Alonso Rosales
— Seis cetáceos emprendieron una de las operaciones de reubicación zoológica más complejas realizadas este año: dos belugas y cuatro delfines abandonaron las instalaciones clausuradas de Marineland, en Ontario, Canadá, para iniciar una nueva etapa de vida en el Oceanogràfic de València.
Las protagonistas de esta travesía son las belugas Cleopatra y Jelly Bean, pertenecientes a la especie Delphinapterus leucas, y las cuatro delfinas Tsunami, Lida, Echo y Marina. Las seis son hembras y forman parte del programa internacional diseñado para reubicar a los cetáceos que permanecían en Marineland después del cierre del parque canadiense.
El traslado no fue un simple viaje aéreo. Desde el punto de vista de la medicina zoológica y del manejo de mamíferos marinos, cada fase tuvo que ser calculada para reducir al mínimo el estrés fisiológico, mantener la estabilidad de los animales y preservar, en la medida de lo posible, sus vínculos sociales.
El operativo comenzó en Marineland, situado en Niagara Falls, Ontario. Los seis animales fueron sometidos previamente a evaluaciones veterinarias individuales para determinar si su condición corporal y sanitaria les permitía soportar un desplazamiento internacional de esta magnitud.
Después fueron trasladados por carretera hasta el aeropuerto de Toronto en módulos especialmente diseñados para el transporte de cetáceos. Durante el recorrido permanecieron bajo vigilancia de veterinarios, cuidadores y especialistas en mamíferos marinos.
El siguiente tramo fue aéreo. Los animales viajaron en un avión especialmente fletado que realizó un vuelo directo de aproximadamente siete horas entre Toronto y Valencia, cubriendo unos 6,000 kilómetros.
La logística exigía mantener condiciones controladas durante toda la ruta. En una operación de esta naturaleza, el objetivo veterinario no consiste únicamente en que el animal llegue con vida: se busca controlar el estrés, evitar lesiones, vigilar parámetros fisiológicos y garantizar que el ejemplar pueda iniciar posteriormente su proceso de aclimatación.
Al aterrizar en Valencia, los cetáceos fueron trasladados nuevamente por carretera hasta el Oceanogràfic, donde comenzó una segunda fase igualmente delicada: la adaptación al nuevo ambiente.
Uno de los aspectos más interesantes desde la zoología conductual fue la decisión de considerar las relaciones sociales existentes entre los animales antes de determinar la composición de los grupos.
Los cetáceos son especies altamente sociales. Las belugas utilizan sistemas complejos de comunicación acústica y mantienen interacciones sociales que pueden variar según edad, sexo, experiencia y composición del grupo. Los delfines, por su parte, también presentan estructuras sociales dinámicas y una marcada capacidad de aprendizaje.
Por esa razón, los especialistas procuraron mantener determinados vínculos previamente establecidos, una estrategia destinada a favorecer la estabilidad conductual durante el traslado y la posterior aclimatación.
Entre los expertos vinculados al operativo se encuentra el doctor Daniel García-Párraga, director de Operaciones Zoológicas del Oceanogràfic de València, quien ha participado en anteriores rescates internacionales de belugas.
García-Párraga ha explicado que este tipo de intervenciones requieren meses de preparación, coordinación entre instituciones y seguimiento veterinario antes, durante y después del traslado. El especialista considera que los acuarios y centros zoológicos acreditados tienen la responsabilidad de utilizar su experiencia e infraestructura cuando la supervivencia de determinados animales se encuentra comprometida.
El Oceanogràfic ya tenía experiencia en operaciones de alta complejidad con cetáceos. En 2024 participó en el rescate y traslado desde Ucrania de las belugas Plombir y Miranda, procedentes de Járkov, en plena guerra. Esa experiencia permitió perfeccionar protocolos veterinarios, logísticos y de transporte que ahora han sido aplicados al operativo canadiense.
También han intervenido especialistas y equipos de otras instituciones del consorcio internacional, además de organismos de Canadá, Estados Unidos y España. El operativo está coordinado por la Association of Zoos and Aquariums (AZA) y cuenta con la participación de centros zoológicos acreditados.
La llegada a Valencia no significa que Cleopatra, Jelly Bean, Tsunami, Lida, Echo y Marina vayan a ser exhibidas inmediatamente.
Desde una perspectiva de bienestar animal, el periodo posterior al transporte es fundamental. Los seis cetáceos permanecerán inicialmente en áreas no visibles para los visitantes mientras los equipos zoológicos observan su alimentación, comportamiento, condición corporal y relaciones sociales.
No existe un calendario rígido para completar la adaptación. La evolución de cada ejemplar determinará cuándo y cómo avanzar hacia las siguientes etapas de integración.
El procedimiento responde a un principio básico del manejo zoológico moderno: el animal marca el ritmo de la adaptación y no el calendario del recinto.
La operación adquiere una dimensión todavía mayor porque los animales procedían de un parque que había cerrado y atravesaba dificultades para mantener a los cetáceos.
Marineland llegó a albergar 30 belugas y cuatro delfines. Después del cierre, el futuro de los animales se volvió incierto y llegó a plantearse la posibilidad de practicarles la eutanasia si no se encontraba una solución para su mantenimiento y reubicación.
El acuerdo internacional permitió distribuir progresivamente a los animales entre distintos centros acreditados. Además del Oceanogràfic, participan instalaciones estadounidenses como Shedd Aquarium, Georgia Aquarium y los parques SeaWorld de San Antonio y San Diego.
Para Valencia, la llegada de las seis hembras representa también un reconocimiento a la capacidad europea para participar en operaciones internacionales de rescate de grandes mamíferos marinos.
Mover una beluga o un delfín entre continentes implica mucho más que disponer de un avión y un contenedor. Se trata de coordinar medicina veterinaria, etología, fisiología, transporte especializado, logística aeroportuaria, bioseguridad y manejo animal.
En el caso de Cleopatra, Jelly Bean, Tsunami, Lida, Echo y Marina, cada etapa fue concebida para reducir los riesgos y proporcionar continuidad en sus cuidados.
Ahora comienza la fase quizás más silenciosa, pero no menos importante: observar cómo seis cetáceos procedentes de Ontario responden a un nuevo ambiente, nuevos estímulos acústicos, nuevos cuidadores y nuevas dinámicas sociales.
El largo viaje terminó en Valencia. Para los especialistas, sin embargo, el verdadero proceso de rescate apenas comienza: conseguir que estos seis animales conviertan un traslado de emergencia en una adaptación estable y una nueva oportunidad de supervivencia.