En el Tacuzcalco histórico.

POR CARLOS FRANCISCO IMENDIA

El calor es sofocante en esta urbe de cemento y caos, ya se hace sentir el periodo vacacional ante el canto profundo de las chicharras , el tono del cielo en un cianómetro imaginario , el azul de la atmosfera es menos intenso pero más sofocante.  Vamos por Valle de Nejapa,  y toda esa planicie cañera aun ahumada, con los espejismos que forma el sol canicular y el pavimento, vamos por la antigua ruta hacia San Salvador , la de los caminos reales, nos acercamos a la zona del autódromo Jabalí y a nuestra izquierda apreciamos la urbe de la recién famosa inundación ( de las cabañuelas)  que trajo graves daños a la infraestructura y no es una construcción sencilla, es una gran ciudad que se construyó en la trayectoria de la lava de la caldera , esa misma que siglos atrás cubrió los caminos reales , en la vía más segura hacia san Salvador de los S. XVII , XVIII y XIX , también tierras en las cuales habitaron las civilizaciones mayoides  y que en las cercanías hay sitios arqueológicos importantes, eludiendo el callejón de Guarumal (Los Chorros)

Pese a que se va a vuelta de rueda pasando por Quezaltepeque y Opico, se disfruta de modernidad en una rotonda amplia pero confusa ,  se pueden observar parcelas productivas , cañaverales quemados por la zafra, sistemas de riego,  y personas que van a descansar a sus hogares al occidente en fin de semana , pasando por Guaymoco (Armenia) una red flag de accidentes y atropellos en la zona, pasando por la estación terrena de Izalco, donde uno tiene en frente el legendario y perfecto volcán de Izalco o Faro del Pacifico,  es hora de almuerzo y hay que buscar que comer, calmar la sed y el calor, nos bajamos en un centro comercial moderno, donde se podía apreciar parqueo lleno, y una zona para almorzar con buen aire acondicionado y un gran supermercado, frente a este centro comercial,  una residencial, la cual fue la manzana de la discordia entre arqueólogos, intelectuales y constructores,  hace algunos años , porque estábamos  justo en la emblemática Tacuzcalco, en el itinerario de conquista , un sitio importantísimo donde los antiguos habitantes de nuestro territorio resistieron a los invasores de ultramar, en ese terreno plano de tierra caliente, hace 500 años zumbaron las flechas, lanzas, piedras, gritos y silbidos, arcabuces, ballestas, ante la protección de chimales y escudos  y el reflejo del sol en espadas y armaduras (Si se pudiese resistir adentro de ellas ante infernal calor) , claro, no fue  en marzo, sino como el mismo don Pedro de Alvarado los testimonió, entrada la estación lluviosa y ante un volcán humeante (Ilamatepec). También dicha batalla se  muestra en el códice de Glasgow , en el libro Tlaxcaltecas en El Salvador de don Pedro Escalante Arce, La residencial se  construyó sobre el sitio histórico de lo que se traduce del náhuatl como la casa de las armas.