Por Gabriel Otero
Tus dedos
huelen
a mar
a delicia
revelada
en la urgencia
al deseo
clandestino
del aire
estos
versos
te dibujan
al oído
la efigie
de tu rosa
eres diosa
siempre viva
y palpitante
eres piel
del oleaje
eterna
y mía.
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