Rusia y Japón: el retorno de la tensión histórica y el nuevo equilibrio militar en Asia

Por Alonso Rosales
Periodista y analista internacional

Las recientes declaraciones del ministro de Asuntos Exteriores de Rusia, Serguéi Lavrov, contra Japón revelan una dimensión mucho más profunda que una disputa diplomática por las islas Kuriles. Detrás de la confrontación verbal se encuentra una transformación estratégica en Asia-Pacífico: Japón está ampliando su papel militar y de seguridad en alianza con Estados Unidos, mientras Rusia intenta impedir que ese proceso modifique el equilibrio de poder en el extremo oriental de su territorio.

Lavrov calificó de “alarmantes” los intentos japoneses de modificar lo que Moscú considera las restricciones impuestas por la Constitución nipona después de la Segunda Guerra Mundial. Su crítica se concentra especialmente en los llamados tres principios no nucleares —no poseer, no producir y no introducir armas nucleares— y en la evolución de las capacidades militares japonesas.

La Constitución de Japón, particularmente su artículo 9, renunció formalmente a la guerra como derecho soberano y estableció restricciones al mantenimiento de fuerzas militares. Sin embargo, durante las últimas décadas Japón ha desarrollado unas Fuerzas de Autodefensa altamente sofisticadas y ha ampliado progresivamente su cooperación militar con Estados Unidos.

Desde la perspectiva de Moscú, este proceso representa algo más que la modernización de un aliado estadounidense. Rusia observa el fortalecimiento militar japonés dentro de un contexto regional marcado por el ascenso de China, las tensiones alrededor de Taiwán, la amenaza nuclear de Corea del Norte y el deterioro de las relaciones entre Moscú y Occidente.

Las Kuriles vuelven al centro del conflicto

La visita de Vladímir Putin a Iturup, una de las islas de las Kuriles del Sur, añadió una dimensión territorial a la disputa.

Rusia administra las islas desde el final de la Segunda Guerra Mundial, mientras Japón mantiene una reivindicación sobre cuatro territorios que denomina Territorios del Norte. La disputa ha impedido durante décadas la firma de un tratado de paz definitivo entre ambos países.

La presencia de Putin en Iturup, por tanto, no puede interpretarse únicamente como una visita administrativa. En términos geopolíticos, constituye también una reafirmación de la soberanía rusa sobre un territorio que Japón continúa reclamando.

Las declaraciones de la primera ministra japonesa, Sanae Takaichi, criticadas por Lavrov, muestran que la disputa territorial sigue teniendo capacidad para activar una confrontación diplomática de mayor alcance.

El factor Estados Unidos

El elemento central de la nueva tensión ruso-japonesa es, sin embargo, Washington.

Japón es uno de los principales aliados militares de Estados Unidos en Asia. La alianza estadounidense-japonesa constituye una pieza fundamental de la arquitectura de seguridad norteamericana frente a China y Corea del Norte, pero también tiene consecuencias directas para Rusia.

Moscú considera que el fortalecimiento de Japón forma parte de un proceso más amplio mediante el cual Washington está consolidando una red militar alrededor de China y Rusia. Japón, por su posición geográfica, ocupa una ubicación estratégica frente al Lejano Oriente ruso, las islas Kuriles y las rutas marítimas del Pacífico Norte.

Por eso, cualquier modificación de la política militar japonesa es observada en Moscú con especial atención.

La historia como instrumento geopolítico

La referencia de Lavrov a la responsabilidad histórica de Japón también tiene un propósito político. Rusia intenta utilizar el legado de la Segunda Guerra Mundial como argumento para cuestionar la legitimidad de una eventual transformación militar japonesa.

El problema es que esta interpretación enfrenta una realidad diferente: Japón ha construido durante décadas una política de defensa basada oficialmente en el concepto de autodefensa y en su alianza con Estados Unidos. Para Tokio, las modificaciones de su estrategia de seguridad responden principalmente a un entorno regional considerado cada vez más peligroso.

Aquí aparece una de las principales contradicciones del debate.

Japón sostiene que necesita mayores capacidades defensivas debido a la evolución de las amenazas regionales. Rusia interpreta esas mismas medidas como un regreso del militarismo japonés. China, por su parte, también observa con preocupación el fortalecimiento militar nipón.

La cuestión, por tanto, no es solamente si Japón está abandonando el espíritu pacifista de la posguerra. La pregunta fundamental es qué papel quiere desempeñar Japón en el nuevo sistema de seguridad asiático.

Un Indo-Pacífico cada vez más militarizado

La confrontación entre Moscú y Tokio ocurre mientras Asia atraviesa una acelerada carrera de capacidades militares. China aumenta su poder naval y misilístico; Corea del Norte desarrolla sus programas nucleares y balísticos; Estados Unidos refuerza sus alianzas; Australia, Corea del Sur y Japón incrementan su cooperación militar.

Rusia, enfrentada simultáneamente a Occidente y a la guerra en Ucrania, busca mantener su influencia en el Pacífico y fortalecer sus posiciones en el Lejano Oriente.

En este escenario, las Kuriles adquieren un valor estratégico que supera ampliamente su importancia territorial. Controlar ese espacio significa disponer de una posición privilegiada en las rutas marítimas y en el acceso entre el Pacífico y el mar de Ojotsk.

Una disputa que puede crecer

El intercambio de acusaciones entre Lavrov y Tokio demuestra que las relaciones ruso-japonesas atraviesan una etapa particularmente delicada.

La posibilidad de que Japón amplíe sus capacidades militares, profundice su cooperación con Estados Unidos y adopte una postura más firme frente a China y Rusia podría transformar definitivamente el equilibrio estratégico del Pacífico Norte.

Moscú, por su parte, difícilmente aceptará pasivamente ese proceso. La defensa de las Kuriles, la expansión de sus capacidades militares en el Lejano Oriente y la cooperación estratégica con China forman parte de su respuesta.

La disputa ya no es solamente histórica.

Japón está redefiniendo su lugar en Asia; Rusia intenta conservar su posición en el Pacífico; Estados Unidos busca consolidar su sistema de alianzas; y China observa cómo cambia el equilibrio militar a su alrededor.

En ese tablero, las islas Kuriles representan apenas uno de los puntos visibles de una confrontación mucho mayor: la lucha por definir quién tendrá mayor capacidad para establecer las reglas de seguridad del Asia-Pacífico durante las próximas décadas.