Trump no fue al Súper Tazón y pidió boicot por Bad Bunny  y el resultado fue todo lo contrario

Por Alonso Rosales

La Super Bowl LX del 8 de febrero de 2026 no será recordada únicamente por el resultado deportivo —los Seattle Seahawks derrotaron a los New England Patriots 29-13— sino por lo que ocurrió en el medio tiempo: un espectáculo que no solo rompió récords de audiencia, sino que reconfiguró la narrativa cultural en Estados Unidos.

El presidente Donald Trump anunció semanas antes que no asistiría al evento y llamó —en sus redes sociales y discursos— a boicotear la presentación de Bad Bunny y Green Day, criticando con dureza la elección artística y cultural del programa. Su objetivo era claro: erosionar el impacto del espectáculo y replegar a un público que él percibe como “ajeno” a sus valores. Pero lo que ocurrió fue exactamente lo contrario.

Bad Bunny, el artista puertorriqueño —Benito Antonio Martínez Ocasio— hizo historia en el Levi’s Stadium de Santa Clara, California, con un show de medio tiempo completamente en español, un hito sin precedentes en la historia de la NFL.

 Un elenco de artistas y apariciones inolvidables

El espectáculo, promocionado como el Apple Music Super Bowl LX Halftime Show, fue un festín de música, cultura y símbolos puertorriqueños y latinoamericanos:

  • Lady Gaga —la superestrella global— sorprendió al público con una versión salsa de su éxito “Die With a Smile”, fusionando estilos y marcos culturales en un solo momento teatral.
  • Ricky Martin, icono puertorriqueño, acompañó a Bad Bunny en la interpretación de “Lo Que Le Pasó a Hawaii”, un momento cargado de emoción y simbolismo sobre identidad y desplazamiento cultural.
  • Los Pleneros de la Cresta, grupo tradicional de plena, aportaron raíces musicales profundas a la ceremonia.

La escena también incluyó un mosaico de celebridades y figuras culturales alrededor del set, conocido como la “casita” —una recreación simbólica de un vecindario puertorriqueño— con apariciones de:

  • Pedro Pascal
  • Cardi B
  • Karol G
  • Young Miko
  • Jessica Alba
  • Alix Earle
  • David Grutman
  • Ronald Acuña Jr.
  • Los boxeadores Xander Zayas y Emiliano Vargas

Cada uno aportó su presencia a una narrativa visual que celebró la diversidad y la influencia de comunidades que usualmente no ocupan el centro del escenario global.

 Toñita y Villa’s Tacos: cultura viva sobre el césped

Dos momentos humanamente memorables fueron las interpretaciones simbólicas de cultura y comunidad que Bad Bunny incluyó dentro de su show:

  • María Antonia “Toñita” Cay, de más de 80 años, propietaria del Caribbean Social Club en Little Caribbean, Brooklyn (Nueva York), fue mostrada brevemente sirviendo una bebida a Bad Bunny durante la actuación. Toñita es una figura querida, dueña de uno de los últimos clubes sociales puertorriqueños en Nueva York, fundado en los años setenta y convertido en un centro de comunidad y resistencia cultural frente a la gentrificación.
  • Víctor Villa, fundador de Villa’s Tacos, una taquería de Highland Park (Los Ángeles), apareció como parte del escenario con su puesto de tacos, destacando los pequeños negocios latinos y la vitalidad de la cultura migrante. Su historia —empezando a vender tacos en el patio de su abuela— fue proyectada como un símbolo de orgullo y perseverancia.

Estos toques —una abuela puertorriqueña sirviendo una bebida, un taco cart de Los Ángeles compartiendo espacio con iconos pop— no fueron casuales: fueron declaraciones culturales explícitas sobre quiénes son realmente los protagonistas de la América multicultural.

 Más allá de la música: una declaración política sin pedir permiso

Trump esperaba que su llamado al boicot debilitara o redujera la audiencia. Pero la realidad fue diametralmente opuesta: el show rompió récords de audiencia televisiva, con estimaciones que superan los 142 millones de espectadores, sin contar vistas en plataformas como X, YouTube, TikTok o Instagram.

En las afueras del Levi’s Stadium, manifestantes se reunieron contra las políticas de ICE y en rechazo al autoritarismo del mandatario. El país vio una escena donde el arte y la resistencia cultural se encontraron en un solo lugar.

Este espectáculo nos recuerda algo profundo: la cultura siempre encuentra maneras de abrirse paso. Cuando sectores reaccionarios intentan imponer una visión monolítica de identidad nacional, las expresiones culturales diversas —teñidas de ritmo, historia y memoria— emergen con fuerza, invitando a pensar, a sentir y a cuestionar. El despertar colectivo que muchos observamos en Estados Unidos no es un accidente; es una respuesta a décadas de silencios y exclusiones.

Y aunque la memoria colectiva puede ser corta, lo que quedó en Santa Clara esa noche —del rey del trap latino al taco humilde y la señora que ha atendido a generaciones enteras— fue un recordatorio de quiénes somos y de qué estamos hechos. Las grandes alamedas siempre florecen después de las tormentas culturales, y este halftime show fue, literalmente, la música celebrando la primavera.