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Por Alonso Rosales
Hace un año, la administración de Donald Trump tomó una de las decisiones más destructivas y deshumanizantes en la política exterior reciente: el desmantelamiento casi total de la Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID), la principal entidad estadounidense dedicada a la ayuda humanitaria y al desarrollo global. Esta medida, impulsada bajo la bandera de una política aislacionista y de “América Primero”, no solo congeló fondos y programas esenciales, sino que ha puesto en riesgo la vida de millones de personas en todos los continentes —adultos, niños, mujeres embarazadas y poblaciones vulnerables sin distinción—, mientras que las élites acomodadas, incluidos Trump y sus aliados más ricos como Elon Musk, duermen tranquilos sin pagar precio alguno por lo que podría convertirse en una de las decisiones más letales de la década.
Los recortes de USAID no fueron un ajuste administrativo menor, sino una amputación radical de la asistencia que durante décadas había contribuido a reducir mortalidad, mejorar sistemas de salud, combatir epidemias y ofrecer alimentos, agua y refugio a poblaciones en crisis. Investigaciones recientes proyectan un impacto devastador: si estos recortes continúan, podrían resultar en más de 14 millones de muertes adicionales para 2030, incluyendo más de 4.5 millones de niños menores de cinco años que morirían por causas evitables.
Países y regiones más afectados
Aunque los efectos se sienten globalmente, algunos países y regiones están entre los más golpeados:
Un desastre humanitario con nombres propios
La decisión de Trump y la participación pública de Elon Musk —quien presumiblemente celebró el cambio interno de la agencia— simbolizan cómo la concentración de poder en las élites puede traducirse directamente en sufrimiento humano masivo. La eliminación de fondos para vacunas, nutrición infantil, tratamientos para VIH/SIDA, programas de agua limpia y servicios de emergencia no solo desmonta décadas de progreso, sino que pone vidas en una balanza grotesca donde la ganancia política pesa más que las vidas humanas.
Estudios epidemiológicos muestran que USAID había ayudado a prevenir decenas de millones de muertes entre 2001 y 2021, con programas que redujeron mortalidad general y de menores de cinco años en múltiples países. Los expertos advierten que la reversión de estos programas no es una simple reducción de servicios—es una sentencia de muerte evitable para millones.
Por qué es gravísimo
El cese de estos fondos no solo afecta servicios directos; afecta sistemas completos de salud, educación, nutrición, saneamiento y respuestas a crisis. La retirada de financiación amenaza con detonar epidemias, hambre severa y crisis de refugiados a una escala que rivaliza con pandemias o conflictos armados.
Mientras tanto, Trump y otros voceros de la política aislacionista argumentan en Washington que tales decisiones “protegen intereses nacionales” y reducen gastos en el extranjero. Sin embargo, esta lógica ignora que la salud y estabilidad global están interconectadas con la seguridad de todos, incluida la de Estados Unidos. La visión miope de poner ganancias y privilegios antes que vidas humanas expone una crueldad ética intolerable.
Fuentes: