FMI advierte que el fenómeno de El Niño presionará los precios de los alimentos y la electricidad en El Salvador

Por Redacción ContraPunto

El fenómeno climático de El Niño podría convertirse en un nuevo factor de presión para la economía salvadoreña durante los últimos meses de 2026 y a lo largo de 2027. El Fondo Monetario Internacional (FMI) advierte que la reducción de las lluvias, el aumento de las temperaturas y la disminución de la generación hidroeléctrica podrían provocar un encarecimiento de los alimentos y elevar los costos de producción de electricidad en el país.

La advertencia forma parte del informe final de la más reciente revisión del programa de asistencia financiera del organismo internacional con El Salvador. Según el documento, las proyecciones climáticas indican que el actual episodio de El Niño alcanzaría su mayor intensidad hacia finales de 2026, con efectos que podrían prolongarse durante el siguiente año.

El impacto no se limitaría al sector agrícola ni al suministro energético. También podría trasladarse al costo de vida de los hogares, especialmente entre las familias de menores ingresos, que destinan una parte importante de su presupuesto a la compra de alimentos y tienen menos capacidad para absorber aumentos de precios.

La inflación podría aumentar por el encarecimiento de los alimentos

El FMI estima que los episodios de El Niño están asociados con un incremento del Índice de Precios al Consumidor (IPC), indicador utilizado para medir la evolución de los precios de bienes y servicios y calcular la inflación.

De acuerdo con las estimaciones citadas en el informe, el efecto promedio podría representar un aumento de 0.7 puntos porcentuales en el nivel de inflación, con un impacto que alcanzaría su punto máximo aproximadamente seis meses después del fenómeno climático.

Sin embargo, la magnitud dependerá de la intensidad del episodio. Si El Niño se desarrolla con características moderadas o severas, el incremento del IPC podría llegar hasta el 1.2 %, mientras que el efecto todavía podría situarse en torno al 0.6 % un año después.

El principal factor detrás de esta presión sería el precio de los alimentos. Según el FMI, estos podrían experimentar un aumento de hasta el 2.5 % seis meses después de un episodio moderado o más intenso.

Esto significa que los efectos de la sequía podrían sentirse incluso después de que las condiciones climáticas comiencen a mejorar. La reducción de las cosechas, las dificultades para reponer las existencias y los costos asociados con la producción y distribución pueden tardar meses en reflejarse plenamente en los mercados.

Para los consumidores, el resultado podría traducirse en una menor capacidad de compra, particularmente si los ingresos familiares no aumentan al mismo ritmo que los precios.

Es importante distinguir entre un incremento del nivel de precios y la inflación general: las cifras citadas por el FMI representan estimaciones del efecto asociado a El Niño, no una garantía de que todos los productos aumentarán en la misma proporción ni de que la inflación total del país alcanzará necesariamente esos porcentajes.

La agricultura enfrenta riesgos en las próximas cosechas

El sector agrícola es uno de los más expuestos a los efectos de El Niño, debido a su dependencia de las lluvias y a la limitada capacidad de muchos productores para financiar sistemas de riego, adquirir insumos adicionales o enfrentar pérdidas prolongadas.

No obstante, el FMI considera que el impacto general sobre la producción de granos básicos podría mantenerse relativamente limitado, de acuerdo con la información proporcionada por el Gobierno salvadoreño.

El organismo explica que la sequía afectaría principalmente la cosecha de postrera, desarrollada entre agosto y septiembre, la cual representa menos de un tercio de la producción nacional. Los efectos podrían prolongarse hasta la primera siembra de 2027, prevista entre mayo y junio.

La evaluación del organismo toma en cuenta que la agricultura representa aproximadamente el 5 % del producto interno bruto (PIB) salvadoreño. Sin embargo, ese porcentaje no refleja por sí solo la importancia social del sector, especialmente para las comunidades rurales que dependen de los cultivos para obtener ingresos y garantizar su alimentación.

El FMI advierte que los agricultores de subsistencia podrían sufrir consecuencias importantes. Se trata de productores que cultivan principalmente para alimentar a sus propias familias y que, cuando las cosechas fracasan, tienen menos recursos para comprar alimentos o iniciar un nuevo ciclo agrícola.

En estos hogares, una pérdida de producción puede generar un doble problema: menos alimentos disponibles para el consumo familiar y una mayor necesidad de gastar dinero para adquirir productos que antes se obtenían de la parcela.

La situación también podría repercutir en la oferta de maíz, frijol y otros productos básicos, dependiendo de la magnitud de las pérdidas y de la capacidad de abastecimiento mediante producción nacional e importaciones.

Por ello, aunque el FMI proyecta un impacto agregado moderado sobre la economía, la situación podría ser considerablemente más difícil para los pequeños agricultores y las familias vulnerables.

Menor generación hidroeléctrica y electricidad más costosa

El segundo frente de preocupación es el energético. El Niño no solamente puede reducir la disponibilidad de agua para los cultivos, sino también disminuir los caudales de los ríos y los niveles de los embalses utilizados para producir electricidad.

El Salvador cuenta con generación hidroeléctrica, pero cuando las lluvias disminuyen, esta fuente puede perder participación dentro de la matriz energética. Para compensar esa reducción, el sistema debe recurrir en mayor medida a otras tecnologías, entre ellas las plantas térmicas que utilizan combustibles derivados del petróleo.

El problema es que generar electricidad mediante estas fuentes puede resultar más costoso, especialmente cuando los precios internacionales del crudo aumentan o experimentan fuertes fluctuaciones.

El informe del FMI recuerda que durante los episodios de El Niño de 2009, 2015 y 2024, la reducción de las lluvias provocó caídas de entre el 21 % y el 30 % en la generación hidroeléctrica. La compensación mediante otras fuentes energéticas elevó los costos de generación aproximadamente al equivalente del 0.1 % del PIB.

Aunque aquellos episodios no provocaron escasez de electricidad, sí evidenciaron la vulnerabilidad del sistema ante las variaciones climáticas.

Para el periodo 2026-2027, las autoridades salvadoreñas prevén un escenario más exigente: un déficit de generación hidroeléctrica cercano al 40 % y un aumento del 5 % en la demanda de electricidad como consecuencia de las temperaturas más elevadas.

De acuerdo con las proyecciones citadas por el FMI, la generación basada en petróleo cubriría principalmente la diferencia entre la oferta disponible y la demanda, lo que aumentaría la exposición del país a las variaciones del precio internacional de los combustibles.

El organismo estima que los costos de generación eléctrica podrían aumentar en una magnitud equivalente al 0.6 % del PIB durante 2026. Esta cifra representa un costo económico asociado a la generación de energía, no un incremento automático del 0.6 % en la factura de electricidad de cada hogar.

El efecto final sobre los consumidores dependerá de cómo se administren esos costos, de las condiciones del mercado eléctrico y de las decisiones que adopten las autoridades competentes.

¿Cómo podría afectar a las familias salvadoreñas?

El impacto de El Niño podría sentirse de diferentes maneras. En primer lugar, el encarecimiento de los alimentos reduciría el poder adquisitivo de los hogares, obligando a las familias a destinar más dinero a productos esenciales o a modificar sus hábitos de consumo.

En segundo lugar, las altas temperaturas elevarían la demanda de electricidad debido al mayor uso de ventiladores, aires acondicionados y otros equipos para aliviar el calor. Al mismo tiempo, la menor disponibilidad de agua podría encarecer la generación eléctrica, creando una presión simultánea sobre la oferta y la demanda.

También podrían verse afectados los pequeños negocios, las actividades agrícolas y las empresas que dependen de un suministro energético constante y de costos relativamente estables.

Sin embargo, es necesario evitar conclusiones anticipadas: las proyecciones del FMI identifican riesgos económicos, pero no significan que necesariamente ocurrirán apagones, que habrá escasez generalizada de alimentos o que todas las tarifas eléctricas aumentarán de inmediato.

La magnitud de las consecuencias dependerá de la intensidad y duración de la sequía, de la evolución de los precios internacionales de los combustibles, de las condiciones de las cosechas y de la respuesta de las instituciones públicas.

El desafío de anticiparse a la crisis climática

Las advertencias del FMI plantean un desafío para la política económica y ambiental de El Salvador: prepararse para un fenómeno que puede afectar simultáneamente la seguridad alimentaria, el costo de la energía y el presupuesto de las familias.

Entre las medidas que podrían ayudar a reducir los riesgos figuran el seguimiento permanente de las condiciones climáticas, el apoyo técnico a los pequeños productores, la promoción de sistemas de riego eficientes, la protección de las fuentes de agua y el fortalecimiento de los mecanismos de asistencia para los hogares más vulnerables.

En el sector energético, la diversificación de las fuentes de generación, el impulso a las energías renovables y una planificación adecuada de la demanda podrían contribuir a reducir la dependencia de los combustibles fósiles cuando disminuye la producción hidroeléctrica.

También será importante vigilar la evolución de los precios de los alimentos y las condiciones de abastecimiento para identificar oportunamente posibles aumentos que afecten a los consumidores.

El desafío consiste en evitar que un episodio climático termine convirtiéndose en una crisis económica y social para los sectores con menos recursos.

Las estimaciones del FMI no anuncian necesariamente una catástrofe económica, pero sí advierten sobre presiones que podrían acumularse durante los próximos meses. La combinación de menores cosechas, alimentos más caros y generación eléctrica más costosa obliga a prestar atención tanto a los indicadores macroeconómicos como a sus consecuencias concretas en la vida cotidiana.

Para El Salvador, la capacidad de anticipación será determinante. El comportamiento de las lluvias y las temperaturas no depende de las decisiones nacionales, pero la preparación institucional, el respaldo a los agricultores y las medidas de protección a los consumidores sí forman parte de las herramientas disponibles para reducir el impacto.

Fuente: información del informe final de la revisión del programa de asistencia financiera del Fondo Internacional