Generación hidroeléctrica cae a mínimos en El Salvador por la sequía y obliga al sistema eléctrico a depender de plantas térmicas

Por  Redacción ContraPunto

San Salvador, 25 de agosto de 2026.

La generación hidroeléctrica de El Salvador atraviesa uno de sus momentos más bajos de los últimos años como consecuencia de la reducción de los caudales de los ríos y de la menor disponibilidad de agua en las cuencas que alimentan los principales embalses del país. El fenómeno climático de El Niño, asociado a condiciones de sequía y menores aportes hídricos, está modificando la composición de la generación eléctrica nacional y aumentando la dependencia de plantas térmicas.

De acuerdo con las estadísticas de la Unidad de Transacciones (UT), durante julio la generación hidroeléctrica cayó a su nivel más bajo en más de dos años. Al mismo tiempo, la demanda eléctrica mensual alcanzó 689.48 GWh, un incremento de 10.7 % respecto de julio de 2025.

La situación tiene una explicación fundamental: las centrales hidroeléctricas necesitan un caudal suficiente de agua para mover las turbinas. Cuando los ríos aportan menos agua y los embalses disminuyen sus niveles, los operadores deben reducir la generación para administrar el recurso disponible y garantizar que el sistema pueda continuar funcionando durante los períodos de menor disponibilidad hídrica.

El problema no comenzó en julio. En junio, la generación hidroeléctrica alcanzó apenas 70.26 GWh, equivalente al 10.63 % de la demanda nacional, y se ubicó entre los niveles más bajos registrados durante los primeros meses de 2026.

¿Por qué hay menos agua?

El principal factor es la irregularidad de las lluvias y el impacto de El Niño sobre las condiciones climáticas. Menores precipitaciones significan menos agua entrando a los ríos y, posteriormente, menores aportes hacia los embalses utilizados para producir electricidad.

Los registros hidrológicos del Ministerio de Medio Ambiente muestran que las condiciones de los caudales pueden variar considerablemente durante la temporada lluviosa. El comportamiento de las cuencas es especialmente importante para el sistema hidroeléctrico porque buena parte de la capacidad hidráulica del país está vinculada a la cuenca del río Lempa.

El Salvador cuenta con una capacidad hidroeléctrica instalada de aproximadamente 638.5 MW, equivalente a cerca del 20 % de la capacidad eléctrica nacional. Sin embargo, tener capacidad instalada no significa que las centrales puedan producir permanentemente a su máxima potencia: la generación efectiva depende, entre otros factores, de la disponibilidad de agua.

Las plantas térmicas toman protagonismo

La caída de la generación hidráulica obliga al mercado eléctrico a compensar el déficit mediante otras tecnologías. En julio, las centrales térmicas, particularmente aquellas que utilizan combustibles derivados del petróleo, aumentaron su participación para atender la demanda nacional.

Este cambio tiene una consecuencia económica: generar electricidad con combustibles suele resultar más caro que aprovechar el agua disponible en las centrales hidroeléctricas. Por ello, cuando la generación hidráulica disminuye y las plantas térmicas deben trabajar más horas, aumenta la presión sobre los costos de generación y sobre el precio de la electricidad en el mercado.

El fenómeno ocurre además en un momento en que el consumo eléctrico continúa creciendo. Una demanda de casi 690 GWh en julio significa que el sistema debe encontrar fuentes alternativas para cubrir una cantidad cada vez mayor de electricidad justamente cuando una de sus principales fuentes renovables enfrenta restricciones de agua.

Un problema climático que también es energético

La situación demuestra que la seguridad energética de El Salvador está estrechamente vinculada con el comportamiento del clima. Aunque la generación hidroeléctrica sigue siendo una de las principales fuentes renovables del país, su producción puede disminuir rápidamente durante períodos prolongados de sequía.

En 2025, la hidroeléctrica representó aproximadamente 27.5 % de la generación eléctrica nacional, con más de 2,098 GWh producidos durante el año.

El desafío para el país consiste ahora en administrar cuidadosamente el recurso hídrico disponible, aprovechar otras fuentes renovables —como solar, geotérmica y eólica— y evitar que una reducción prolongada de la generación hidroeléctrica provoque una dependencia excesiva de combustibles fósiles.

La caída de la hidroeléctrica no significa que El Salvador se haya quedado sin capacidad para producir electricidad. El problema es diferente: existe capacidad instalada, pero no existe suficiente agua para utilizarla plenamente.

Por eso, la sequía se ha convertido también en un problema energético. Mientras las lluvias no recuperen los caudales y los embalses, el sistema eléctrico tendrá que recurrir con mayor intensidad a otras tecnologías para mantener el suministro, con el consecuente impacto sobre los costos de generación y la economía nacional.