Crédito AFP
Por Alonso Rosales
Guayaramerín, en el departamento boliviano de Beni, se ha convertido en un nuevo foco de preocupación para las autoridades de Bolivia y Brasil ante la expansión de organizaciones criminales brasileñas como el Primeiro Comando da Capital (PCC) y el Comando Vermelho (CV).
La ciudad, ubicada a orillas del río Mamoré y frente a la brasileña Guajará-Mirim, ocupa una posición estratégica para las redes del narcotráfico. El corredor fronterizo permite el movimiento constante de personas y mercancías y, según investigaciones citadas por Reuters y AFP, también es aprovechado por estructuras criminales que buscan controlar rutas para transportar cocaína desde Bolivia hacia Brasil y posteriormente hacia otros mercados internacionales.
La disputa por estos corredores estaría detrás de un aumento de la violencia en distintas zonas fronterizas y del departamento de Santa Cruz. Homicidios, ajustes de cuentas, asaltos y otros hechos atribuidos al crimen organizado han generado preocupación entre los habitantes, acostumbrados históricamente a niveles de violencia inferiores a los registrados en otras regiones dominadas por el narcotráfico.
El PCC y el Comando Vermelho se encuentran entre las organizaciones criminales más poderosas de Brasil y desde hace años han extendido sus operaciones hacia países vecinos. Su actividad no se limita al tráfico de drogas: también incluye lavado de dinero, contrabando, extorsión y control de territorios y corredores logísticos.
El desafío para Bolivia es particularmente complejo por la geografía amazónica. La frontera está atravesada por ríos, caminos secundarios y extensas áreas de difícil vigilancia, mientras que el intenso intercambio comercial entre ambas naciones facilita el movimiento de personas y mercancías.
Ante esta situación, Bolivia y Brasil han anunciado un fortalecimiento de la cooperación en materia de seguridad e inteligencia. Las autoridades buscan mejorar el intercambio de información y coordinar operaciones contra las estructuras criminales que actúan a ambos lados de la frontera.
Pero el problema no se resolverá únicamente con más policías. Los especialistas citados en las investigaciones periodísticas advierten que es necesario seguir el dinero del narcotráfico, identificar las redes de lavado de activos y desarticular las estructuras logísticas que permiten que las organizaciones criminales mantengan sus operaciones incluso cuando algunos de sus integrantes son detenidos.
La futura infraestructura fronteriza también plantea interrogantes. Un mayor vínculo comercial entre Guayaramerín y Brasil podría generar oportunidades económicas para la región, pero también facilitar el desplazamiento de organizaciones criminales si no existe un sistema de control fronterizo moderno y coordinado.
Guayaramerín representa así un desafío que trasciende a una ciudad fronteriza. La expansión del PCC y del Comando Vermelho demuestra cómo las organizaciones criminales brasileñas han convertido las fronteras sudamericanas en espacios estratégicos para sus operaciones.
El río Mamoré continúa separando territorialmente a Bolivia de Brasil, pero para el crimen organizado esa frontera parece cada vez menos una barrera y más un corredor de oportunidades.
Fuentes: Reuters y AFP.