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sábado, 16 de octubre del 2021

Songo y Borondongo

En 1953 Celia Cruz popularizó con la Sonora Matancera BURUNDANGA de Oscar Muñoz Bouffartique, quien no imaginó que su significado tendría vigencia enriquecida en el actual contexto político salvadoreño del siglo 21. “Songo le dio a Borondongo, Borondongo le dio a Bernabé, Bernabé le pegó a Muchilanga, le echo a Burundanga, les hinchan los pies”, podría perfectamente ser una analogía discursiva y actoral de lo que se vive y desvive a diario en ese paisito que tanto me gusta y duele.

Vamos por pasos para tratar de comprender el símil y la caricatura que se acopla tan bien a la canción cubana, que al igual que la política pocas veces entendemos. El termino burundanga es un vocablo africano que según la RAE significa “estar enredado, confuso; cuando una cosa es inútil y de poco valor. Un hecho o comunicación verbal disparatada”, como los que nos tienen acostumbrados la clase política nativa con sus berrinches y matracas discursivas.

El significado de la RAE encaja en el actuar político nacional como en la canción. Las informaciones de la “falsimedia” y los intentos de crear contrainformaciones por parte de la pluralidad partidaria, se asemejan grandemente a la dinámica entre Songo y Borondongo y este con Bernabé. Un ejemplo dispuesto es la aprobación del decreto legislativo 593, donde el poder legislativo y ejecutivo se echan burundanga mutuamente, entre el enredo y la confusión que generan.  Ese enredo que en menos de 24 horas tuvo otra torcedura, inútil y de poco valor retroactivo en la psicología de masas, ha reforzado el imaginario de una clase política inútil, sacando tajada sistemáticamente mediante la descalificación y el odio.

La responsabilidad del decreto aprobado el 14 de marzo, interpretado el 26 del mismo mes y retractado un día después, no debería recargarse a un solo poder del Estado. Es parte de una cultura política donde el cálculo y la raja política trasciende más allá de los medios y las mediaciones. Estar echándose las culpas en lugar de buscar consensos equivale a buscar a estas alturas al responsable de la crisis mundial generada por el COVID 19, en lugar de prevenir su propagación. El rintintín debe focalizarse en solucionar el problema en lugar de profundizarlo con debates virulentos y escandalosos que solo calientan las redes sociales, activando todo tipo de violencia.

Ganar mentes y corazones sigue siendo la forma que esta clase política usa para convencernos y sacar rebanada de cada momento y aspecto de la realidad nacional y sus desgracias. Parece que no hay ningún interés en ponerse de acuerdo entre los poderes del Estado y que el bien común prevalezca sin que medie la avaricia y el protagonismo. El discurso es grave y los resultados serán igualmente desastrosos como los que habrá que contar una vez pase esta crisis. La inteligencia política ha sido sustituida por la tarascada en contra del adversario y a favor de mantener el estatus político y económico alcanzado. La ANEP y sus socios saben mucho de esto y conocen como sacarle provecho, incluso como administradores de crisis y recursos donde salen generalmente gananciosos.

Las acusaciones que van y vienen, junto al lenguaje subido de tono con que se enfocan los problemas nacionales, hacen de la clase política una canción de mal gusto, en la que a muchos salvadoreños no nos gustaría actuar o bailar como focas ni como marionetas. La manipulación constante e intencionada de cada acto hace de la clase política una especie de horchata que solo alimenta el desgano social y la frustración de quienes no terminan de asimilar que ya no son protegidos por el Estado como empleados públicos y de aquellos que han llegado a remplazarlos en todas su mañas y vicios en sucesivos gobiernos. No se puede justificar un acto político de un funcionario público a partir de lo que el adversario hace, sino de lo que la gente y este país necesita.

El rol de la sociedad es fundamental para frenar el circo que vivimos y comenzar a bailar otro son o quizá alguna guaracha. El fanatismo, el oportunismo, la divulgación de mentiras e informaciones falsas que desbordan el pánico con noticias incendiarias debe dejar de ser parte de nuestra cultura política.  La función del circo y el actuar de los monos debe ser mínimamente la de un homosapiens, donde la crisis nos deje sabiduría, aunque sea para no aplaudir ni bailar al ritmo del actuar político nacional.  

La canción también aplica para aquel ciudadano que ha mantenido su trabajo y que no ha dormido pensando qué hará con las 300 monedas que les darán a partir de este fin de semana, en detrimento de quien si lo necesita.

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