Durante el Cretácico tardío, algunos dinosaurios desarrollaron cráneos reforzados que pudieron servir para combates directos entre individuos. Un nuevo hallazgo en México sugiere que incluso ciertos dinosaurios carnívoros, similares a aves, pudieron haber utilizado la cabeza como arma
Zarko Pinkas-Ramírez |
Durante el Cretácico tardío, algunos dinosaurios desarrollaron cráneos reforzados que pudieron servir para combates directos entre individuos. Un nuevo hallazgo en México sugiere que incluso ciertos dinosaurios carnívoros, similares a aves, pudieron haber utilizado la cabeza como arma para embestir a rivales, una conducta antes asociada principalmente a especies herbívoras como los paquicefalosaurios.
El dinosaurio, bautizado Xenovenator espinosai, fue descrito recientemente en la revista científica Diversity por un equipo internacional liderado por paleontólogos del Museo del Desierto en Coahuila, encabezado por Héctor Rivera-Sylva. El fósil, hallado en la Formación Cerro del Pueblo, corresponde a un depredador que vivió hace aproximadamente 73 a 74 millones de años, alcanzaba cerca de tres metros de longitud y pertenece al grupo de los troodóntidos, dinosaurios estrechamente relacionados con el origen de las aves .
El rasgo más llamativo de la especie es su cráneo notablemente engrosado, con huesos densos y una protuberancia ósea en la parte superior de la cabeza. Los investigadores plantean que esta estructura pudo haber sido una adaptación para embestidas o luchas intraespecíficas, en un fenómeno de convergencia evolutiva similar al de los dinosaurios conocidos por practicar cabezazos. “Los dinosaurios rapaces suelen imaginarse solo como depredadores ágiles que usaban garras y dientes, pero Xenovenator nos recuerda que su comportamiento pudo ser mucho más diverso”, explicó Rivera-Sylva .
El cráneo fue descubierto originalmente en el año 2000 por la paleontóloga Martha Aguillón-Martínez, en una región que durante el Cretácico fue una costa pantanosa habitada por diversas especies, incluidos hadrosaurios, tiranosaurios y grandes ceratópsidos como Coahuilaceratops. El análisis mediante tomografía computarizada reveló un endocráneo excepcionalmente preservado, con indicios de un cerebro relativamente grande y sentidos agudos, características típicas de los troodóntidos.
Sin embargo, el hallazgo no está exento de debate científico. Algunos paleontólogos, como David Varricchio de la Universidad Estatal de Montana, han señalado que el material fósil es fragmentario y sugieren cautela en la interpretación. Según él, es posible que los restos correspondan a un dinosaurio de mayor tamaño, lo que podría modificar su clasificación definitiva .
Más allá de la discusión taxonómica, el descubrimiento refuerza la importancia de México como una región clave para comprender la evolución de los dinosaurios en Norteamérica y abre nuevas hipótesis sobre comportamientos complejos, como la competencia física entre depredadores del pasado.