Crédito France 24
Por Alonso Rosales
En Perú, el miedo se ha convertido en un factor determinante del voto. Historias como la de “Toño”, un conductor de autobús que sobrevivió a un ataque armado tras negarse a pagar extorsiones, reflejan una realidad cada vez más común: trabajar bajo amenaza constante.
La inseguridad, junto con la inestabilidad política —ocho presidentes en una década—, ha desplazado otros temas y domina el debate electoral. Muchos ciudadanos sienten que el Estado ha perdido el control frente al crimen.
Violencia en aumento
En los últimos años, Perú ha experimentado un deterioro sostenido en seguridad:
Homicidios:
Extorsión (mucho más común que el secuestro):
Secuestros:
El crecimiento de la extorsión es particularmente alarmante: se ha convertido en una “economía criminal” sistemática.
Elecciones marcadas por el miedo
Los candidatos representan caminos opuestos:
Para muchos votantes, la prioridad es clara: seguridad inmediata, incluso por encima de preocupaciones democráticas o económicas de largo plazo.
¿Quién controla el crimen en Perú?
A diferencia de México o Colombia, Perú no tiene grandes carteles únicos dominantes, sino una red fragmentada de organizaciones:
Principales grupos en Perú:
Zonas clave:
Conexiones internacionales
El narcotráfico peruano está profundamente integrado a redes globales:
Perú es uno de los mayores productores de cocaína del mundo, lo que lo convierte en pieza clave del narcotráfico internacional.
Un país atrapado entre dos miedos
El electorado peruano enfrenta una disyuntiva compleja:
Los jóvenes, en particular, muestran frustración: muchos sienten que deben elegir el “mal menor”.
Perú no solo enfrenta un problema de criminalidad, sino una crisis de confianza en el Estado. Sin estabilidad política, cualquier estrategia contra el crimen tiene pocas probabilidades de sostenerse.
El resultado electoral difícilmente resolverá el problema de inmediato: la fragmentación política y la presión del crimen organizado seguirán siendo obstáculos clave.