Cuarenta rosas amarillas para Jorge Luis Borges, una por cada año de eternidad.

Con una emotiva ofrenda simbólica se rindió homenaje este domingo al escritor argentino en el cementerio de Plainpalais, en Ginebra, a cuarenta años exactos de su muerte.

Manuel Diaz |

Con una emotiva ofrenda simbólica se rindió homenaje este domingo al escritor argentino en el cementerio de Plainpalais, en Ginebra, a cuarenta años exactos de su muerte.

El color elegido no fue casual: las rosas amarillas ocupan un lugar privilegiado en el imaginario borgeano y remiten a uno de los símbolos más persistentes de su obra.

En su universo literario, la rosa amarilla representa el misterio del lenguaje y la revelación poética.

Está en el título de su cuento “Una rosa amarilla” (de El hacedor, 1960) y en la frase :

“Te ofrezco la memoria de una rosa amarilla vista al crepúsculo, años antes de tu nacimiento”, de “Two English Poems” (El otro, el mismo, de 1964).

Pero, además, Borges dijo varias veces que el amarillo era el color de su ceguera, ya que, al perder la vista, fue el único color que lo acompañó .

Organizado por la asociación Los conjurados, fundada por el argentino Marcos Liyo, que impulsó las jornadas de homenaje a Borges y ofrece tours borgeanos por la ciudad, el acto se realizó para unos pocos privilegiados que pudieron ingresar gracias a un permiso especial: el cementerio cerró sus puertas este fin de semana debido al fuerte operativo de seguridad por la masiva concentración contra el G7 que dejó la ciudad suiza vacía y repleta de policías en una escena inusual para Ginebra.