Por Redacción ContraPunto
En febrero de 2026, Donald Trump lanzó formalmente lo que llamó la “Junta de Paz” (o Board of Peace), una nueva plataforma mediática diseñada para presentarse como un organismo global que resolvería conflictos, empezando por el de Gaza. Sin embargo, el discurso oficial y los hechos sobre el terreno muestran una gran discrepancia que merece ser analizada.
1. Trump declara “el fin del conflicto” sin base real
En la reunión inaugural de esta Junta de Paz, Trump afirmó que el conflicto en Gaza estaba “terminado” —llegando incluso a decir que la región “ya no es un foco de terrorismo” y que el alto al fuego era una prueba del éxito de su iniciativa— declaraciones que dieron gran protagonismo mediático en sus cuentas oficiales.
“El conflicto en Gaza está terminado… ya no es un foco de terrorismo.” — Donald Trump, Junta de Paz, febrero de 2026.
Este tipo de afirmaciones omite una realidad que los datos oficiales muestran: desde el alto al fuego de octubre de 2025 se han registrado más de 600 palestinos asesinados por las fuerzas israelíes, según reportes de fuentes de salud en Gaza.
2. Millones prometidos, pocos resultados concretos
Trump también resaltó compromisos financieros millonarios y la recaudación de fondos para la reconstrucción:
Sin embargo, estas cifras están en promesas, no en desembolsos efectivos documentados ni en resultados verificables sobre el terreno. El prolongado sufrimiento de civiles y la falta de una mejora sustancial en la vida diaria de la población de Gaza ponen en duda la eficacia real de esos compromisos.
3. Ausencia de palestinos y rechazo de actores internacionales clave
Aunque Trump presentó la junta como una iniciativa global, la estructura del organismo carece de representación palestina significativa, lo que ha sido una crítica central desde varias partes.
Igualmente, muchos países tradicionales y potencias occidentales rechazaron unirse o lo hicieron solo como observadores, argumentando que podría socavar el papel de las Naciones Unidas como mediador principal de la paz mundial.
El Vaticano, por ejemplo, declinó formalmente unirse a la Junta y subrayó que la gestión de crisis de este tipo debería liderarla la ONU.
4. Críticas: ¿una institución paralela para debilitar la ONU?
Muchos analistas y gobiernos han señalado que la Junta de Paz podría ser una entidad paralela a la ONU, creada bajo el liderazgo de Trump, con poca transparencia y estructuras poco claras sobre su autoridad legal o su capacidad de ejecución real.
Críticos sostienen que esta junta, lejos de cumplir una función pacificadora real, puede servir para deslegitimar organismos multilaterales tradicionales y colocar a Trump como figura central de un nuevo orden alternativo.
5. Trump como showman de la “paz”
En el discurso y la cobertura mediática, la Junta de Paz ha tenido el estilo de un “show político”, proclamando grandes éxitos:
Este enfoque ha dado pie a interpretaciones que ven en la Junta de Paz más una plataforma de autopromoción que un organismo efectivo de resolución de conflictos, alimentando la percepción de que es un intento de Trump de imponerse como árbitro único de la paz global y de obtener reconocimiento personal, incluso aspirando a premios como el Nobel de Paz —aunque sin avances verificables que lo respalden.
En síntesis, la Junta de Paz se perfila más como un espectáculo político con discursos grandilocuentes que como un instrumento efectivo de paz y justicia internacional.
Fuentes
THE GUARDIAN , REUTERS, UNIVISION