A 75 años de la llegada del Cnel. Oscar Osorio como presidente constitucional

Por Víctor Manuel Valle Monterrosa

Osorio tomó posesión como presidente el 14 de septiembre de 1950, hace 75 años. Es bueno conocer e interpretar lo ocurrido en los a tres cuartos de siglo que han pasado. Sobre eso, hay varios aportes de historiadores y políticos; con el abordaje de fragmentos de esa trayectoria.

Este trabajo tiene el propósito de presentar algunos recuerdos de mis vivencias, como testigo y observador de hechos desde mis primeros años de vida consciente. No es historiografía ni ciencia de la política. Es memoria pura sin envoltorios teóricos. A lo sumo, es materia prima para que intelectuales cotejen y verifiquen en fuentes académicamente aceptables algunas de mis aseveraciones.

En 1950 yo estaba en tercer grado en sección de externos, por vivir en Santa Tecla, del Colegio Santa Cecilia, dirigido por religiosos salesianos. El día de la toma de posesión, transmitida por radio, hubo clases y por alguna razón el responsable del grado escuchó la transmisión. Era un religioso no salvadoreño, como era la generalidad de los docentes. Lo que se me quedó grabado en la memoria fue su breve comentario: “Dicen que Osorio es masón”

Por supuesto, esa era una palabra generadora de susto y temor pues un masón, decían nuestros abuelos, era como decir diabólico, muy malvado y la viva figura del anticristo.

Osorio, opino, fue el verdadero “hombre fuerte” de El Salvador entre 1948 y 1956. En diciembre de 1948, al día siguiente del golpe de estado que derrocó al general martinista Salvador Castaneda Castro, regresó de México, donde residía, para integrarse al Consejo de Gobierno Revolucionario, el colectivo para gobernar instalado a raíz del golpe.

En pocas semanas, Osorio maniobró para que salieran del esquema gobernante dos figuras que le estorbaban: el teniente-coronel Manuel de Jesús Córdoba, miembro del Consejo de Gobierno, y el mayor Humberto P Villalta, reputado como el artífice del golpe, quien en una transacción del nuevo poder fue nombrado Jefe de la Fuerza Armada.

Córdova era el jefe militar de más alto rango que quedó después del golpe que defenestró a los generales y coroneles martinistas y por eso integró el Consejo. Villalta era un respetado jefe militar a quien le adjudicaban ideas revolucionarias y hasta marxistas.

En enero de 1949 ambos salieron al acostumbrado exilio; Córdoba como agregado militar en Estados Unidos, y Villalta a similar cargo en la Argentina de Perón. El mayor Villalta fue trasladado a México en 1951 donde falleció en 1954, en accidente de tránsito, en el que también falleció un militar soviético y el hecho provocó algunas teorías conspirativas.

Con todas las peripecias y reacomodos, Osorio ejerció como “hombre fuerte” de El Salvador durante 8 años y por supuesto que su gobierno generó algunos resultados.

Claro. Había un contexto de cambios en el mundo durante los años que siguieron el fin de la segunda guerra. Guatemala y Costa Rica vivían esperanzas revolucionarias con Arévalo y Figueres. El Salvador había pasado por las combativas jornadas de abril y mayo de 1944.

El esperado golpe de Estado de 1948 despertó entusiasmos y esperanzas de cambios revolucionarios o al menos de aire fresco para las movilizaciones populares. El 26 de diciembre el nuevo gobierno celebró un Día de Júbilo Nacional. Mis hermanos mayores –uno adolescente y otro adulto joven- regresaron a casa eufóricos porque creyeron que había comenzado una revolución que les gustaba.

Pasó el tiempo y el impulso inicial se perdió y la revolución del 48, supuesta a durar por largo tiempo, colapsó doce años después cuando el presidente Lemus, el sucesor de Osorio, fue derrocado en una conspiración que contó con el mismo Osorio.

El paso de Osorio por Italia en tiempos de Mussolini y en México durante los gobiernos del PRI que habían desvanecido los impulsos originarios de la revolución mexicana, deben haberle dejado huellas e inspiraciones para ejercer el mando político.

Sería aventurado decir que, por haberse formado, entre 1940 y 1943, en academia militar italiana en tiempos del Duce se había hecho fascista, aunque no es extraño que algo de esas mieles se le haya pegado.

Talvez fue más fuerte la influencia del Partido Revolucionario Institucional de México y sus formas de gobernar. Eso explica por qué el partido político que fundó para gobernar se llamó Partido Revolucionario de Unificación Democrática que desapareció cuando cayó Lemus.

Recuerdo los carteles que se pegaban en lugares visibles con lemas que perfilaban la naturaleza de ese gobierno autollamado revolucionario: “La Revolución Cumple”, “El ejército es el brazo armado del pueblo”, “Prohibidas las doctrinas anárquicas y contrarias a la democracia”.

Osorio terminaba sus discursos transmitidos por radio (no existía la TV en El Salvador) diciendo “Puesta la confianza en dios y en los altos destinos de la patria”. A los opositores, les llamaba los eternos resentidos,

Aunque en lo esencial, el régimen socio económico que hemos tenido y coexiste con un subdesarrollo imbatible fue conservado por el osoriato; hay que recordar algunas acciones con resultados tangibles: creación del ISSS para trabajadores urbanos y del IVU para construir viviendas destinadas a estratos bajos y medios; legalización de los sindicatos urbanos, aunque incluidos los sindicatos gobiernistas. Se estableció la CEPA para impulsar los puertos y la CEL para mejorar la electrificación del país.  Se fundó el Instituto de Colonización Rural (era grave pecado político decir reforma agraria) y el Instituto Regulador de Abastecimientos.  Se comenzó la carretera del litoral y se construyó el bulevar del ejército. Se impulsaron centros turísticos y de recreación obrera, y los llamados “grupos escolares tipo revolución”. Se erigió el Monumento a la Revolución apodado por el soberano “el Chulón” que, al ubicarlo en una zona elegante en vías de construcción, se simbolizaba un “bloque indestructible” entre gobierno y clases pudientes.

Había “Pan y Circo”. Los primeros de mayo y los 14 de diciembre se montaban espectáculos con danzarinas tropicales en poca ropa importadas de Cuba prerrevolucionaria que danzaban en una tarima colocada en medio de la Reina Isabel y Cristóbal Colón del Palacio Nacional. También traían “cachiporristas” de algunas instituciones de Estados Unidos que, con sus bastones, faldas cortas y danzas, desfilaban por las calles de San Salvador para entretener “a las masas” y aliviarles sus penas.

A Osorio le tocó enfrentar la emergencia del terremoto de 1951 que asoló Jucuapa, Chinameca y otras ciudades del oriente del país. Para la reconstrucción promovió un proyecto en un espacio que se le llamó el Valle de la Esperanza. Se dijo en la ocasión que ese nombre lo sugirieron algunos aduladores de turno para recordar el nombre de la novia del presidente Osorio, Esperanza Llerena que después fue su segunda esposa. Por algo era “el hombre fuerte”.

El análisis político e histórico del osoriato ha sido abordado por muchos estudios. Incluso hay algunos que creen encontrarle a Osorio perfiles como pionero de la socialdemocracia en El Salvador. Y hasta se dice que, por honrado, murió pobre.

Desde mi atalaya de base popular prefiero verlo como un eslabón, aggiornamentado, de la dictadura militar que administró el poder político y el correspondiente régimen socioeconómico entre 1931 y 1991 y tengo argumentos para pensar así; pero eso es harina de otro costal.

Hago este recuento desde mis recuerdos con una reflexión final: Osorio llegó a la presidencia cuando yo tenía 9 años, hace 75 años. Dentro de 75 años se llegará al siglo XXII de nuestra era y habrá niños actuales de 9 años que vivirán para entonces. Cuando se entre al próximo siglo, El Salvador se prevé que tenga millón y medio de habitantes con una población menor de 15 años porcentualmente muy reducida y la mayor de 65 años muy aumentada.

¿Cómo será El Salvador para esos tiempos? Lo deseable es que haya salido del subdesarrollo, para lo cual hay una ardua tarea por delante, pues durante los últimos 75 años ha sido imposible cambiar el régimen socioeconómico que ha diseñado y construido el subdesarrollo que permea toda nuestra sociedad.