Dieciséis años después de su último álbum de estudio, DEVO sigue sin anunciar un nuevo disco, pero la banda que convirtió la idea de la “de-evolución” humana en una de las propuestas más originales de la música contemporánea continúa activa en los escenarios. Mientras tanto, Gerald Casale acaba de publicar “Just Do It!”, una canción que demuestra que aquella mirada crítica sobre la sociedad estadounidense está muy lejos de haber desaparecido.
Zarko Pinkas | El ayatolá del Rock ‘n’ Rolla
Dieciséis años después de su último álbum de estudio, DEVO sigue sin anunciar un nuevo disco, pero la banda que convirtió la idea de la “de-evolución” humana en una de las propuestas más originales de la música contemporánea continúa activa en los escenarios. Mientras tanto, Gerald Casale acaba de publicar “Just Do It!”, una canción que demuestra que aquella mirada crítica sobre la sociedad estadounidense está muy lejos de haber desaparecido.
Hay algo particularmente extraño en la permanencia de DEVO. La banda nació en Akron, Ohio, a comienzos de los años setenta, cuando Gerald Casale y Mark Mothersbaugh comenzaron a desarrollar una idea que terminaría convirtiéndose en el concepto alrededor del cual construirían toda su obra: la humanidad no necesariamente estaba evolucionando. Podía estar retrocediendo.
Aquello terminó convertido en la llamada teoría de la “de-evolución”, pero DEVO nunca la presentó como una doctrina académica. La trasladó a la música, a la imagen y al humor, construyendo una estética deliberadamente incómoda en la que convivían el punk, la electrónica, el art rock, la sátira y una mirada bastante sombría sobre la sociedad estadounidense.
Por eso resultaba difícil tomarlos completamente en serio y, al mismo tiempo, era imposible ignorar lo que estaban diciendo.
El grupo consiguió uno de sus mayores éxitos comerciales con “Whip It”, incluida en Freedom of Choice, de 1980, pero reducir DEVO a aquella canción sería injusto. Desde Q: Are We Not Men? A: We Are Devo! hasta Oh, No! It’s Devo, la banda desarrolló una obra en la que la música y el concepto estaban estrechamente ligados. Sus canciones hablaban de consumo, obediencia, individualidad, televisión, comportamiento colectivo y de una sociedad que parecía cada vez más dispuesta a aceptar la uniformidad.
La estética podía ser divertida y hasta absurda, pero detrás de ella existía una preocupación bastante seria. Quizá por eso DEVO resulta tan vigente en 2026.
El dato más llamativo de su actualidad es que han transcurrido 16 años desde Something for Everybody, publicado en 2010, y por ahora no existen planes concretos para un nuevo álbum de la banda. Gerald Casale ha dejado claro que el asunto no depende solamente de él y, cuando le preguntaron por nueva música de DEVO, señaló directamente a Mark Mothersbaugh. En otras palabras, quienes esperan un sucesor de Something for Everybody tendrán que seguir esperando.
Eso no significa que DEVO haya quedado convertido en una pieza de museo.
Todo lo contrario. La banda mantiene una intensa actividad en directo durante 2026 y ha ampliado su recorrido por Estados Unidos. En agosto comparte varias fechas con Billy Idol y, a partir de septiembre, volverá a encontrarse con The B-52’s en la gira Cosmic De-Evolution Tour, que tiene programadas ocho fechas en Norteamérica entre septiembre y octubre.
La asociación con The B-52’s resulta especialmente apropiada. Ambas agrupaciones pertenecen a una generación de músicos que entendió que el rock podía abandonar muchas de sus convenciones sin perder capacidad para conectar con el público. En lugar de buscar solemnidad, construyeron universos propios, con humor, teatralidad y una enorme libertad creativa.
Y DEVO parece haber encontrado, además, una inesperada segunda vida entre espectadores que ni siquiera habían nacido cuando Whip It llegó a las listas de éxitos. Casale ha descrito con humor a la banda como los “Grateful Dead de la new wave”, en referencia a la convivencia entre los seguidores originales y las nuevas generaciones que han descubierto su música.
Mientras DEVO permanece sobre los escenarios, Gerald Casale ha decidido continuar trabajando por su cuenta.
En julio presentó “Just Do It!”, su primer sencillo de un próximo álbum solista titulado Wetiko. La canción fue publicada el 4 de julio, coincidiendo con el 250 aniversario de la independencia estadounidense, y está acompañada por un video animado concebido como una sátira política particularmente agresiva. Casale escribió la canción junto al músico electrónico checo Moimir Papalescu, mientras que Josh Hager y Jeff Friedl, integrantes de la formación que acompaña a DEVO en directo, participaron en la grabación.
En el video, Casale lleva su crítica política hasta el terreno de la caricatura surrealista. Donald Trump aparece representado como un dictador acompañado por un ejército de zombis, mientras símbolos de la historia estadounidense son sometidos a una sucesión de imágenes deliberadamente grotescas. No es una canción que pretenda esconder su posición política detrás de metáforas ambiguas: Casale la concibió como una pieza satírica directamente relacionada con sus preocupaciones sobre el deterioro democrático de Estados Unidos.
Pero Wetiko tiene un alcance mayor que “Just Do It!”. El propio Casale ha explicado que el concepto del álbum procede de una antigua idea asociada a pueblos indígenas norteamericanos y relacionada con una forma de enfermedad espiritual vinculada con la codicia y el egoísmo. Para Casale, esa concepción tiene una relación evidente con la teoría de la “de-evolución” que ha acompañado a DEVO desde sus primeros años.
La conexión resulta interesante porque permite entender que Casale no está simplemente recuperando una vieja fórmula de DEVO. Está continuando una preocupación que ha recorrido buena parte de su trabajo: qué ocurre cuando la tecnología, el poder económico y la cultura de masas avanzan mucho más rápido que la capacidad de una sociedad para reflexionar sobre sí misma.
En ese sentido, “Just Do It!” funciona casi como una actualización de aquel viejo diagnóstico.
DEVO apareció en una época marcada por la Guerra de Vietnam, la televisión como instrumento de influencia masiva, la expansión del consumo y una profunda desconfianza hacia las instituciones. Casale y Mothersbaugh quedaron especialmente marcados por la masacre de Kent State de 1970, cuando cuatro estudiantes fueron asesinados por miembros de la Guardia Nacional durante una protesta contra la guerra. A partir de aquellas experiencias comenzó a tomar forma el pensamiento que posteriormente se convertiría en DEVO.
Con el paso de los años, la banda consiguió algo que pocas agrupaciones de su generación lograron: convertir una teoría aparentemente absurda en una herramienta para interpretar la cultura popular.
La imagen de los integrantes vestidos con uniformes y aquellos sombreros rojos que terminaron convirtiéndose en uno de sus símbolos más reconocibles podía parecer una extravagancia. Pero había una idea detrás de cada decisión estética. DEVO entendía que la cultura popular también podía ser un territorio de experimentación artística y de crítica social.
Por eso su influencia no desapareció cuando la new wave dejó de ocupar el centro de la conversación musical. DEVO sigue siendo una banda de canciones, pero también continúa siendo una idea.
Y quizá ahí está la razón por la que todavía funciona. Sus discos no dependen exclusivamente de una época, porque muchas de las preguntas que plantearon permanecen abiertas. ¿Qué sucede cuando las personas renuncian voluntariamente a su individualidad? ¿Hasta qué punto el consumo termina definiendo nuestra identidad? ¿Qué ocurre cuando la información se convierte en entretenimiento y la política en espectáculo?
Casi cincuenta años después, esas preguntas ya no parecen particularmente extravagantes.
Mientras tanto, DEVO sigue viajando, tocando sus canciones y encontrando nuevos espectadores. No hay un nuevo álbum de la banda en el horizonte, pero tampoco parece existir una verdadera necesidad de encerrarse en un estudio para demostrar que todavía tienen algo que decir.
Gerald Casale acaba de hacerlo por ellos. “Just Do It!” no es una canción nueva de DEVO, pero difícilmente podría existir sin todo lo que DEVO construyó desde los años setenta. Y Wetiko, cuando llegue, promete continuar esa conversación desde otra perspectiva.
Tal vez la verdadera ironía sea que DEVO comenzó advirtiendo que la humanidad podía estar de-evolucionando y, después de casi cinco décadas, sus canciones continúan encontrando razones para preocuparse.
La banda no necesitó convertirse en profeta. Nosotros nos hemos encargado de proporcionarles el material.
“Jocko Homo”
La pieza que resume mejor el nacimiento de la filosofía de DEVO. Caótica, incómoda y deliberadamente provocadora, es prácticamente una declaración de principios convertida en canción.
“Uncontrollable Urge”
Una descarga nerviosa y casi primitiva que muestra la capacidad del grupo para combinar la energía del punk con una sensibilidad experimental que terminaría siendo fundamental para la new wave.
“Through Being Cool”
Una canción que resume una de las constantes de DEVO: la desconfianza hacia las modas, la presión social y la necesidad de pertenecer. Escucharla hoy permite comprobar que aquella crítica estaba mucho menos anclada en su época de lo que parecía