequía que han golpeado principalmente al oriente del país.

La preocupación aumenta porque la falta de humedad está retrasando la siembra de postrera. De acuerdo con productores, esta etapa representa aproximadamente el 75 % de la producción nacional de frijol, el 100 % del sorgo y cerca del 20 % del maíz. Si las lluvias no se normalizan, muchos agricultores podrían decidir no sembrar para evitar invertir dinero en cultivos que posteriormente podrían perderse.

El oriente, la zona más vulnerable

La situación es particularmente grave en departamentos como San Miguel, La Unión, Morazán y Usulután, donde las altas temperaturas y la irregularidad de las precipitaciones han reducido la humedad de los suelos.

El fenómeno no afecta únicamente a los cultivos. La falta de lluvia también ha reducido los pastizales utilizados para alimentar al ganado, obligando a productores a comprar concentrado para mantener sus animales. En La Unión, ganaderos ya han reportado escasez de pasto y mayores costos de alimentación.

El Servicio Nacional de Estudios Territoriales explica que la sequía se intensifica cuando coinciden períodos prolongados sin lluvia, temperaturas elevadas, baja humedad y una fuerte evaporación. Además, el déficit de humedad afecta directamente los cultivos de maíz, frijol y sorgo y reduce la disponibilidad de agua y pastos.

El riesgo llega al consumidor

La pérdida agrícola puede terminar trasladándose a los hogares. Una menor producción nacional significa menos alimentos disponibles y una mayor necesidad de recurrir a importaciones. Si la oferta disminuye mientras la demanda permanece estable, los precios pueden aumentar, golpeando principalmente a las familias con menores ingresos.

Especialistas y organizaciones agrícolas han advertido que la producción de granos básicos podría sufrir una reducción considerable si continúa la sequía. La situación también resulta preocupante para el frijol, debido a que El Salvador depende parcialmente de las importaciones para cubrir su consumo y Nicaragua, uno de sus principales proveedores, también enfrenta dificultades productivas.

No obstante, el panorama nacional todavía no significa que El Salvador se encuentre ante una escasez inmediata de alimentos. La Mesa Agropecuaria ha señalado que, por el momento, existe producción suficiente de maíz, frijol y hortalizas para atender la demanda nacional.

El verdadero peligro está en lo que ocurra durante los próximos meses. Si las lluvias no permiten desarrollar la siembra de postrera, las pérdidas actuales podrían convertirse en una reducción de la oferta alimentaria futura.

La sequía, por tanto, no debe medirse únicamente por las hectáreas que se pierden en el campo. Su impacto puede llegar hasta la mesa de los salvadoreños mediante mayores precios, menor disponibilidad de alimentos y una creciente dependencia de las importaciones.

En el oriente del país, donde pequeños agricultores viven de lo que producen, cada semana sin lluvia representa una decisión más difícil: sembrar y arriesgar la poca inversión disponible, o no sembrar y enfrentar posteriormente la pérdida de ingresos y alimentos para sus propias familia