Lanzar monedas a la Fontana di Trevi ahora cuesta 2 euros: los turistas siguen ignorándola


Por Redacción Contrapunto

Roma — Desde principios de año, la icónica Fontana di Trevi, uno de los monumentos más visitados de la capital italiana, está sujeta a una nueva medida municipal: todo turista que desee lanzar una moneda a la fuente debe pagar un derecho de acceso de 2 euros. La ordenanza, aprobada por el gobierno municipal de Roma en diciembre pasado y vigente desde el 1 de enero, es parte de un ambicioso plan para regular el flujo de visitantes y financiar el mantenimiento y la limpieza de las zonas históricas del centro.

Una ley para encauzar el turismo masivo

La normativa, promulgada por el Ayuntamiento de Roma, obliga a cualquier persona no residente en la Unión Europea —o residente que no pueda acreditar domicilio local— a adquirir una entrada de 2 euros para acercarse al área inmediata de la Fontana di Trevi con el objetivo explícito de lanzar una moneda. El costo se cobra a través de quioscos digitales, códigos QR distribuidos en los alrededores y personal autorizado presente en la zona. Según las autoridades, los fondos recaudados se destinarán al mantenimiento del pavimento, limpieza de grafitis y gestión de residuos, problemas que han venido agravándose con el aumento del turismo tras la pandemia.

El ayuntamiento defiende la medida como una forma de disuadir el turismo más irresponsable, mejorar la experiencia de quienes realmente valoran el monumento y asegurar que los recursos generados contribuyan directamente a su conservación.

Reacciones encontradas de los turistas

Pese a los esfuerzos de comunicación, muchos visitantes parecen desconocer la nueva norma o no mostrar interés en acatarla. Entre quienes sí la conocen, las opiniones varían:

  • Algunos turistas europeos y latinoamericanos expresan confusión: “Pensábamos que era una broma. Si pagar no nos garantiza mejores fotos ni menos gente, ¿para qué hacerlo?”, dice una pareja de Argentina.
  • Otros aceptan el pago sin mayor problema: “Entiendo que hay que cuidar este lugar, y dos euros no es mucho. Si ayuda a mantenerlo, está bien”, comenta una turista alemana.
  • No faltan quienes critican la medida como un simple “peaje a la experiencia”, argumentando que se comercializa una tradición cultural más que se protege el patrimonio.

A pesar de las advertencias y señalizaciones multilingües, grandes grupos de visitantes continúan acercándose a la fuente sin pagar y lanzan monedas como lo han hecho durante décadas. Esto ha llevado a que el personal de control repita constantemente la información, aunque no siempre con éxito.

La voz de la ciudad: residentes y comerciantes

Entre los romanos, la medida ha generado un debate más matizado:

  • Muchos residentes locales respaldan la iniciativa, al considerarla una forma justa de hacer que los turistas contribuyan al mantenimiento de un bien común. “Los que venimos aquí a diario sabemos el impacto que tiene tanta gente: basura, ruido, desgaste. Si pagan por ello, quizá se respete más”, comenta un vendedor ambulante de la zona.
  • Sin embargo, algunos comerciantes y pequeños negocios expresan preocupación: “Si la gente se frustra por pagar para acercarse, puede pasar menos tiempo en el área y nosotros perder clientes”, explica la propietaria de un café cercano.
  • También hay quienes ven la medida como simbólica más que efectiva: señalan que la presencia de turistas masivos no ha disminuido significativamente, y que la recaudación podría no ser suficiente para cubrir todos los gastos de conservación que se pretende atender.

¿Se está cumpliendo la norma?

Hasta la fecha, la adhesión al pago obligatorio es parcial y heterogénea. Las estadísticas preliminares de enero muestran que solo un porcentaje de visitantes ha adquirido el ticket de 2 euros, mientras que muchos otros se limitan a acceder sin pagar, apoyándose en grupos numerosos o en zonas adyacentes donde el control es más laxo.

El Ayuntamiento de Roma ha anunciado que intensificará la presencia de personal de vigilancia y promoverá campañas informativas más claras en varios idiomas. Asimismo, se evalúan ajustes técnicos, como barreras suaves o sistemas de control más visibles, para aumentar el cumplimiento sin obstaculizar excesivamente el paso.