Por Juana Ramírez de Pinkas
Ella pensó esa mañana que no había hecho nada por la vida, le había sonreído al vecino de cara triste, le había llevado pancito fresco a la vecina anciana que nadie visitaba, le había sonado la nariz al niño huérfano del vecindario, había barrido la vereda suya y la del vecino, y meditó para sí, no he hecho nada hoy mientras de pie en su cocina se tomaba una taza de café.
No había hecho nada importante para el mundo pero había hecho todo para personas olvidadas, para los que no tienen quien piense en ellos, había hecho más que los que dicen que ayudan y lo proclaman, su ayuda era en silencio sin tocar campanas, su recompensa una conciencia tranquila y el dulce sabor en la boca de dar sin pensar en recibir nada a cambio.