León XIV reúne a 700.000 fieles en París y llama a Francia a recuperar el sentido de la vida, la solidaridad y el amor

Por Alonso Rosales

La visita del papa León XIV a Francia adquirió este sábado una dimensión multitudinaria y profundamente social. Cerca de 700.000 personas se congregaron en el centro de París para participar en una misa celebrada en la Plaza de la Concordia, en una de las mayores concentraciones de fieles durante su visita apostólica al país. La celebración desbordó el espacio alrededor de los Campos Elíseos y convirtió durante varias horas el corazón de la capital francesa en un enorme escenario de oración y reflexión.

La jornada, sin embargo, no estuvo marcada únicamente por la magnitud de la misa. Antes de encontrarse con la multitud, León XIV visitó la Maison Bakhita, un centro de acompañamiento e integración social dedicado especialmente a personas migrantes y refugiadas. Allí, el pontífice puso el acento en una de las preocupaciones que atraviesan buena parte de su mensaje en Francia: la necesidad de construir sociedades capaces de acoger al otro, superar la soledad y recuperar vínculos humanos.

La elección de Maison Bakhita tuvo además un fuerte contenido simbólico. El centro lleva el nombre de santa Josefina Bakhita, religiosa sudanesa que sufrió esclavitud antes de alcanzar la libertad y convertirse en símbolo de dignidad, reconciliación y servicio.

Durante su encuentro con quienes reciben atención en el centro, León XIV destacó el trabajo de las religiosas, voluntarios y organizaciones que acompañan a migrantes y personas vulnerables. El Vaticano informó que el Papa escuchó testimonios de un refugiado afgano y de personas atendidas por asociaciones dedicadas a quienes viven situaciones de exclusión.

El papel de la mujer en una sociedad que necesita reconstruir vínculos

Uno de los aspectos más significativos del discurso del Papa estuvo relacionado con el papel de las mujeres en la sociedad.

León XIV afirmó que las mujeres desempeñan un papel fundamental en la construcción de lo que denominó una “civilización del amor”, presentada como una alternativa frente a una cultura que puede fragmentar las comunidades y aumentar la soledad en las ciudades.

El mensaje adquiere especial relevancia porque el pontífice no limitó su reflexión a la dimensión religiosa. Su discurso vinculó la presencia de las mujeres con procesos concretos de paz, confianza, integración y cuidado de las personas.

Para León XIV, la historia no se construye solamente desde las posiciones de poder. También la protagonizan quienes crean espacios para los demás, acompañan a los vulnerables, generan confianza y ayudan a reconstruir comunidades.

En Maison Bakhita, esa idea apareció de manera particularmente concreta. Las mujeres que trabajan en el centro —entre ellas religiosas y voluntarias— participan directamente en la acogida, formación y acompañamiento de personas que han llegado a Francia después de experiencias de desplazamiento, pobreza o exclusión.

El Papa presentó así una concepción del servicio que no debe entenderse como simple asistencia. La acogida, según su mensaje, puede convertirse en una forma de reconstrucción de la dignidad humana.

“Nadie es tan pobre que no tenga nada que dar; nadie es tan rico que no tenga nada que recibir”, señaló León XIV durante su intervención, planteando la relación humana como un intercambio en el que tanto quien ayuda como quien recibe puede transformar al otro.

Una misa para hablar de la “sed” del ser humano

Horas después, el escenario cambió radicalmente.

Desde la Plaza de la Concordia, León XIV celebró la misa ante una multitud estimada en 700.000 personas, una cifra que convirtió la celebración en el principal acontecimiento de su primera visita a Francia. El recorrido papal por los Campos Elíseos estuvo acompañado por miles de personas y la celebración fue seguida también mediante pantallas instaladas en distintos puntos del recorrido.

El mensaje central de la homilía giró alrededor de una imagen sencilla pero profunda: la sed.

El Papa habló de una sed que no es solamente física o material, sino también espiritual: la búsqueda de sentido, verdad, unidad, paz y plenitud que, según su reflexión, existe en el interior de muchas personas.

León XIV sostuvo que el ser humano puede alcanzar objetivos profesionales, materiales o personales y, aun así, experimentar un vacío interior. Frente a esa realidad, presentó a Jesucristo como la fuente de “agua viva” capaz de responder a esa búsqueda espiritual.

Su mensaje, por tanto, fue más allá de una exhortación estrictamente religiosa. El Papa habló de una sociedad que dispone de enormes posibilidades materiales y tecnológicas, pero que al mismo tiempo enfrenta problemas de aislamiento, pérdida de referencias y dificultades para construir vínculos duraderos.

Ante esa realidad, pidió que la fe no se convierta en una experiencia individual encerrada en cada persona, sino en una fuente de esperanza que pueda proyectarse hacia los demás.

“Nadie es un número”

Otro elemento destacado de la homilía fue la defensa de la dignidad individual.

Ante cientos de miles de personas, León XIV recordó que para Dios cada ser humano es único y no puede reducirse a un número, una identificación o una estadística.

La afirmación adquiere un significado particular en una Europa marcada por debates sobre migración, pobreza, envejecimiento, soledad y exclusión social.

El mensaje pronunciado por el Papa en París conecta así dos escenarios aparentemente diferentes: la multitud de la Plaza de la Concordia y las personas vulnerables que encontró horas antes en Maison Bakhita.

En ambos casos, el eje es la persona.

Para quienes acudieron a la misa, la experiencia estuvo marcada por la dimensión espiritual y colectiva de la celebración. Para quienes trabajan con migrantes y personas excluidas, el mensaje del pontífice se convirtió en una reivindicación de la dignidad de quienes con frecuencia quedan fuera de los grandes debates sociales.

Francia entre la tradición religiosa y una sociedad secular

La visita de León XIV también tiene una dimensión histórica.

Francia es una de las sociedades europeas donde la secularización ha transformado profundamente la relación entre religión y vida pública. Sin embargo, la multitud reunida en París mostró que la tradición católica continúa teniendo capacidad de movilización social y cultural.

La visita papal se produce además en un momento en que la Iglesia francesa intenta responder a una crisis de credibilidad provocada por los abusos sexuales cometidos por miembros del clero. Una investigación publicada en 2021 estimó que alrededor de 330.000 menores fueron víctimas de abusos relacionados con la Iglesia francesa durante siete décadas, un antecedente que ha condicionado la visita del pontífice.

Por ello, el viaje de León XIV no puede entenderse únicamente desde las imágenes de multitudes.

El Papa también tiene previsto encontrarse con víctimas de abusos en Lourdes, dentro de una agenda que combina celebraciones religiosas con encuentros sociales y conversaciones sobre algunas de las heridas más profundas de la Iglesia francesa.

Ese contraste es importante: mientras cientos de miles de personas se congregan para escuchar al Papa, existen también sectores que esperan de la Iglesia respuestas concretas frente a los abusos y mecanismos que garanticen protección y rendición de cuentas.

Una Iglesia que busca hablarle a una sociedad fragmentada

El mensaje de León XIV en París parece articularse alrededor de tres conceptos: fe, dignidad y encuentro.

En Maison Bakhita, el Papa habló de los migrantes, de los pobres y del papel de las mujeres. En la misa, habló de la sed espiritual y de la necesidad de encontrar una fuente de esperanza. En ambos escenarios apareció una misma preocupación: cómo reconstruir los vínculos humanos en una época caracterizada por la fragmentación social.

Su referencia a las mujeres también introduce una dimensión relevante. León XIV no las presentó solamente como receptoras de solidaridad, sino como protagonistas de procesos de paz, acompañamiento y construcción comunitaria.

El pontífice vinculó esa participación con una idea más amplia: una sociedad no puede sostenerse únicamente mediante instituciones, leyes o estructuras económicas. Necesita también confianza, solidaridad y relaciones humanas.

La multitud de París fue, en ese sentido, el rostro visible de una Iglesia que busca recuperar presencia en una Europa secularizada. Pero la visita a Maison Bakhita mostró el otro rostro de ese proyecto: una Iglesia que pretende estar cerca de quienes viven en los márgenes.

Entre ambos escenarios —los 700.000 fieles de la Plaza de la Concordia y los migrantes acogidos en un centro social parisino— se desarrolla el mensaje de León XIV para Francia: recuperar el sentido de comunidad, mirar a quienes permanecen invisibles y convertir la fe en una práctica de esperanza, servicio y amor.

La visita continuará con su paso por Lourdes y posteriormente Metz, donde el Papa abordará también cuestiones relacionadas con Europa, la paz y la unidad del continente.

Más allá de las cifras, la imagen que deja esta jornada es la de un pontífice intentando colocar en el centro de su discurso a la persona: al creyente que busca sentido, al migrante que necesita acogida, a la mujer que participa en la construcción de comunidades y al excluido que reclama ser visto no como una cifra, sino como un ser humano con dignidad.

Fuentes