La cantautora estadounidense vuelve después de cinco años con una obra conceptual que combina crítica social, introspección y algunos de los momentos más inspirados de su producción reciente.
Zarko Pinkas |
La cantautora estadounidense vuelve después de cinco años con una obra conceptual que combina crítica social, introspección y algunos de los momentos más inspirados de su producción reciente.
En una industria musical obsesionada con la inmediatez, la productividad constante y la necesidad de permanecer siempre visible, Tori Amos parece habitar un tiempo distinto. A sus 62 años, la artista estadounidense continúa desarrollando su carrera con una libertad creativa que pocos músicos de su generación conservan. No corre detrás de tendencias ni parece preocupada por los ciclos de consumo acelerado que dominan el mercado actual. Publica cuando considera que tiene algo que decir.
Esa filosofía vuelve a quedar en evidencia con In Times Of Dragons, su primer álbum de estudio desde Ocean to Ocean (2021), un trabajo concebido durante los años de confinamiento y marcado por una atmósfera introspectiva. Entre ambos discos han transcurrido cinco años en los que Amos no ha permanecido inactiva: participó en proyectos literarios y musicales paralelos, pero reservó el tiempo necesario para construir una nueva obra con identidad propia.
Desde sus primeras declaraciones sobre el proyecto, la autora adelantó que se trataba de un trabajo conceptual. Como ocurrió en Scarlett’s Walk (2002), disco influido por el clima emocional posterior a los atentados del 11 de septiembre, In Times Of Dragons utiliza un personaje ficticio para recorrer las canciones y observar un mundo convulso. El recurso narrativo permite a Amos abordar temas políticos, sociales y personales sin caer en el discurso directo, una estrategia que ha caracterizado buena parte de su obra desde los años noventa.
El álbum tiene además un rasgo distintivo: Amos asume el control absoluto del proceso creativo. Además de escribir y componer, se encarga de la producción, lo que se traduce en un sonido que responde plenamente a su visión artística. La voz continúa siendo uno de sus mayores activos. Conserva la capacidad de transmitir fragilidad y fuerza en una misma interpretación, una cualidad que ha acompañado su trayectoria desde el emblemático Little Earthquakes de 1992.
Musicalmente, In Times Of Dragons se presenta como una obra más robusta y combativa que sus predecesores inmediatos. La tensión política que atraviesa el álbum se convierte en combustible emocional para canciones que hablan de una sociedad que parece acercarse peligrosamente al borde del abismo. La apertura con “Shush” funciona como una declaración de principios: una composición de gran contundencia sonora que marca el tono de lo que vendrá después.
La canción que da nombre al álbum profundiza esa sensación de amenaza y resistencia. El protagonismo del bajo desplaza parcialmente al tradicional piano de Amos y construye una atmósfera más oscura, casi épica. Sin embargo, la artista evita quedar atrapada en un único registro emocional. Como ha sucedido a lo largo de toda su carrera, las sombras conviven con momentos de belleza luminosa.
En ese equilibrio destacan piezas como “Provincetown” y “St. Teresa”, esta última especialmente evocadora y cercana al espíritu que convirtió a Little Earthquakes en un clásico contemporáneo. También hay espacio para la intensidad melódica de “Strawberry Moon”, los matices teatrales y cabareteros de “Fanny Faudrey” y la participación de su hija Tash en “Stronger Together”, una colaboración que aporta un matiz íntimo a un disco dominado por las preocupaciones colectivas.
Más que una simple colección de canciones, In Times Of Dragons parece concebido como un viaje a través de tiempos inciertos. Los dragones del título funcionan como símbolos de resistencia, imaginación y supervivencia frente a un entorno cada vez más turbulento. En una época donde abundan los discursos simplificados y las respuestas inmediatas, Tori Amos continúa apostando por la complejidad emocional y la reflexión.
Cinco años después de su último álbum de estudio, la artista demuestra que la espera puede ser una virtud. In Times Of Dragons no pretende seguir el ritmo frenético del presente. Prefiere observarlo desde cierta distancia, interpretarlo y transformarlo en música. Y en ese proceso vuelve a recordar por qué sigue siendo una de las compositoras más singulares e influyentes de las últimas décadas.