Por Alonso Rosales
En los últimos años, las tensiones entre Irán y Estados Unidos han sido un elemento constante en la política internacional. En este contexto, ha surgido la narrativa de que Teherán podría estar dispuesto a negociar con Washington dependiendo de quién ocupe la Casa Blanca. Sin embargo, desde la dirigencia iraní se ha reiterado en diversas ocasiones que no existe interés en negociar bajo condiciones que consideren desfavorables o unilaterales.
Durante la presidencia de Donald Trump, la relación bilateral se deterioró notablemente tras la retirada estadounidense del acuerdo nuclear de 2015 y la imposición de nuevas sanciones. Desde entonces, la desconfianza entre ambos gobiernos se profundizó. En ese marco, la posibilidad de una negociación no depende únicamente de la voluntad personal de un líder, sino de cálculos estratégicos más amplios.
La dimensión Israel–Irán
El conflicto entre Israel e Irán suele presentarse como parte de una rivalidad histórica o incluso milenaria. No obstante, esa interpretación es más simbólica que política. Aunque en la antigüedad existieron episodios como el exilio judío en Babilonia bajo Nabucodonosor II, el posterior dominio persa —incluyendo el reinado de Darío I— permitió el retorno de los judíos a Jerusalén. Esto demuestra que las dinámicas antiguas no pueden trasladarse mecánicamente al presente.
La rivalidad actual responde a factores contemporáneos: la influencia regional iraní, el respaldo de Teherán a actores hostiles a Israel, y la preocupación israelí por el programa nuclear iraní. Bajo el liderazgo de Benjamin Netanyahu, Israel ha impulsado una política firme para contener la expansión iraní en la región.
Intereses estratégicos de Estados Unidos
Para Estados Unidos, la región de Medio Oriente sigue siendo relevante por razones estratégicas: seguridad energética, equilibrio de poder y alianzas históricas. El petróleo ha sido un factor central en la política regional durante décadas, aunque el panorama energético global ha cambiado con el aumento de la producción interna estadounidense.
Desde esta perspectiva, Irán representa un actor que desafía la arquitectura de seguridad impulsada por Washington y sus aliados. Sin embargo, reducir la política estadounidense exclusivamente a una intención de “apoderarse del petróleo” simplifica en exceso una realidad más compleja que incluye contención geopolítica, defensa de aliados y competencia estratégica.
Europa y los alineamientos políticos
En cuanto a Europa, la relación con Trump fue ambivalente. Algunos gobiernos mantuvieron cooperación estratégica, mientras que otros marcaron distancia, especialmente en temas multilaterales y comerciales. Las alianzas internacionales rara vez son homogéneas; suelen responder a intereses nacionales concretos más que a afinidades personales.
Asimismo, líderes como Javier Milei han mostrado afinidad ideológica con Trump, lo cual forma parte de un reordenamiento más amplio dentro de ciertos sectores conservadores y liberales a nivel global.