Armas, poder y conspiración: Cnel. Manuel Alfonso Rodríguez (salvadoreño) y el escándalo de Nueva York (1976)

Por Carlos Santos

Un militar de alto rango bajo la lupa internacional

En mayo de 1976, el nombre del coronel Manuel Alfonso Rodríguez, entonces jefe del Estado Mayor del Ejército salvadoreño, salió de los cuarteles de San Salvador para ocupar los titulares de la prensa internacional. No se trataba de una operación militar ni de una victoria estratégica, sino de un escándalo judicial en Estados Unidos: Rodríguez fue arrestado en Nueva York acusado de intentar introducir clandestinamente un arsenal destinado a compradores no autorizados.

La operación: 10 000 metralletas y un anticipo millonario

Según las investigaciones del Departamento del Tesoro y del Departamento de Estado norteamericanos, el plan consistía en adquirir 10 000 subametralladoras y 1.5 millones de cartuchos de munición, con un valor cercano a 2.5 millones de dólares. Para asegurar el negocio, los involucrados entregaron un anticipo de 75 000 dólares.

Lo que parecía un trámite rutinario de exportación militar pronto despertó sospechas. La documentación presentada incluía formularios oficiales del gobierno salvadoreño —con membretes, sellos y firmas—, entre ellos un DSP-5 (solicitud de exportación) y un DSP-83 (declaración de uso final), ambos firmados por Rodríguez. La fiscalía estadounidense alegó que esos documentos eran falsos y que buscaban encubrir que las armas serían desviadas hacia particulares en Estados Unidos, presuntamente ligados al crimen organizado.

Repercusiones diplomáticas y cables secretos

El 19 de mayo de 1976, un telegrama de la embajada estadounidense en San Salvador describía la situación como una “crisis política” para el gobierno del presidente Arturo Armando Molina. Washington estaba preocupado no solo por el bochorno internacional, sino también por la posibilidad de que el caso erosionara la legitimidad del alto mando salvadoreño en un momento de creciente tensión interna .

Ese cable, hoy parte de los volúmenes de Foreign Relations of the United States (FRUS), señalaba la gravedad de que un oficial de tan alto rango quedara implicado en maniobras de contrabando de armas. Documentos del National Security Archive confirman que, desde entonces, el caso pasó a formar parte de los expedientes de seguimiento interagencias sobre El Salvador .

El juicio y la sentencia

La detención de Rodríguez junto a otros implicados sacudió la diplomacia centroamericana. El embajador salvadoreño en Washington, Francisco Bertrand Galindo, tuvo que intervenir en las gestiones iniciales, mientras la prensa hablaba de un bochorno internacional para un país ya marcado por la represión y la violencia política.

El juicio en Nueva York terminó con una condena ejemplar: Rodríguez y sus compañeros fueron declarados culpables de conspiración, de presentar falsas declaraciones  y de violar la Gun Control Act de 1968.  Las pruebas clave fueron los documentos con el sello del Estado Mayor, que el jurado consideró parte de un montaje fraudulento.

El 23 de noviembre de 1976, el juez federal Kevin Duffy dictó sentencia:

-10 años de prisión federal para Manuel Alfonso Rodríguez.

-Una orden de expulsión perpetua de los Estados Unidos (“banished forever from the United States”).

Aunque no se ha podido precisar la fecha exacta de su deportación física, la medida de destierro quedó impuesta el mismo día de la condena. El episodio cerró cualquier posibilidad de que el militar volviera a poner un pie en suelo estadounidense.

Confirmación en apelación y seguimiento de inteligencia

El 11 de mayo de 1977, la Corte de Apelaciones del Segundo Circuito confirmó las condenas, cerrando la puerta a cualquier recurso. En su fallo, se repasaron los documentos falsos (el pedido por 10 000 subametralladoras y el formulario DSP-83 firmado por Rodríguez) como piezas centrales de la conspiración.

Años más tarde, la CIA elaboró perfiles sobre El Salvador y sus actores políticos y militares donde se subrayaba la importancia de los vínculos entre las fuerzas armadas, las redes clandestinas de armas y la creciente insurgencia. En sus informes internos de los años ochenta, el caso Rodríguez aparecía como un antecedente temprano de las conexiones turbias que marcaron la guerra civil .

Epílogo

Hoy, casi medio siglo más tarde, el episodio del coronel Rodríguez revela cómo las tramas de poder, armas y corrupción cruzaban fronteras mucho antes de que la guerra salvadoreña se declarara abiertamente. Su historia no es solo la de un militar caído en desgracia, sino la de un país cuya violencia estructural se alimentaba tanto de la ideología como del mercado clandestino de armas.