Trump, Putin y la promesa de paz: entre la retórica y la realidad.
Foto: Cortesía.
Por Alonso Rosales.
Durante su campaña electoral, el presidente Donald Trump lanzó una promesa de alto impacto: “Puedo resolver la guerra entre Rusia y Ucrania en 24 horas”. Con esa afirmación buscó posicionarse como un negociador nato capaz de detener uno de los conflictos más sangrientos de la década con tan solo un llamado telefónico. Lo cual no logro
Fuentes cercanas a su entorno han señalado que Trump contempla ahora dar hasta 50 días a Vladimir Putin para iniciar un proceso de diálogo con Ucrania y le enviará armas a la OTAN para Ucrania . Este plazo, aunque todavía corto para estándares diplomáticos, representa un giro respecto a su promesa inicial de una solución “inmediata”.
Kaja Kallas jefa de diplomacia Europea dijo hoy que el plazo de 50 dias es muy largo y que no basta poner aranceles a los que compran petróleo a Rusia .
Amenazas de sanciones… que ya no preocupan a Moscú
Trump también ha advertido que, si Rusia no muestra voluntad de negociar, su gobierno impondría nuevas sanciones económicas. Sin embargo, expertos en relaciones internacionales coinciden en que las sanciones estadounidenses han perdido efectividad.
“La economía rusa ha sido capaz de adaptarse al aislamiento financiero occidental en buena parte gracias a su integración comercial con países como China, India e Irán”, explica Fiona Hill, ex asesora del Consejo de Seguridad Nacional de EE.UU. y experta en Rusia. “Putin ha encontrado un colchón económico en el bloque BRICS y en otros mercados no alineados con Washington”.
Actualmente, las importaciones rusas desde Estados Unidos no superan los 2,500 millones de dólares al año, según datos del U.S. Census Bureau, una cifra relativamente baja que limita el poder de presión económico de Washington. Mientras tanto, las exportaciones rusas a los países BRICS se han disparado. Solo en 2023, las ventas de crudo ruso a China alcanzaron cifras récord, superando los 100 mil millones de dólares en valor comercial, según la agencia Bloomberg.
Los BRICS: la otra columna de apoyo de Putin
El bloque BRICS —Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica— representa hoy más del 31% del PIB global ajustado por paridad de poder adquisitivo, superando incluso al G7, según datos del Fondo Monetario Internacional (FMI). Para Moscú, este bloque es clave no solo en lo económico, sino también en lo geopolítico.
“Las sanciones pierden eficacia cuando no son globales”, explica el profesor Jeffrey Sachs, economista de la Universidad de Columbia. “Rusia simplemente redirige su comercio hacia socios que no participan en la estrategia occidental de aislamiento, como China, India o Emiratos Árabes Unidos. Eso le permite mantener sus ingresos sin depender de Occidente”.
Además, Rusia y sus socios BRICS están promoviendo acuerdos en monedas locales para reducir la dependencia del dólar. China ha comenzado a pagar parte del petróleo ruso en yuanes, e India ha establecido un sistema de compensación en rupias. Todo esto debilita las sanciones tradicionales que dependen del control estadounidense del sistema financiero global.
Trump y la paz: de las 24 horas a los 50 días
Aunque Trump no ha reconocido públicamente su cambio de postura, el paso de una promesa de “resolver todo en 24 horas” a un margen de 50 días indica una adaptación al contexto real. Analistas políticos como Ian Bremmer, presidente del Eurasia Group, creen que Trump subestimó la complejidad del conflicto.
“La guerra en Ucrania no es solo un problema entre dos países. Es una lucha por el futuro del orden internacional. Pensar que se puede resolver en un día demuestra una visión ingenua o simplemente populista”, declaró Bremmer a Politico.
Trump enfrenta un dilema: sus amenazas de sanciones carecen del peso que tenían hace una década, y su margen de maniobra en política exterior puede verse limitado por la creciente polarización global y la pérdida de influencia de Washington en ciertas regiones del mundo.
En medio de un conflicto estancado, con miles de muertos y millones de desplazados, las soluciones simplistas ya no convencen. El presidente Trump, que basó parte de su capital político en promesas de eficacia y rapidez, se encuentra ahora frente a una realidad mucho más compleja. Rusia ya no depende de EE.UU., y el mundo no gira en torno a Washington como en décadas pasadas.
La paz en Ucrania, si llega, no será fruto de una llamada telefónica ni de un acuerdo exprés. Requerirá diplomacia sostenida, concesiones mutuas y, sobre todo, un enfoque global que reconozca el nuevo mapa de poder mundial. Y ese es un terreno que ni siquiera un político tan experimentado como Trump puede controlar en 24 horas.
Fuentes:
-France 24
-Medios internacionales