El fútbol no está en venta: la rebelión de Europa contra Gianni Infantino y la privatización del Mundial

Por Alonso Rosales – Observador Internacional

El fútbol mundial vive una de las mayores crisis institucionales desde la creación de la FIFA. La decisión unánime de las 55 asociaciones nacionales de la UEFA de boicotear todas las competiciones organizadas por la FIFA, incluido el Mundial, representa un desafío sin precedentes al presidente Gianni Infantino y a su proyecto de transformar el principal torneo del planeta en un activo parcialmente abierto a inversionistas privados.

La propuesta de Infantino contempla la creación de FIFA Forward Enterprise (FFE), una filial comercial valorada en aproximadamente 20.000 millones de dólares, encargada de administrar los derechos comerciales de la Copa del Mundo y otros torneos de la FIFA. Posteriormente se vendería hasta un 20 % de participación a inversionistas privados, con el argumento de recaudar recursos para ampliar los programas de desarrollo del fútbol mundial. Según la FIFA, el organismo conservaría el control de la gobernanza deportiva. Sin embargo, para la UEFA ese compromiso no elimina el problema de fondo: la entrada de accionistas privados cambia la naturaleza misma del fútbol internacional.

La reacción europea ha sido demoledora.

En una declaración aprobada por unanimidad, las 55 federaciones integrantes de la UEFA sostienen que el Mundial constituye uno de los mayores patrimonios deportivos de la humanidad y que jamás debe convertirse en un producto financiero.

El organismo europeo denuncia que la iniciativa fue diseñada sin transparencia, sin consultas reales con las asociaciones nacionales y presentada prácticamente como un hecho consumado. Para la UEFA, este procedimiento representa un fracaso de liderazgo y una renuncia de la FIFA a su papel histórico como custodia del fútbol mundial.

Más aún, la organización advierte que la entrada de fondos privados provocaría un cambio permanente en la lógica del deporte. A partir de ese momento —señala— las decisiones dejarían de responder exclusivamente al interés del fútbol para comenzar a responder a las expectativas de rentabilidad de accionistas cuyo objetivo principal sería maximizar beneficios económicos.

La UEFA considera que aceptar ese modelo equivaldría a hipotecar el futuro del deporte.

Por ello anunció una medida extrema: ninguna selección perteneciente a la UEFA participará en competiciones de la FIFA mientras la propuesta permanezca vigente, salvo que el proyecto sea retirado completamente y existan garantías jurídicas de que nunca volverá a intentarse una privatización semejante.

Una fractura histórica

Nunca antes Europa había planteado un boicot de semejante magnitud.

Sin las selecciones europeas desaparecerían del Mundial equipos como España, Francia, Alemania, Inglaterra, Italia, Portugal, Países Bajos, Bélgica y Croacia, entre muchas otras potencias.

En términos deportivos, comerciales y televisivos, el torneo perdería buena parte de su atractivo internacional.

La amenaza convierte el conflicto en la mayor crisis de gobernanza que enfrenta Gianni Infantino desde que llegó a la presidencia de la FIFA en 2016.

El dinero entra al corazón del fútbol

La principal preocupación de la UEFA no gira únicamente alrededor del dinero.

Su advertencia es mucho más profunda.

Permitir que inversionistas privados adquieran participación económica en la Copa del Mundo significa abrir la puerta para que intereses financieros presionen por calendarios más extensos, más partidos, nuevos formatos y mayores ingresos comerciales.

En otras palabras, el riesgo es que el fútbol deje de organizarse pensando en los jugadores, las federaciones y los aficionados para hacerlo en función de la rentabilidad de los inversionistas.

Ese escenario preocupa incluso a numerosos dirigentes fuera de Europa.

¿Qué ocurre con CONCACAF y Asia?

Hasta el cierre de esta edición, ni la CONCACAF ni la Confederación Asiática de Fútbol (AFC) habían aprobado un boicot similar al europeo.

Ambas organizaciones emitieron comunicados expresando preocupación por la falta de consultas y reclamando mayor información sobre el proyecto de FIFA Forward Enterprise, además de convocar reuniones internas para analizar la propuesta. No obstante, no existe una votación oficial equivalente a la realizada por la UEFA.

La sombra de los inversionistas

La controversia aumentó cuando diversos medios internacionales informaron que entre los potenciales inversionistas figura una firma vinculada al empresario Joshua Kushner, hermano de Jared Kushner, yerno del presidente estadounidense Donald Trump.

Aunque la FIFA sostiene que seleccionará inversionistas de largo plazo y conservará el control institucional, la sola posibilidad de introducir capital privado en la estructura comercial del Mundial ha generado una oposición sin precedentes dentro del fútbol europeo.

Mucho más que un negocio

El conflicto trasciende el ámbito financiero.

Lo que está en juego es la naturaleza misma del deporte más popular del planeta.

Para la UEFA, la Copa del Mundo pertenece a generaciones de futbolistas, aficionados y selecciones nacionales, no a fondos de inversión.

Por esa razón sostiene que ninguna autoridad posee legitimidad moral para vender un patrimonio que únicamente administra en nombre del fútbol mundial.

Infantino defiende su proyecto afirmando que permitirá multiplicar los recursos destinados al desarrollo del deporte en los 211 países afiliados a la FIFA.

Sus críticos responden que el precio de ese dinero podría ser demasiado alto: convertir el Mundial en un activo financiero sujeto a las reglas del mercado.

La confrontación apenas comienza.

Pero una conclusión parece inevitable: nunca antes la relación entre la FIFA y Europa había llegado a un nivel de confrontación tan profundo, y el desenlace podría redefinir el futuro del fútbol internacional durante las próximas décadas.

Fuentes: Associated Press (AP), Reuters, France 24 y comunicado oficial de la UEFA del 30 de julio de 2026.