Fatima Ftouni asesinada en Líbano por tropas de Israel
Por Alonso Rosales – Observador internacional
En este Día Internacional del Periodista, el mejor homenaje que puede rendirse a quienes ejercen esta profesión no consiste únicamente en recordar sus nombres, sino en defender el principio universal de que ningún periodista debe convertirse en un objetivo militar. El derecho internacional humanitario, particularmente los Convenios de Ginebra, establece que los periodistas civiles gozan de la misma protección que cualquier otro civil mientras no participen directamente en las hostilidades.
Durante los últimos tres años, el conflicto en Gaza, el sur del Líbano, Israel y, más recientemente, la guerra que alcanzó territorio iraní, ha convertido a Medio Oriente en el lugar más peligroso del mundo para ejercer el periodismo. El Comité para la Protección de los Periodistas (CPJ) documentó que 2025 fue el año más letal para la prensa desde que comenzó sus registros en 1992, con 129 periodistas y trabajadores de medios asesinados, de los cuales aproximadamente dos tercios murieron en operaciones militares israelíes, principalmente en Gaza.
Las cifras continúan aumentando durante 2026, mientras organizaciones internacionales mantienen investigaciones abiertas sobre nuevos ataques contra comunicadores.
Los nombres que el mundo no debe olvidar
Entre los casos más emblemáticos figuran:
En Irán, durante la reciente escalada militar entre Israel, Estados Unidos e Irán, también se reportaron periodistas fallecidos mientras cubrían operaciones militares, entre ellos Masoud Salimi, cuyo caso figura en la base de datos del CPJ.
¿Crímenes de guerra?
La cuestión jurídica continúa siendo objeto de intenso debate internacional.
La ONU, la Oficina del Alto Comisionado para los Derechos Humanos (OHCHR), los relatores especiales sobre los territorios palestinos ocupados y organizaciones como Reporteros Sin Fronteras (RSF) y el Comité para la Protección de los Periodistas (CPJ) han solicitado investigaciones independientes sobre numerosos ataques contra periodistas, argumentando que, si fueron deliberados o indiscriminados, podrían constituir violaciones graves del derecho internacional humanitario e incluso crímenes de guerra.
Por su parte, el Gobierno de Israel sostiene que no tiene una política de atacar periodistas y afirma que sus operaciones están dirigidas contra objetivos militares de Hamás y otros grupos armados, asegurando que investiga incidentes cuando existen indicios de posibles irregularidades. En algunos casos, Israel ha alegado que determinadas personas identificadas como periodistas también mantenían vínculos con organizaciones armadas; precisamente por ello, el CPJ anunció en 2026 una revisión metodológica de algunos expedientes para verificar esa información cuando existan pruebas documentadas.
El periodismo no puede ser una sentencia de muerte
La historia demuestra que las guerras también se libran por el control de la información. Silenciar a un periodista significa limitar la capacidad del mundo para conocer lo que ocurre sobre el terreno.
Cuando un reportero muere con una cámara, un micrófono o una libreta en la mano, no desaparece únicamente una persona: desaparece un testigo directo de la historia.
Este homenaje no pretende sustituir el trabajo de los tribunales internacionales ni anticipar responsabilidades penales. Corresponde a las investigaciones independientes establecer, caso por caso, quiénes son los responsables y si existieron violaciones al derecho internacional. Pero sí reafirma un principio esencial: los periodistas son civiles protegidos por el derecho internacional y nunca deberían ser considerados objetivos militares por ninguna de las partes en un conflicto armado.
Hoy, más que nunca, el mundo tiene la obligación de recordar a quienes murieron intentando contar la verdad. Su legado no pertenece a un país, a una bandera o a una ideología; pertenece al derecho universal de todos los pueblos a estar informados.
Fuentes