Por Redacción ContraPunto
La disputa entre Estados Unidos e Irán entró este sábado en una nueva fase diplomática después de que el presidente Donald Trump rechazara, según reportes de medios internacionales, una propuesta de Teherán que planteaba reabrir el estrecho de Ormuz en un plazo de siete días y reactivar las negociaciones sobre el programa nuclear iraní.
La iniciativa fue transmitida a Washington mediante intermediarios, principalmente Qatar, durante los contactos diplomáticos desarrollados al margen de la Asamblea General de Naciones Unidas en Nueva York. Irán sostiene que la propuesta busca establecer una hoja de ruta para detener las hostilidades y normalizar progresivamente la navegación por uno de los pasos marítimos más importantes del mundo.
La negativa de Trump vuelve a colocar la crisis en una posición de alta incertidumbre, debido a que Washington y Teherán mantienen diferencias no solamente sobre Ormuz, sino también sobre las sanciones, el bloqueo naval, el programa nuclear iraní y el alcance de cualquier eventual alto el fuego.
El ministro iraní de Exteriores, Abbas Araghchi, explicó que el calendario comenzaría únicamente después de que Estados Unidos aceptara las condiciones planteadas por Teherán.
Según la explicación iraní recogida por medios internacionales, los primeros pasos requerirían aproximadamente cuatro o cinco días. El estrecho de Ormuz sería reabierto en el sexto día y, durante el séptimo, comenzarían las negociaciones formales entre Estados Unidos e Irán para discutir un acuerdo más amplio.
El esquema no plantea simplemente que Irán abra el estrecho de manera unilateral. Teherán condiciona la reapertura a una serie de medidas estadounidenses.
Entre las condiciones mencionadas están:
La secuencia es importante. Para Teherán, primero deben reducirse las presiones militares y económicas; posteriormente se produciría la reapertura de Ormuz y finalmente comenzarían las negociaciones sobre los asuntos de fondo.
Araghchi afirmó que, una vez aceptado el plan, todo estaría preparado para comenzar el proceso.
La propuesta de septiembre no apareció de manera aislada. De acuerdo con Reuters, Teherán había transmitido a Estados Unidos, mediante intermediarios, una propuesta para poner fin a las hostilidades desde el 16 de septiembre. La delegación iraní consideraba la Asamblea General de la ONU como una oportunidad para reactivar la diplomacia.
Además, la iniciativa actual guarda relación con un entendimiento alcanzado en junio entre Washington y Teherán que posteriormente se vino abajo.
Según Al Jazeera, aquel memorando contemplaba un período de 60 días durante el cual Irán permitiría el tránsito de barcos por Ormuz sin cobrar peajes, mientras las partes negociaban un acuerdo de paz más amplio. También contemplaba un cese de las operaciones militares y medidas para restablecer el tráfico marítimo.
La diferencia fundamental con la propuesta actual está en el calendario: el nuevo planteamiento reduce el proceso para la reapertura del estrecho a siete días, mientras que las conversaciones posteriores quedarían abiertas para abordar los temas más difíciles.
También existe un antecedente importante. En abril, Irán presentó una propuesta de 10 puntos para intentar poner fin a la guerra.
Según Al Jazeera, aquella iniciativa incluía el fin de los conflictos regionales, un protocolo para garantizar el paso seguro por el estrecho de Ormuz, el levantamiento de sanciones y medidas de reconstrucción.
Teherán había rechazado entonces un alto el fuego temporal de 45 días promovido mediante la mediación de Pakistán y planteaba, en cambio, terminar de manera permanente las hostilidades.
Esto demuestra que la estrategia diplomática iraní ha ido modificándose alrededor de un elemento constante: Ormuz y el programa nuclear no son asuntos separados para Teherán, sino piezas de una negociación más amplia sobre seguridad, sanciones y soberanía.
En las primeras etapas de la crisis, Washington había hecho llegar a Irán otro documento, de 15 puntos, mediante Pakistán.
Según Al Jazeera, ese planteamiento estadounidense incluía un alto el fuego de 30 días, el desmantelamiento de instalaciones nucleares iraníes, restricciones al programa de misiles y la reapertura del estrecho.
A cambio, Estados Unidos habría ofrecido eliminar las sanciones y apoyar la generación eléctrica en la central nuclear de Bushehr. Teherán calificó entonces aquella propuesta como excesivamente exigente y rechazó el esquema de alto el fuego temporal.
El contraste ayuda a entender el actual bloqueo diplomático: Washington quiere colocar el programa nuclear en el centro de la negociación, mientras Teherán busca primero reducir el bloqueo, las sanciones y la presión militar antes de entrar en una negociación de fondo.
La crisis tampoco se limita a Washington y Teherán.
Qatar ha actuado como intermediario entre ambas partes, mientras Omán ha participado en conversaciones relacionadas con la navegación y la seguridad del estrecho. Además, países del Golfo han intentado encontrar fórmulas para evitar que la crisis de Ormuz se transforme en una interrupción prolongada del comercio energético mundial.
Reuters informó que una propuesta qatarí para establecer un marco común de seguridad entre Irán y los países del Golfo también estaba siendo considerada, aunque sus detalles no habían sido hechos públicos.
Esto revela que Ormuz es mucho más que una disputa bilateral. El estrecho conecta las rutas energéticas del Golfo con los mercados internacionales y cualquier interrupción prolongada repercute sobre el precio del petróleo, el gas, el transporte marítimo y, finalmente, la inflación mundial.
Los reportes publicados este sábado indican que Trump rechazó la propuesta iraní, aunque Teherán continuaba esperando una respuesta oficial completa de Washington.
El Wall Street Journal, citado por Reuters y otros medios, informó que Trump considera que las condiciones iraníes no son suficientes y que habría transmitido a sus colaboradores su expectativa de que las operaciones militares puedan reanudarse después de las elecciones legislativas estadounidenses de noviembre.
La posición estadounidense parte de una premisa diferente a la iraní: Washington considera que su presión militar, económica y naval puede obligar a Teherán a realizar mayores concesiones, mientras que Irán insiste en que no negociará bajo lo que considera coerción.
El presidente iraní Masoud Pezeshkian ha señalado que Teherán está dispuesto a negociar sobre su programa nuclear y otros asuntos, pero que no aceptará negociaciones basadas en amenazas o presión.
La importancia del estrecho explica por qué ambos gobiernos lo utilizan como instrumento de negociación.
Antes de la guerra, aproximadamente una quinta parte del petróleo y el gas comercializados mundialmente transitaba por esta vía marítima. Su interrupción ha tenido consecuencias mucho más allá de las costas iraníes y omaníes.
Para Irán, mantener capacidad de influencia sobre Ormuz representa una de las pocas herramientas con las que puede presionar simultáneamente a Washington y a las economías consumidoras de energía.
Para Estados Unidos, por el contrario, garantizar la libertad de navegación constituye un objetivo estratégico y económico.
De ahí que la propuesta iraní de siete días no sea simplemente un acuerdo sobre navegación. Es, en realidad, un intento de convertir la reapertura de Ormuz en la primera etapa de una negociación mucho más amplia sobre la guerra, las sanciones, el petróleo, el programa nuclear y el futuro de la seguridad regional.
Por ahora, Trump ha optado por rechazar el esquema planteado por Teherán. La cuestión que queda abierta es si Washington presentará una contrapropuesta o mantendrá la presión militar y económica.
La diplomacia, sin embargo, no parece completamente cerrada. Los contactos indirectos a través de Qatar continúan y funcionarios estadounidenses han descrito algunas de esas conversaciones como positivas y constructivas.
El problema es que las dos partes siguen defendiendo órdenes de negociación diferentes: Irán quiere primero aliviar la presión y después negociar; Estados Unidos quiere utilizar la presión para obtener concesiones antes de cerrar un acuerdo. Mientras esa diferencia no se resuelva, el estrecho de Ormuz continuará siendo uno de los principales puntos de tensión de la política internacional.