Abelardo de la Espriella: entre el discurso de mano dura y los gestos que indignan a Colombia

Por Alonso Rosales

El presidente colombiano, Abelardo de la Espriella, ha comenzado su gobierno rodeado de controversias que van mucho más allá de sus posiciones políticas. Su discurso de mano dura contra la corrupción —“el que le meta la mano a la plata pública será castigado con severidad”— pretende transmitir autoridad frente al manejo de los recursos destinados a la reconstrucción tras el terremoto.

El problema no está en advertir contra la corrupción. Todo gobernante tiene la obligación de proteger el dinero público. El cuestionamiento surge cuando ese lenguaje se convierte en una retórica de confrontación personal, de “se las verá conmigo”, que puede transmitir la idea de que la justicia depende de la voluntad del gobernante y no de instituciones sólidas, controles independientes y debido proceso.

Las críticas se han multiplicado por la manera en que De la Espriella ha manejado su imagen pública. Durante su toma de posesión del 7 de agosto, circuló ampliamente un episodio en el que imitó movimientos de marcha mientras los militares permanecían en posición protocolaria durante el Himno Nacional. El gesto fue objeto de burlas y memes en redes sociales y alimentó la percepción de un mandatario excesivamente preocupado por la puesta en escena.

Pero la controversia más fuerte llegó después del terremoto del 10 de agosto. Antes de ofrecer un reporte sobre las víctimas, De la Espriella apareció sonriente, saludando y lanzando besos a quienes estaban frente a él. En un país golpeado por muertos, desaparecidos, heridos y miles de damnificados, la escena fue considerada por críticos y dirigentes políticos como una muestra de falta de sensibilidad y de empatía.

Luego vino otra imagen difícil de explicar políticamente: en Quibdó, una de las zonas más golpeadas por el sismo, el presidente repartió desde una camioneta blindada balones de fútbol que llevaban referencias a su movimiento político, Defensores de la Patria. La escena provocó indignación porque ocurrió mientras las comunidades reclamaban vivienda, alimentos, atención médica, rescate y ayuda humanitaria.

La comparación con Donald Trump apareció inevitablemente. Durante su visita a Puerto Rico después del huracán María, Trump fue duramente criticado por lanzar rollos de papel toalla a damnificados, una imagen que terminó convertida en uno de los símbolos más controvertidos de aquella respuesta gubernamental.

De la Espriella tiene derecho a construir su propio estilo político, pero gobernar durante una tragedia exige algo más que espectáculo: exige sobriedad, empatía, capacidad de escuchar y resultados.

Colombia necesita un presidente que hable con firmeza contra la corrupción, sí; pero también uno capaz de comprender que una nación en duelo no necesita un showman, sino un jefe de Estado.

Fuentes

  • Presidencia de Colombia: declaraciones sobre los recursos para la reconstrucción.
  • El País: críticas por la entrega de balones y controversias durante la emergencia.
  • El Espectador: críticas a los gestos del presidente durante la emergencia.
  • La Jornada: visita de De la Espriella a Quibdó y entrega de balones.
  • TIME: controversia por la visita de Donald Trump a Puerto Rico tras el huracán María.