De dónde vendrá la próxima pandemia?

Por Alonso Rosales

La reciente declaración de emergencia sanitaria internacional por parte de la Organización Mundial de la Salud (OMS) ante el brote del virus de Bundibugyo —una variante del ébola detectada en la República Democrática del Congo y Uganda— ha reavivado la preocupación global sobre el origen y la preparación frente a la próxima pandemia.

Aunque este virus se transmite a través del contacto con fluidos corporales —lo que limita su capacidad de propagación en comparación con patógenos respiratorios como el covid-19—, su alta letalidad y la ausencia de vacunas o tratamientos autorizados lo convierten en una amenaza significativa. En este contexto, la OMS ha emitido recomendaciones urgentes mientras persisten dudas sobre el verdadero alcance del brote.

Fallas estructurales en la preparación global

A más de cinco años de la pandemia de covid-19, la comunidad internacional continúa priorizando el desarrollo tecnológico, la producción de vacunas y la detección temprana de virus. Sin embargo, expertos advierten que problemas estructurales como sistemas de salud débiles, pobreza, conflictos armados y desconfianza pública siguen sin resolverse.

Diversos análisis señalan que muchos gobiernos aún gestionan los brotes desde una óptica política o económica, lo que se traduce en retrasos, ocultamiento de información o respuestas insuficientes cuando fallan los sistemas de vigilancia epidemiológica.

El reciente brote de hantavirus también ha puesto en evidencia que la detección de epidemias depende en gran medida de redes informales de médicos y de la confianza entre profesionales, más que de mecanismos internacionales robustos.

Programas cuestionados y amenazas persistentes

A pesar de las millonarias inversiones en programas diseñados para anticipar pandemias, estos no lograron prever crisis sanitarias recientes como el H1N1, el zika o el covid-19. Esto ha generado cuestionamientos sobre la eficacia real de los sistemas globales de alerta.

Además, los países más desarrollados tienden a reaccionar con mayor rapidez ante enfermedades que amenazan directamente sus economías, lo que implica que los virus más contagiosos —y no necesariamente los más letales— son los que generan mayor alarma internacional.

Regiones vulnerables, mayor riesgo

El actual brote en África central pone de relieve otro factor clave: la vulnerabilidad de las regiones afectadas. En el este de la RDC, la combinación de conflictos armados, desplazamientos masivos y sistemas sanitarios frágiles dificulta enormemente las labores de contención.

Trabajadores de salud en la zona denuncian que grupos armados vigilan las comunicaciones y consideran sensible cualquier información sobre brotes, lo que pone en riesgo a médicos y enfermeros y limita el intercambio de datos clínicos.

Asimismo, infraestructuras esenciales como hospitales y sistemas de agua son frecuentemente atacados, interrumpiendo campañas de vacunación y debilitando los sistemas de vigilancia. En estas condiciones, las enfermedades encuentran un entorno propicio para propagarse rápidamente entre poblaciones desplazadas.

Un origen incierto, pero condiciones claras

Aunque es imposible predecir con exactitud el origen de la próxima pandemia, los expertos coinciden en que surgirá probablemente en contextos donde confluyen factores de riesgo: pobreza, debilidad institucional, conflictos y falta de transparencia.

Más allá del avance científico, la verdadera preparación global dependerá de abordar estas condiciones estructurales. De lo contrario, el mundo seguirá siendo vulnerable ante una amenaza que, tarde o temprano, volverá a emerger.