Putin, el gatito que perdió un ojo: la crueldad animal que interpela a una sociedad

Un pequeño gato rescatado en la residencial Satélite de San Salvador perdió un ojo y continúa bajo tratamiento veterinario. Según el testimonio de su adoptante, un especialista identificó lesiones que atribuyó a quemaduras. No se ha identificado a ningún responsable, pero su historia vuelve a poner sobre la mesa la violencia contra los animales y la necesidad de denunciarla.

Zarko Pinkas |

Un pequeño gato rescatado en la residencial Satélite de San Salvador perdió un ojo y continúa bajo tratamiento veterinario. Según el testimonio de su adoptante, un especialista identificó lesiones que atribuyó a quemaduras. No se ha identificado a ningún responsable, pero su historia vuelve a poner sobre la mesa la violencia contra los animales y la necesidad de denunciarla.


Putin es un gatito que tuvo una segunda oportunidad. Hace aproximadamente dos meses y medio, fue encontrado en condiciones precarias en la residencial Satélite, en San Salvador. Su madre había muerto, presuntamente envenenada, y él estaba enfermo, delgado y expuesto a los peligros de la calle.

Al conocer su situación, envié fotografías al director del periódico ContraPunto, Juan José Dalton, quien decidió adoptarlo. Parecía el comienzo de una historia de rescate, pero la recuperación del pequeño felino pronto se convirtió en una lucha por conservar su salud.

Primero perdió un ojo. Después, cuando parecía que todavía podía recuperarse, surgió una nueva preocupación: el otro ojo también estaba en riesgo.

Ante esa situación, recomendé a su adoptante consultar a una veterinaria que conocía por su trabajo terapéutico con mi chihuahua. A través de esa referencia consiguió contactar a un especialista en oftalmología veterinaria, quien examinó al animal y realizó una intervención para intentar preservar el ojo que le quedaba.

Fue entonces cuando, según el relato que me transmitió Dalton, el médico expresó su preocupación por lesiones que atribuyó a quemaduras. También le explicó que el daño había afectado estructuras alrededor del ojo, provocando un crecimiento anormal de pelos hacia su superficie ocular. Durante el procedimiento, el especialista retiró las pestañas que estaban lesionando el ojo.

La posibilidad de que alguien hubiera quemado deliberadamente al animal resulta estremecedora. Sin embargo, no se conoce con certeza cómo se produjeron las lesiones ni quién pudo haberlas causado. La hipótesis de que se utilizó fuego o alguna sustancia caliente debe mantenerse como tal mientras no exista una determinación médica documentada que precise el mecanismo de la lesión.

Lo que sí sabemos por el testimonio de su adoptante es que Putin perdió un ojo y continúa bajo tratamiento para intentar salvar el otro.


La historia de Putin no puede desligarse de un problema que se repite en distintas comunidades: la presencia de gatos abandonados, las camadas que nacen sin protección y los animales que terminan expuestos a enfermedades, atropellos, envenenamientos y otras formas de maltrato.

En la misma residencial se ha conocido otro caso de un gato con mutilaciones y pérdida de pelo en la cola. También se ha señalado la posibilidad de que sufriera quemaduras por agua caliente. Son situaciones que merecen atención, pero no hay elementos suficientes para afirmar que estén relacionadas o que hayan sido provocadas por una misma persona.

Es comprensible que la presencia de animales callejeros genere dificultades de convivencia. Los gatos pueden entrar en jardines, dejar excrementos, orinar en determinados espacios o buscar alimento en las viviendas. Esas molestias, sin embargo, no justifican la violencia.

Existen alternativas: limpiar las áreas afectadas, proteger los accesos, evitar dejar alimentos expuestos, recurrir a programas de esterilización y buscar apoyo para rescatar y dar en adopción a los animales. Son medidas que requieren organización, pero que permiten afrontar el problema sin causar sufrimiento deliberado.

Putin después de la cirugía donde perdió un ojo por el maltrato recibido cuando estuvo abandonado.

No se trata de ignorar las preocupaciones de los residentes. Se trata de recordar que resolver un conflicto no debería significar destruir la vida o la integridad de un ser vivo.

Una ley que debe traducirse en protección

El Salvador cuenta con la Ley Especial de Protección y Bienestar Animal, que establece obligaciones para garantizar el cuidado de los animales y contempla mecanismos para denunciar el maltrato. Asimismo, el artículo 261-A del Código Penal tipifica conductas de maltrato que causen lesiones, sufrimiento o daños permanentes a los animales comprendidos en la disposición.

La legislación, por tanto, ofrece instrumentos para actuar. El desafío está en que las denuncias puedan recibirse, investigarse y traducirse en medidas concretas. La protección animal no puede quedarse únicamente en el papel ni depender exclusivamente de la buena voluntad de quienes rescatan animales.

Cuando sea posible hacerlo sin ponerse en riesgo, conviene documentar los hechos mediante fotografías, videos, fechas, ubicación y testimonios, además de conservar los informes veterinarios. No es necesario conocer de antemano la identidad del presunto responsable para comunicar una situación a las autoridades competentes.

La empatía también se demuestra con los más indefensos

Hace poco, gracias a la colaboración de ContraPunto, fue posible encontrar hogares para otros cinco gatitos que estaban expuestos a los peligros de la calle. La intención era evitar que terminaran atropellados, enfermos o abandonados a su suerte durante las lluvias.

Putin también recibió una oportunidad. Alguien decidió abrirle las puertas de su casa y buscar atención especializada cuando su vida se complicó. Ahora, mientras continúa su tratamiento, queda la esperanza de que pueda conservar el ojo que le resta y llevar una vida sin dolor.

No conozco a la persona que pudo haberle causado las lesiones. No tengo pruebas para señalar a nadie y no sería justo convertir una sospecha en una acusación. Pero esa prudencia no obliga a guardar silencio sobre el sufrimiento de un animal ni sobre la necesidad de prevenir nuevos casos.

La pregunta que deja esta historia es sencilla: ¿cómo respondemos ante un ser vivo que depende de nosotros para sobrevivir? Podemos apartarlo, buscar una solución, solicitar ayuda o contribuir a su rescate. También existen personas que optan por la violencia, y es precisamente esa conducta la que debe investigarse y, cuando corresponda, sancionarse.

La empatía hacia los animales no resuelve todos los problemas de una sociedad, pero sí revela cómo afrontamos la vulnerabilidad de quienes no pueden defenderse ni pedir ayuda con palabras.

Juan José Daltón, Director de ContraPunto, quien ha adoptado a dos gatitos abandonados en Residencial Satélite, junto a Putin antes de perder su primer ojo.

Putin no puede contar lo que le ocurrió. Su historia llega a nosotros a través de quienes lo encontraron, lo adoptaron y ahora intentan salvarle el ojo. Contarla es una forma de recordar que detrás de cada animal abandonado hay una vida que merece cuidado y que ninguna molestia cotidiana puede convertirse en justificación para la crueldad.