El Emir de Qatar, el jeque Tamim bin Hamad Al Thani , dando la bienvenida al presidente estadounidense Donald Trump. Foto: Cortesía.
Por Alonso Rosales
Una reciente encuesta publicada por Axios revela un país dividido frente a la guerra que Estados Unidos mantiene contra Irán. Según el sondeo, el 48% de los estadounidenses no apoya el conflicto, el 26% sí lo respalda y un 30% admite no tener suficiente información o no saber nada al respecto.
El dato refleja no solo una fractura en la opinión pública, sino también un desgaste político interno. Desde el Partido Demócrata, diversas voces han calificado la intervención como “ilegal”, argumentando que no cuenta con el respaldo legislativo necesario ni con una estrategia clara de salida. Para ellos, el conflicto responde más a cálculos políticos que a una necesidad de seguridad nacional.
La inquietud en el Golfo
Pero mientras Washington debate, en el Golfo Pérsico se hacen otra pregunta más urgente: ¿quién protege a las monarquías árabes que albergan bases militares occidentales cerca de territorio iraní?
Países como Arabia Saudita, Emiratos Árabes Unidos, Catar, Baréin y Kuwait mantienen instalaciones estratégicas que podrían convertirse en objetivos en caso de una escalada mayor. Aunque cuentan con equipamiento avanzado y cooperación militar occidental, la realidad es que sus capacidades autónomas para enfrentar un conflicto directo con Irán son limitadas frente al poder misilístico y la experiencia regional de Teherán.
En círculos diplomáticos del Golfo crece la preocupación de que, en caso de un ataque masivo, la protección estadounidense podría priorizar la defensa de Israel por encima de la seguridad de otras alianzas regionales. Esa percepción —justa o no— genera incertidumbre estratégica.
Algunos analistas sostienen que los gobiernos del Golfo han apostado por su alianza con Washington confiando en el paraguas de seguridad estadounidense, mientras otros sugieren que poderosos intereses económicos y geopolíticos influyen en la permanencia de estas bases, aun cuando los riesgos son evidentes.
El factor iraní y la cohesión interna
En las últimas horas, varios expertos han recordado declaraciones previas del líder supremo iraní, Alí Jamenei, quien en distintas ocasiones advirtió que estaba dispuesto al martirio y que asumía como posible un intento de asesinato. Independientemente de la interpretación que se haga de esas palabras, lo cierto es que cada episodio de tensión externa tiende a fortalecer la cohesión interna en Irán, consolidando el respaldo al gobierno frente a amenazas percibidas del exterior.
Ese fenómeno no es nuevo en la política internacional: los conflictos externos suelen cerrar filas dentro de los países involucrados. Las manifestaciones registradas en distintas partes del mundo muestran que el conflicto no solo tiene un impacto regional, sino también simbólico y político a escala global.
Cálculos electorales y geopolítica
El conflicto también tiene una dimensión electoral. El presidente Donald Trump ha sido señalado por sus críticos como uno de los impulsores de una línea dura contra Irán, mientras que el primer ministro israelí Benjamín Netanyahu enfrenta su propio escenario político interno. Algunos observadores interpretan que las decisiones estratégicas de ambos líderes están inevitablemente influidas por calendarios electorales y dinámicas domésticas.
Sin embargo, más allá de los liderazgos individuales, la pregunta de fondo sigue abierta: ¿hasta qué punto una guerra prolongada puede redefinir el equilibrio de poder en Medio Oriente? Y, sobre todo, ¿están las monarquías del Golfo preparadas para las consecuencias de una confrontación que podría desbordar cualquier cálculo inicial?
La encuesta de Axios no solo mide opinión pública; también anticipa un desgaste político interno en Estados Unidos. Pero en el Golfo, la preocupación es más inmediata y existencial. Si el conflicto escala, las bases militares podrían convertirse en el primer frente visible de una guerra cuya magnitud aún es incierta.
Y entonces, la pregunta resonará con más fuerza que nunca: ¿quién protege a quienes sirven de plataforma estratégica?