Por Alonso Rosales — Analista internacional
Mientras la tensión entre Caracas y Washington se eleva al punto más alto en una década, la administración Trump ha empezado a preparar un escenario que —oficialmente— aún no existe: el día después de Nicolás Maduro. Las discusiones son discretas, se manejan bajo estricta confidencialidad y revelan una realidad que va mucho más allá de los discursos públicos sobre narcotráfico, migración o sanciones: la Casa Blanca está contemplando seriamente un vacío de poder en Venezuela y quiere asegurarse de ser quien lo llene primero.
1. La doctrina Trump: presión militar y planificación silenciosa
Durante meses, Washington ha desplegado miles de tropas y un grupo de ataque de portaaviones en el Caribe. Aunque la narrativa oficial insiste en que este movimiento busca frenar el tráfico de drogas, las fuentes internas indican algo distinto: esta acumulación militar funciona también como plataforma para operaciones directas o indirectas en caso de una caída abrupta del régimen.
Los escenarios que baraja la Casa Blanca incluyen:
Para cada escenario, el equipo de seguridad nacional —liderado por Stephen Miller y en coordinación con Marco Rubio— ya prepara planes de estabilización política y de intervención mínima o indirecta.
En otras palabras: Estados Unidos ya tiene planes A, B y C sobre la mesa.
2. La llamada Trump–Maduro: ultimátum y señales de ruptura
La conversación telefónica entre ambos presidentes, realizada semanas antes de que Washington designara al gobierno venezolano como organización terrorista extranjera, dejó una advertencia clara: Maduro debía considerar seriamente abandonar el país.
Aunque la Casa Blanca niega estar buscando una guerra abierta, el tono del ultimátum indica que Trump está dispuesto a ir más lejos que cualquier administración anterior. Y aun cuando internamente no hay consenso sobre una intervención directa, todas las facciones coinciden en que un cambio de régimen es una posibilidad real.
3. La oposición venezolana y el “día después”
María Corina Machado, Edmundo González y el equipo opositor llevan años diseñando planes detallados para la transición:
Estos planes, compartidos parcialmente con funcionarios estadounidenses, servirían como hoja de ruta en caso de un colapso repentino. Aunque no está claro si la Casa Blanca adoptará estas propuestas, Washington sí reconoce a González como presidente legítimo, lo que adelanta una posible transición instantánea.
Machado —que ha elogiado públicamente a Trump— se perfila como pieza clave en la configuración del futuro gobierno, al menos desde la visión estadounidense.
4. El dilema Washington: intervenir sin repetir Irak
Los estrategas militares consultados por CNN alertan que Estados Unidos no puede permitirse un error similar al de Irak en 2003, donde se derrocó a un régimen sin un plan claro para el día siguiente, resultando en caos y un largo conflicto.
Por eso, la administración Trump evalúa cuidadosamente:
Sin tropas estadounidenses sobre el terreno (al menos en teoría), el principal desafío sería evitar que Venezuela caiga en anarquía, especialmente con la presencia activa de Cuba, Irán, Rusia y China en el país.
5. Reconocimiento internacional: el talón de Aquiles de cualquier transición
Una transición liderada por la oposición sería fácilmente reconocida por Estados Unidos. Sin embargo, un gobierno híbrido —con figuras del chavismo— complicaría la narrativa internacional.
El reconocimiento diplomático es clave para:
Sin estos elementos, ningún gobierno post-Maduro puede estabilizar el país, por muy legítimo que sea.
6. El factor geopolítico: Venezuela como tablero de disputa global
La administración Trump considera a Venezuela el epicentro de la presencia de potencias rivales en América Latina. Un cambio político en Caracas tendría el objetivo estratégico de:
Para Washington, la salida de Maduro no solo es un cambio político: es una victoria geopolítica en la pugna hemisférica del siglo XXI.
Conclusión: un país al borde del cambio… y del riesgo
Maduro aún controla el aparato estatal, pero nunca antes la presión interna y externa había sido tan fuerte. Las señales son claras:
Sin embargo, derrocar a un régimen no es lo mismo que gobernar el día después. Venezuela podría enfrentar su transición más peligrosa desde 1999: un nuevo inicio lleno de posibilidades, pero también de incertidumbre.
Lo único seguro es que Washington quiere moldear ese futuro, y ya está trabajando para ello.