Por Alonso Rosales, analista internacional
La retórica bélica de Estados Unidos ha alcanzado un nuevo umbral. El secretario de Defensa, Pete Hegseth, confirmó este lunes que Washington ejecutará “el mayor número de ataques” contra Irán desde el inicio del actual conflicto, marcando una escalada significativa en una confrontación que ya supera el mes de duración.
Durante una comparecencia en la Casa Blanca junto al presidente Donald Trump, Hegseth dejó claro que la estrategia estadounidense no solo continuará, sino que se intensificará progresivamente. “Hoy será el mayor número de ataques desde el primer día. ¿Mañana? Aún más”, afirmó, en una declaración que sugiere una campaña militar sostenida y en expansión.
Una doctrina de presión total
Las palabras del jefe del Pentágono no solo describen una operación militar, sino una doctrina: presión total y continua sobre Teherán. La insistencia en que Irán debe “escoger sabiamente” refuerza la narrativa de coerción estratégica, en la que la vía diplomática queda subordinada al uso de la fuerza.
El discurso también incluyó referencias a figuras clave eliminadas por Estados Unidos, como Qasem Soleimani, en un intento de subrayar la capacidad de Washington para ejecutar operaciones de alto perfil. Asimismo, mencionó al líder supremo iraní, Ali Jameneí, en un tono que muchos analistas interpretan como una advertencia directa al núcleo del poder iraní.
El factor Ormuz: detonante estratégico
La actual escalada no puede entenderse sin el contexto del estrecho de Ormuz, uno de los puntos más sensibles del comercio energético global. La amenaza previa de Trump —advirtiendo de un ataque “devastador” si no se desbloquea la vía marítima— revela que el conflicto ha entrado en una fase donde los intereses económicos y militares convergen peligrosamente.
El control o interrupción de este paso estratégico tiene implicaciones globales, desde el precio del petróleo hasta la estabilidad de los mercados internacionales, lo que eleva el conflicto más allá de un enfrentamiento bilateral.
Superioridad militar vs. resistencia estratégica
Hegseth enfatizó la supuesta “humillación” de las fuerzas iraníes, destacando la superioridad militar estadounidense. Sin embargo, este tipo de declaraciones suele formar parte de la guerra psicológica y propagandística, más que de una evaluación objetiva del terreno.
Irán, históricamente, ha basado su doctrina en la guerra asimétrica, apoyándose en aliados regionales y capacidades no convencionales. Esto sugiere que, pese a la intensificación de los ataques, el conflicto podría prolongarse y diversificarse en múltiples frentes.
Riesgos de una escalada fuera de control
El anuncio de una ofensiva creciente plantea serias preocupaciones sobre una posible espiral de escalada. La promesa de más ataques “mañana” indica que no se trata de una operación puntual, sino de una campaña abierta cuyo límite aún no está definido.
En este contexto, el margen para la desescalada diplomática se reduce drásticamente, mientras aumenta el riesgo de involucramiento de otros actores regionales e incluso potencias globales.
Las declaraciones de Hegseth confirman que Estados Unidos ha optado por intensificar la presión militar directa sobre Irán, en una estrategia que combina disuasión, coerción y demostración de fuerza. Sin embargo, lejos de garantizar una resolución rápida, este enfoque podría profundizar la inestabilidad regional y acercar al mundo a un conflicto de mayor escala.
El mensaje de Washington es claro: la fuerza será el lenguaje predominante. La incógnita es hasta dónde llegará esa lógica antes de cruzar un punto de no retorno.