La guerra de Trump contra Irán le crea un problema en su propio país

Por Alonso Rosales

El ultimátum de Trump: el presidente estadounidense advirtió este miércoles que Irán tiene una última oportunidad para alcanzar un acuerdo que garantice la reapertura del estrecho de Ormuz y evite una nueva escalada militar. Afirmó que, si las negociaciones fracasan, Estados Unidos responderá “muy duramente” contra objetivos iraníes. Al mismo tiempo, aseguró que aún confía en que la vía diplomática permita evitar un nuevo enfrentamiento armado.

La guerra emprendida por la administración del presidente Donald Trump contra Irán comienza a tener un elevado costo político dentro de Estados Unidos. Lo que inicialmente fue presentado por la Casa Blanca como una operación destinada a proteger los intereses estratégicos de Washington y garantizar la libertad de navegación en el estrecho de Ormuz, ahora repercute directamente en el bolsillo de millones de estadounidenses.

Esta semana, Trump lanzó fuertes críticas contra las principales compañías petroleras del país al acusarlas de aprovechar la crisis para incrementar sus ganancias a costa de los consumidores. “Están ganando demasiado dinero. No estoy contento”, declaró desde el Despacho Oval, exigiendo una reducción en los precios de los combustibles.

El incremento del precio del petróleo, provocado por la reducción del flujo de crudo a través del estrecho de Ormuz, elevó el valor del barril Brent desde menos de 70 dólares antes del conflicto hasta niveles cercanos a los 80 dólares, después de haber superado incluso los 100 dólares durante los momentos más críticos de la guerra. Como consecuencia, el precio promedio de la gasolina en Estados Unidos ha aumentado alrededor de un 37 % desde el inicio del conflicto.

Este incremento representa un serio desafío político para Trump cuando faltan apenas tres meses para las elecciones legislativas. Diversas encuestas continúan ubicando el costo de la vida y la inflación entre las principales preocupaciones de los votantes, situación que podría favorecer a los candidatos demócratas en varios estados clave.

Mientras tanto, las grandes compañías energéticas reportan beneficios históricos. Saudi Aramco incrementó sus ganancias trimestrales en un 33 %, alcanzando los 33.400 millones de dólares. ExxonMobil prácticamente duplicó sus utilidades hasta los 14.500 millones de dólares. Chevron obtuvo 12.100 millones de dólares, más de cuatro veces lo registrado un año atrás, mientras Shell reportó cerca de 10.000 millones de dólares, una de las cifras más altas de su historia reciente.

La contradicción política resulta evidente. Trump, tradicional defensor del libre mercado y de la mínima intervención del Estado en la economía, ahora presiona públicamente a las petroleras para que reduzcan voluntariamente sus precios con el propósito de contener el malestar ciudadano.

Al mismo tiempo, la Casa Blanca intenta combinar la presión militar con la diplomacia. Trump afirmó que las conversaciones con Irán continúan y aseguró que aún existe una posibilidad de alcanzar un acuerdo, aunque dejó claro que, si no hay avances, Estados Unidos actuará con mayor contundencia militar.

El conflicto demuestra que las guerras modernas no solamente se libran en los campos de batalla. También terminan reflejándose en los surtidores de gasolina, en los índices de inflación y, finalmente, en las urnas electorales. Si el precio de los combustibles continúa aumentando y el costo de vida sigue deteriorándose, el mayor desafío para Donald Trump podría no encontrarse en Teherán, sino entre los propios votantes estadounidenses.