Por Redacción ContraPunto
Una caravana de aproximadamente 300 migrantes centroamericanos, principalmente hondureños, ingresó a México procedente de Guatemala y llegó a Tapachula, Chiapas, en un nuevo intento por avanzar hacia el centro y norte del país. Algunos de sus integrantes buscan llegar a Estados Unidos, mientras otros consideran establecerse en México si consiguen regularizar su situación migratoria y acceder a un empleo.
El contingente, denominado “Fe y Esperanza”, partió el pasado domingo desde San Pedro Sula, Honduras, atravesó Guatemala y entró pacíficamente a territorio mexicano por el puente internacional Rodolfo Robles, en la frontera con Chiapas. Posteriormente recorrió alrededor de 40 kilómetros durante unas 12 horas hasta llegar a Tapachula.
La caravana está integrada por hombres, mujeres y menores de edad. Después del largo recorrido, sus integrantes permanecieron temporalmente en el Parque Bicentenario de Tapachula, donde recibieron hidratación y atención básica antes de continuar su recorrido.
Entre los integrantes se encuentra el salvadoreño Dilmar Campos, quien afirmó que esta es la segunda ocasión en menos de un mes que intenta avanzar en una caravana migrante.
Campos explicó que su salida está relacionada con las dificultades económicas que enfrenta en El Salvador. Sin embargo, a diferencia de otros migrantes que mantienen como objetivo llegar a Estados Unidos, contempla la posibilidad de permanecer en México si logra regularizar su situación y encuentra oportunidades laborales.
Su caso refleja un cambio que ha adquirido mayor importancia en la frontera sur mexicana: México no solamente funciona como territorio de tránsito, sino también como posible país de destino para personas que buscan empleo, seguridad o una alternativa frente a la incertidumbre de llegar a Estados Unidos.
Datos de ACNUR muestran que esta transformación no es marginal. Durante 2025, más de 70,500 personas solicitaron asilo en México, y alrededor del 47 % de esas solicitudes se realizaron en Tapachula, lo que confirma el peso que mantiene esta ciudad dentro de los movimientos migratorios regionales.
Otro de los integrantes de la caravana es el hondureño Carlos Alexis Ortiz, agricultor que trabajaba en la siembra de maíz y decidió abandonar su país ante las dificultades económicas. Su intención inicial era llegar a Estados Unidos, aunque durante el trayecto decidió interrumpir temporalmente el viaje después de conocer que su madre se encontraba enferma.
También participa Óscar Vanegas, originario de Yoro, Honduras, quien relató que fue deportado de Estados Unidos hace siete meses y que ahora intenta nuevamente acercarse a la frontera estadounidense.
Los testimonios muestran que detrás de la caravana existen trayectorias migratorias diferentes: personas que intentan llegar por primera vez a Estados Unidos, deportados que buscan regresar, migrantes que pretenden permanecer en México y familias que abandonan sus países debido a dificultades económicas o problemas de seguridad.
La Jornada informó que migrantes que ya permanecían en Tapachula estaban esperando la llegada del contingente hondureño para incorporarse a un nuevo desplazamiento hacia el centro y norte de México. Algunos llevaban meses esperando respuestas a sus trámites ante la Comisión Mexicana de Ayuda a Refugiados (COMAR) y enfrentaban dificultades para obtener ingresos.
Organizaciones humanitarias y de apoyo a personas migrantes han insistido en que las caravanas deben analizarse también desde la perspectiva de los derechos humanos y las necesidades de protección.
ACNUR, la Agencia de la ONU para los Refugiados, señala que México debe identificar a las personas que puedan tener necesidades de protección internacional y garantizarles acceso a los procedimientos correspondientes. La organización también plantea la importancia de ofrecer vías regulares de migración para quienes no requieren protección internacional.
El organismo trabaja en México junto con organizaciones de la sociedad civil para identificar necesidades de protección, orientar a solicitantes de asilo y facilitar procesos de integración. Entre sus programas figura el apoyo a personas refugiadas y solicitantes de asilo en Casa del Migrante Scalabrini-Albergue Belén, en Tapachula.
ACNUR también ha documentado que la movilidad hacia México tiene causas diversas. Su monitoreo de protección señala que violencia, inseguridad y amenazas figuran entre las razones por las cuales muchas personas abandonan sus países, aunque los motivos varían según la nacionalidad y las circunstancias individuales.
Por su parte, Médicos Sin Fronteras (MSF) ha señalado en sus intervenciones en México que las personas migrantes enfrentan necesidades médicas y humanitarias durante sus desplazamientos, particularmente en zonas como Tapachula. La organización ha documentado problemas asociados con largas caminatas, deshidratación, lesiones y falta de acceso a servicios básicos en determinadas rutas migratorias.
La llegada de “Fe y Esperanza” ocurre además en un contexto de nuevos movimientos colectivos en la frontera sur mexicana. En septiembre, otra caravana, denominada “Sueños sin Fronteras”, había intentado avanzar desde Tapachula hacia el norte; el grupo terminó reduciéndose considerablemente durante el recorrido.
Para los migrantes, viajar en grupo representa una forma de compartir recursos y enfrentar colectivamente los riesgos de una ruta extensa. Sin embargo, las caravanas también ponen de manifiesto las dificultades que enfrentan quienes permanecen en ciudades fronterizas mientras esperan documentos, empleo o una respuesta a sus solicitudes de protección.
En el caso de “Fe y Esperanza”, sus integrantes tienen previsto reanudar su recorrido hacia el norte de México después de la pausa en Tapachula. El destino final, sin embargo, no es el mismo para todos: mientras algunos mantienen la intención de llegar a Estados Unidos, otros, como el salvadoreño Dilmar Campos, contemplan convertir a México en su destino.
La caravana vuelve así a colocar sobre la mesa una realidad regional: la migración centroamericana continúa vinculada no solo al objetivo de alcanzar Estados Unidos, sino también a la búsqueda de empleo, seguridad, regularización y nuevas posibilidades de vida dentro de México.