Por Alonso Rosales
El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, evalúa nuevas acciones en Medio Oriente en medio de la guerra con Irán, combinando presión militar y posibles salidas diplomáticas. Según reportes de medios estadounidenses, su estrategia incluiría desde incautar uranio iraní hasta tomar control de activos petroleros clave, medidas que podrían redefinir el rumbo del conflicto.
Uno de los escenarios más discutidos es una operación militar para apoderarse de material nuclear iraní. De acuerdo con información publicada por The Wall Street Journal, el plan contemplaría la extracción de aproximadamente 1.000 libras de uranio enriquecido. Esta operación implicaría el despliegue de tropas estadounidenses dentro del territorio iraní durante varios días, en una misión considerada de alto riesgo.
El objetivo central de esta posible acción sería impedir que Irán desarrolle un arma nuclear. Aunque Teherán sostiene que su programa tiene fines pacíficos, se estima que posee cientos de kilos de uranio enriquecido al 60 %, un nivel cercano al requerido para fabricar armamento nuclear. En este contexto, el control de ese material se vuelve un punto estratégico clave para Washington.
Sin embargo, expertos militares advierten que una operación de este tipo sería extremadamente compleja. No solo implicaría ingresar a un país hostil bajo amenaza constante de misiles y drones, sino también asegurar instalaciones nucleares, manipular material radiactivo y transportarlo bajo estrictas condiciones de seguridad. Estas dificultades elevan el riesgo de una escalada mayor del conflicto.
Paralelamente, la incautación del uranio también aparece como una posible herramienta de negociación. Trump habría instruido a sus asesores para presionar a Irán a entregar voluntariamente el material como condición para poner fin a la guerra. De no lograrse un acuerdo, la opción de tomarlo por la fuerza seguiría sobre la mesa.
A este escenario se suma otro elemento clave: el petróleo. En una entrevista con Financial Times, Trump sugirió la posibilidad de tomar el control de la isla de Kharg, principal centro de exportación petrolera iraní. Este enclave es vital para la economía del país, por lo que su captura tendría un fuerte impacto tanto económico como estratégico.
No obstante, una acción de este tipo también conllevaría altos riesgos. Expertos señalan que intentar controlar infraestructura petrolera en territorio iraní podría provocar un conflicto más prolongado y aumentar significativamente las bajas militares. Además, podría desestabilizar aún más la región.
Mientras tanto, el discurso del presidente estadounidense oscila entre la negociación y la amenaza. Trump ha asegurado en varias ocasiones que existen avances en las conversaciones con Irán, aunque simultáneamente ha advertido sobre posibles ataques a infraestructuras clave si no se alcanza un acuerdo.
Entre las amenazas mencionadas se encuentran ataques a instalaciones energéticas e incluso a infraestructuras civiles como plantas eléctricas o desalinizadoras. Según expertos en derecho internacional, este tipo de acciones solo se justificarían si representan una ventaja militar clara y no generan un daño desproporcionado a la población civil. De lo contrario, podrían considerarse violaciones al derecho internacional humanitario.
Otro punto crítico es el Estrecho de Ormuz, por donde transita cerca de una quinta parte del petróleo mundial. Trump ha insistido en la necesidad de mantener abierta esta ruta marítima, advirtiendo que su cierre tendría consecuencias económicas globales.
Por su parte, Irán rechaza las afirmaciones de avances diplomáticos. Las autoridades iraníes califican las condiciones impuestas por Estados Unidos como “excesivas” y niegan que existan مذاکرات directas entre ambas partes. Además, han reiterado que su prioridad es la defensa ante lo que consideran una agresión militar.
Teherán también ha elevado el tono de sus advertencias. Entre las posibles respuestas, ha mencionado la opción de minar el Golfo Pérsico o intensificar acciones militares en la región, lo que incrementa el temor a una escalada regional más amplia.
En este contexto, los intentos de mediación internacional no han logrado avances concretos. La falta de diálogo directo entre Washington y Teherán dificulta cualquier solución diplomática a corto plazo.
Así, la estrategia de Trump se mantiene en una delicada combinación de presión militar y negociación. Sin embargo, cada una de las opciones sobre la mesa —ya sea el control del uranio o del petróleo— implica riesgos significativos que podrían ampliar el conflicto en Medio Oriente en lugar de resolverlo.
Fuentes: France 24, Reuters, Associated Press, The Wall Street Journal, Financial Times.