Por Alonso Rosales
El Mundial de la FIFA 2026, que tendrá como principal sede a los Estados Unidos —junto a México y Canadá—, comienza a verse envuelto en una creciente controversia política y deportiva. El detonante más reciente ha sido el llamado del expresidente de la FIFA, Joseph “Sepp” Blatter, a promover un boicot contra los partidos que se disputen en territorio estadounidense, en rechazo a las políticas migratorias impulsadas por el presidente Donald Trump.
Las declaraciones de Blatter se producen en un contexto de endurecimiento del discurso y de las medidas migratorias de Washington, que incluyen mayores restricciones de visado, controles fronterizos reforzados y advertencias de seguridad que afectan directamente a ciudadanos de países que participarán en la Copa del Mundo.
El contexto de las declaraciones de Blatter
Blatter, quien presidió la FIFA entre 1998 y 2015, expresó su respaldo a la idea de que aficionados y actores del fútbol reconsideren viajar a Estados Unidos durante el Mundial. Aunque ya no ocupa cargos oficiales, su voz sigue teniendo peso simbólico en el fútbol internacional.
El exdirigente suizo sostuvo que un Mundial debe garantizar acceso, hospitalidad y libre circulación, valores que —a su juicio— entran en contradicción con las políticas migratorias actuales de la administración Trump. Según Blatter, el fútbol “no puede celebrarse plenamente en un clima de exclusión”.
Estas declaraciones llegan en un momento delicado para la FIFA, que intenta evitar que el torneo vuelva a verse condicionado por debates políticos, como ocurrió con los Mundiales de Rusia 2018 y Catar 2022.
Asociaciones y federaciones que expresan preocupación
Si bien ninguna federación ha anunciado oficialmente un boicot institucional, sí han surgido posicionamientos críticos desde distintas asociaciones de fútbol:
Jugadores y exfutbolistas se suman al debate
Aunque la mayoría de los jugadores en activo ha evitado hablar abiertamente de boicot, varias figuras han manifestado inquietudes:
¿Por qué el foco del boicot es Estados Unidos?
Es importante subrayar que los llamados al boicot no se extienden a México ni a Canadá, los otros países organizadores. El foco está exclusivamente en Estados Unidos por:
Organizaciones de derechos humanos también han alertado sobre la necesidad de proteger a minorías, comunidades migrantes y colectivos vulnerables durante el evento.
Un boicot más simbólico que institucional
Por ahora, el llamado al boicot impulsado por Blatter y respaldado por otras figuras tiene un carácter principalmente simbólico y político, más que deportivo. No existen señales de que selecciones nacionales se retiren del torneo, pero el debate ya está instalado y podría intensificarse conforme se acerque 2026.
La FIFA, por su parte, ha reiterado que trabaja con el gobierno estadounidense para garantizar el acceso de todos los participantes y visitantes, aunque sin entrar en confrontación directa con las políticas internas del país anfitrión.
El caso Blatter pone de relieve una tensión cada vez más frecuente en el deporte global: la colisión entre grandes eventos deportivos y decisiones políticas nacionales. El Mundial 2026, pensado como el más grande de la historia, enfrenta el desafío de demostrar que puede celebrarse sin exclusiones en un contexto político cada vez más polarizado.
El debate sobre el boicot, aunque todavía limitado a declaraciones y posicionamientos individuales, anticipa que el fútbol volverá a ser escenario de discusiones que trascienden el terreno de juego.
Fuentes