Su estreno oficial será el jueves 24 de septiembre en Cinemark La Gran Vía, donde permanecerá en cartelera del 24 al 30 de septiembre. Se trata de una ocasión particularmente significativa para una producción salvadoreña que ha encontrado reconocimiento más allá de las fronteras y que ahora tiene ante sí un desafío diferente: que el público de su propio país se acerque a verla.
Zarko Pinkas |
La película de Arturo López Rodas, reconocida en festivales nacionales e internacionales, tendrá su estreno oficial el jueves 24 de septiembre en Cinemark La Gran Vía y permanecerá en cartelera hasta el 30 de septiembre. Su llegada representa también una oportunidad para acompañar el crecimiento de un cine salvadoreño que apuesta por la reflexión, la memoria y la experiencia humana.
Hay películas que buscan entretener durante un par de horas y hay otras que, cuando terminan, continúan viviendo en la conversación y en las preguntas que dejan abiertas. Vértices, del cineasta salvadoreño Arturo López Rodas, pertenece a estas últimas. Después de recorrer festivales y obtener reconocimientos por su propuesta cinematográfica, la película llegará finalmente a las salas del país para encontrarse con el público salvadoreño.
Su estreno oficial será el jueves 24 de septiembre en Cinemark La Gran Vía, donde permanecerá en cartelera del 24 al 30 de septiembre. Se trata de una ocasión particularmente significativa para una producción salvadoreña que ha encontrado reconocimiento más allá de las fronteras y que ahora tiene ante sí un desafío diferente: que el público de su propio país se acerque a verla.
Vértices parte de una situación aparentemente sencilla. Tres personas se encuentran después de un entierro y, a partir de ese encuentro, una conversación comienza a abrir espacios cada vez más profundos alrededor de la vida y la muerte. No hay necesidad de grandes artificios para que aparezcan las preguntas esenciales. La película confía en sus personajes, en sus palabras, en sus silencios y en la capacidad del espectador para participar de esa conversación. Los tres personajes centrales están interpretados por Francisco Martínez, en el papel de Ricardo; Ángel Flamenco, como José; y Francisco Graniello, quien interpreta a Paco.
Ese planteamiento convierte a Vértices en una propuesta poco habitual dentro de una cartelera dominada muchas veces por el espectáculo, la velocidad y el entretenimiento inmediato. Aquí el cine se convierte en un espacio para detenerse. La película propone pensar sobre aquello que normalmente evitamos: la muerte, la memoria, el tiempo que pasa, las decisiones tomadas y las conversaciones que quizá dejamos pendientes.
Pero hay otra dimensión importante en la película: la manera en que observa a las personas de la tercera edad. Sus personajes no aparecen reducidos a figuras secundarias, caricaturas o simples depositarios de recuerdos. Son seres humanos con pensamientos, contradicciones, deseos, experiencias y una mirada propia sobre el mundo.
En una sociedad que con frecuencia tiende a apartar a las personas mayores de los espacios de protagonismo, el cine puede cumplir también una función cultural y social: devolverles presencia, voz y humanidad. Mostrar la vejez desde la experiencia y no desde el estereotipo constituye una forma de combatir esa discriminación silenciosa que muchas veces termina convirtiendo a las personas mayores en invisibles.
En ese sentido, Vértices no solamente habla sobre la muerte. Habla también sobre cómo hemos aprendido a mirar la vida de los demás y sobre qué ocurre cuando nos detenemos a escuchar a quienes tienen detrás una larga historia.
La película ha ido construyendo su propio recorrido. Entre sus reconocimientos se encuentra el premio a Mejor Guion en el Festival Internacional de Cine Ícaro, además de una mención honorífica obtenida en el Festival Internacional de Cine de Nicaragua. Más recientemente, Vértices fue reconocida como Mejor Película Internacional en el Cobb International Film Festival, en Georgia, Estados Unidos. Estos premios forman parte de un recorrido que demuestra que el cine salvadoreño puede encontrar espacios de reconocimiento cuando se atreve a explorar lenguajes propios y temas que trascienden las fronteras.
Pero ningún premio sustituye el encuentro fundamental entre una película y sus espectadores. Ese encuentro ocurrirá ahora en El Salvador.
Por eso, la llegada de Vértices a las salas no debería entenderse únicamente como el estreno de una película más. Es también una invitación a mirar lo que se está haciendo en el país y a preguntarnos qué tipo de cine queremos que siga creciendo. Apoyar las producciones nacionales significa, en buena medida, darle posibilidades al cine salvadoreño para evolucionar, experimentar y construir una cinematografía capaz de contar historias diferentes.
El séptimo arte también puede ser un lugar para pensar. Puede hablarnos de la muerte sin convertirla en espectáculo, de la vejez sin reducirla a una condición de vulnerabilidad, y de la vida sin necesidad de ofrecer respuestas fáciles. Puede, simplemente, sentarnos frente a una pantalla y obligarnos durante un momento a escuchar.
Desde el área de Cultura de ContraPunto, recomendamos acercarse a Vértices. No solamente porque se trata de una película salvadoreña que ha obtenido reconocimientos internacionales, sino porque representa una oportunidad para acompañar al cine nacional y, al mismo tiempo, permitirnos vivir una experiencia cinematográfica distinta.
Del 24 al 30 de septiembre, Vértices se proyectará en Cinemark La Gran Vía. Vale la pena ocupar una butaca, escuchar esa conversación y dejar que la película haga lo que el buen cine siempre ha sabido hacer: plantear preguntas que continúan con nosotros mucho después de que las luces de la sala vuelven a encenderse.