Por Guillermo Rivera
Un día de estos,
en caminata nocturna
Atravesando la plaza,
de cuya fecha no tengo.
respaldo,
tuve plática sorpresa,
sin tiempo largo
Una cabeza sin cuerpo emitía,
su voz, como si estuviera,
normal,
sin extremidad ni cintura
su tono era de respeto
y sin embargo marcial
Esto me paso, yo pienso,
en un tramo de años
de esos que no se apuntan
por nada en un calendario…
de esos que hemos vivido,
de esos que adoloridos,
se fueron, sin jubilo,
jubilados
a la cumbre del olvido…
Pues si, les sigo contando,
“me siento un poquito mal”,
me dijo casi al instante,
quien iba a creer, yo oía,
de aquella masa gris, una jupa
que expresaba su malestar
era voces de concreto,
en medio de la ciudad,
por poco en el mero centro,
en medio de lo callado…
así en confianza le cuento,
en casi inaudible voz,
en confianza
me confeso que de lejos,
en esa esquina
una muchacha solía,
era costumbre
de noche y día,
permanecer como en espera
aunque no escuche su voz,
ya era mayor, lo traslucía
con su alegría y frescura,
con el agua con el viento
no perdía compostura,
era hermosura
dicen que era admiradora,
aseguran
de un tal chamo,
tan mentado,
de valor indescriptible…
tal era el fervor por el hombre,
que dispuso,
de su fe y su lealtad,
en el vuelo de mariposa,
el tan pretendido humano,
sin pretensión
mas que a la debida patria,
su atención
propuso a aquella muchacha,
que por favor
le siguiera, yéndose lejos,
con su baile y su canto
dijera que Venezuela,
es de los mares en bandos
para navegar hay aguas,
puertos cargados de amor…
atados de raíz tierna,
nacientes del corazón…
insistía la cabeza,
sin pender su aplomo
desacostumbrar mi vista,
no deseo…
en mi pensamiento
hay una espina
Dónde estará
aquella joven,
la de la esquina?
la chica se divertía
cuando llegado el momento
aunque no vistiera tul…
La emoción se desbordaba
con el festival de la luz
obviando al prefecto de turno
ya no me hagan más jarana
con patriotismo en ayuno
dejando que mano amiga
se muera, con un castigo
inculto, ocultando
un símbolo patrio sagrado
por unos en contra otros
Dicen que fue
En un mes de marzo,
Llegaron los operarios,
los delegados,
Sin utilizar violencia,
le tomaron, doblaron
La bajaron de su estrado,
se la llevaron…
Hoy el sitio está vacío,
como mis ojos…
yo perplejo,
sus faldas hoy,
ya no ondean
mis lágrimas son
areniscas, esperanzadas…
En ese ese recodo asfaltado,
frente a este urbano prado,
mi cabeza sin visera
con la ausencia de ella,
de inquietud
no acepta espera
mas a la par,
los grillos y coches
al ritmo de penas y alegrías
sin ascensor, las copas…
se elevan
cargadas con una bebida
esa misma que impera,
esa que hace florecer
hombría con alegría…
cuando se pinta la noche
espejea el colectivo
pasando el Damas hotel
mas mi dama
fue llevada
a que incognito nicho?
estará pidiendo auxilio?
Auxilio pido al castillo,
dedicado a la musa…
de la tonada
que tengo, a solo un par
de mis zancadas
para que se una mi rezo,
en demanda
por el retorno inmediato,
de esa insigne banda
la que yo sigo esperando,
con sueño firme
como la paz,
como el amor,
con acíbar
imagino que lo mismo,
pensará el tal Bolívar…!