Por Alonso Rosales
El terremoto de magnitud 7,4 que sacudió Colombia la mañana del lunes 10 de agosto se convirtió en una de las mayores tragedias naturales de la última década en el país. El balance, que continúa en actualización, ya alcanza 132 personas fallecidas y más de 570 heridas, según el más reciente reporte difundido por Caracol Radio con base en cifras de Asocapitales.
El movimiento telúrico tuvo su epicentro en San José del Palmar, en el departamento del Chocó, y se registró a las 7:34 de la mañana. El Servicio Geológico Colombiano situó inicialmente el sismo en una magnitud menor, pero posteriormente lo actualizó a 7,4, con una profundidad cercana a los 96 kilómetros. Caracol Radio reportó que se habían registrado más de 20 réplicas durante las primeras horas posteriores al terremoto.
La dimensión de la emergencia llevó al Gobierno de Abelardo de la Espriella a declarar el desastre de carácter nacional y activar el sistema de respuesta en las regiones más afectadas.
Uno de los mayores desafíos se encuentra en el Chocó, una de las regiones históricamente más pobres y vulnerables de Colombia.
Quibdó, su capital, sufrió daños importantes, mientras que municipios como San José del Palmar y Nóvita enfrentaron afectaciones en viviendas e infraestructura. El alcalde de San José del Palmar pidió ayuda al Gobierno nacional al advertir que el municipio carece de recursos suficientes para afrontar una emergencia de esta magnitud. Caracol Radio informó que el municipio disponía de recursos muy limitados para atender por sí solo la situación.
La tragedia adquiere una dimensión adicional porque precisamente las zonas con mayores necesidades sociales son aquellas que tienen menos capacidad económica y logística para responder a un desastre de grandes proporciones.
Pereira y el departamento de Risaralda aparecen entre los territorios con mayor número de víctimas.
El alcalde Mauricio Salazar informó inicialmente de 18 fallecidos y señaló que tres de ellos murieron en el aeropuerto internacional Matecaña. Posteriormente, los balances regionales elevaron considerablemente la cifra de víctimas en Risaralda.
La emergencia también afectó infraestructura de transporte y edificios, mientras los organismos de socorro concentraron sus esfuerzos en localizar personas atrapadas entre los escombros.
La tragedia vuelve inevitable la comparación con el terremoto de 1999 que devastó el Eje Cafetero. Aquel desastre dejó más de un millar de muertos y transformó para siempre las políticas colombianas de prevención y construcción antisísmica.
Cali, una de las principales ciudades de Colombia y el gran centro urbano del suroccidente del país, también sufrió daños importantes.
La magnitud del desastre puso bajo presión la capacidad hospitalaria. Los primeros reportes señalaron daños estructurales y evacuaciones en diferentes instituciones de salud, precisamente cuando aumentaba la llegada de personas heridas.
La situación de Cali resulta especialmente preocupante por su tamaño poblacional y por su papel como centro médico y logístico para buena parte del suroccidente colombiano.
El Gobierno informó que entre los daños nacionales se contabilizaban 18 centros de salud afectados, además de decenas de edificios y establecimientos públicos.
En Manizales, la emergencia también dejó muertos, heridos y daños estructurales.
La ciudad, construida sobre las empinadas laderas de la cordillera Central, enfrenta un riesgo adicional por los posibles deslizamientos y por la complejidad de su geografía.
Caracol Radio reportó inicialmente tres personas fallecidas y más de una decena de edificios colapsados o gravemente afectados.
El sismo provocó además interrupciones en sistemas de transporte y daños en diferentes edificaciones públicas y privadas.
El Gobierno entregó un primer balance que permite dimensionar la magnitud de la catástrofe: 1.575 viviendas averiadas, 37 destruidas, 61 edificios colapsados, 18 centros de salud afectados, 52 centros educativos averiados, 17 centros comunitarios dañados y 18 vías afectadas.
También se reportaron problemas en el sistema aeroportuario: seis aeropuertos quedaron sin operación comercial por daños en infraestructura y otro registró afectaciones en su pista.
La emergencia, por tanto, no se limita a las cuatro ciudades inicialmente identificadas como los principales focos de destrucción. Los reportes de la Unidad Nacional para la Gestión del Riesgo de Desastres indican que nueve departamentos resultaron afectados por el terremoto.
El presidente Abelardo de la Espriella anunció que asumirá personalmente la coordinación de la respuesta nacional.
Desde el Puesto de Mando Unificado, el mandatario afirmó que ministros, vicepresidente y organismos de emergencia le reportarían directamente y estableció como prioridad absoluta el rescate de las personas que permanecen atrapadas.
“Lo primero es el rescate de las personas que se encuentran bajo los escombros”, afirmó el presidente durante el primer balance oficial.
El mandatario también llamó a los colombianos a dejar de lado las diferencias políticas y concentrarse en atender a las víctimas.
Mientras las cifras aumentan y las autoridades continúan consolidando información desde las regiones, el principal desafío es localizar a las personas que permanecen desaparecidas o atrapadas.
Los equipos de rescate trabajan contrarreloj. La Defensa Civil movilizó carpas y personal para reforzar la atención de heridos, especialmente en el Chocó y el Eje Cafetero.
Los expertos, entretanto, advierten que todavía pueden producirse nuevas réplicas. El sismólogo Yezid Alvarado, entrevistado por Caracol Radio, recordó que los terremotos no pueden predecirse y pidió a la población mantenerse alerta y seguir las instrucciones de las autoridades.
Colombia enfrenta ahora una emergencia que trasciende las estadísticas. 132 muertos, más de 570 heridos, miles de viviendas dañadas y decenas de edificios destruidos representan el rostro inmediato de una tragedia que todavía no termina de revelar toda su dimensión.
La prioridad nacional es clara: salvar vidas, encontrar a los desaparecidos y garantizar refugio, atención médica y alimentos a quienes lo han perdido todo.