Redacción ContraPunto
Los productores agrícolas salvadoreños proyectan cerrar el ciclo agrícola 2026-2027 con una producción de 20.3 millones de quintales de maíz y frijol, pese a las dificultades ocasionadas por el fenómeno climático de El Niño, que provocó períodos prolongados de sequía y afectó especialmente las zonas agrícolas del oriente del país.
La estimación fue presentada este miércoles por representantes de la Mesa Agropecuaria y la Asociación Nacional de Trabajadores Agropecuarios (ANTA), quienes reconocieron que el ciclo productivo estuvo marcado por condiciones climáticas adversas, pero destacaron la capacidad de respuesta de los agricultores y la recuperación que favorecieron las lluvias registradas durante septiembre y octubre.
De acuerdo con Mateo Rendón, coordinador de la Mesa Agropecuaria, El Salvador enfrentó cuatro períodos de sequía que acumularon 89 días sin lluvias, una situación que obligó a modificar los calendarios de siembra y cosecha para reducir las pérdidas en los cultivos.
Uno de los principales cambios fue adelantar la recolección de granos básicos. Mientras tradicionalmente las cosechas comenzaban en junio, durante este ciclo los agricultores tuvieron que iniciar las labores desde la última semana de abril y los primeros días de mayo.
Las cifras presentadas por las organizaciones agrícolas indican que se cultivaron más de 250,000 manzanas de maíz, con una producción estimada de 18 millones de quintales.
En el caso del frijol, la superficie sembrada alcanzó las 100,000 manzanas, de las cuales se obtuvieron aproximadamente 2.3 millones de quintales. Ambos cultivos representan el principal componente de la producción nacional de granos básicos.
Por otra parte, el cultivo de maicillo ocupó unas 25,000 manzanas, con una producción estimada de un millón de quintales, mientras que el arroz registró una cosecha considerablemente menor, de apenas 10,000 quintales.
El sector también reportó el establecimiento de aproximadamente 8,000 manzanas destinadas a la producción de hortalizas, entre ellas tomate, chile, cebolla, pipián, ejote, zanahoria, repollo y lechuga.
Rendón explicó que las precipitaciones de septiembre abrieron una nueva oportunidad para los agricultores, quienes pudieron reactivar las siembras y establecer cultivos que contribuirán a compensar parte de las pérdidas provocadas por la falta de agua.
El representante de la Mesa Agropecuaria expresó optimismo sobre el comportamiento de la producción durante los próximos meses y sostuvo que la recuperación agrícola dependerá, en buena medida, de las condiciones climáticas durante la temporada de verano.
La organización considera que las nuevas siembras permitirán mejorar los resultados del ciclo y reducir el impacto económico que dejaron los períodos secos.
Las proyecciones del sector agropecuario también incluyen una estimación de 950,000 quintales de café para el ciclo 2026-2027.
Según Rendón, el cultivo logró mantener condiciones relativamente favorables, debido a que las plantaciones se encuentran principalmente en zonas de clima fresco. Aunque la interrupción de las lluvias coincidió con una etapa importante de desarrollo del grano, los productores mantienen expectativas positivas.
En la ganadería, el panorama fue más complicado. Durante los períodos más intensos de sequía, la producción de leche y carne experimentó una reducción de hasta el 40 %, mientras los costos de mantenimiento y alimentación del ganado aumentaron considerablemente.
Sin embargo, las lluvias de septiembre y octubre favorecieron el crecimiento de los pastizales, permitiendo mejorar gradualmente las condiciones de alimentación de los animales y aliviar parte de las dificultades que enfrentaron los ganaderos.
Las gremiales agropecuarias señalaron que el acompañamiento del Ministerio de Agricultura y Ganadería (MAG), mediante el Programa de Aumento a la Producción, contribuyó a enfrentar las dificultades del ciclo, especialmente por la entrega de insumos y el impulso de sistemas de producción bajo riego.
Aunque las proyecciones de cosecha reflejan una recuperación importante, los resultados también ponen de manifiesto la vulnerabilidad de la agricultura salvadoreña ante los cambios climáticos y la dependencia de las precipitaciones para garantizar la producción.
El desafío para el sector será fortalecer los sistemas de riego, mejorar la asistencia técnica, facilitar el acceso a insumos y desarrollar mecanismos que permitan anticiparse a futuros períodos de sequía.
La producción estimada de 20.3 millones de quintales representa un resultado relevante para los agricultores, pero también plantea la necesidad de consolidar una estrategia de seguridad alimentaria que reduzca los riesgos climáticos y garantice mayor estabilidad en el abastecimiento de los principales productos de consumo nacional.
Fuente: Declaraciones de la Mesa Agropecuaria y la Asociación Nacional de Trabajadores Agropecuarios (ANTA),