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viernes, 30 de julio del 2021

¿Sobresueldos son una forma de corrupción?

Los altos salarios que devengan los ejecutivos y asesores gubernamentales no corresponden con la situación económica de más del 95 % de la población salvadoreña

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Durante la administración del presidente Cristiani, los salarios de los ministros, presidentes de instituciones autónomas, directores y asesores fueron puestos al mismo nivel de los pagados en laS  grandes empresas privadas; de tal manera que los empresarios privados y empleados de los mismos, ocuparan esos puestos de trabajo. En esa época de post guerra la economí­a estaba creciendo rápidamente impulsada por el crecimiento de la demanda proveniente de los proyectos financiados por la cooperación internacional, administrados por las ONGss y las instituciones gubernamentales; la economí­a nacional inició su estancamiento estructural durante la administración de Calderón Sol y ha continuado hasta la fecha. La gran empresa privada, así­ como los gremios empresariales y sus llamados “tanques de pensamiento”, reaccionaron ante el estancamiento económico, disminuyendo la mayorí­a de los salarios de sus empleados en el nivel ejecutivo y aplicando la flexibilidad laboral (contratos temporales, etc.) al resto del personal; la mayorí­a de los familiares que trabajan en la empresa, han visto aumentado sus salarios en la medida que los auditores del Ministerio de Hacienda lo han permitido.

No obstante que el estancamiento económico era evidente, los salarios de los ejecutivos y asesores del sector público continuaron aumentando lentamente y la mayor parte de los fondos de la partida secreta de Casa Presidencial se utilizaron para pagar sobresueldos a la mayorí­a de dichos ejecutivos y asesores, así­ como en compensaciones monetarias  a diputados y/o partidos polí­ticos de oposición para que dieran sus votos para aprobar préstamos y presupuestos desfinanciados.

La práctica generalizada de los sobresueldos finalizó durante la administración de Sánchez Cerén debido a motivos tales como: la convicción de no continuar abonando a la desigual distribución del ingreso, la prioridad de utilizar los fondos públicos en programas sociales y las limitaciones financieras del actual gobierno.

En los últimos meses se ha hecho público el asunto de los sobresueldos como un acto de corrupción: al principio fue negado por la mayorí­a de los beneficiados de esta polí­tica gubernamental; luego las revelaciones de algunos beneficiados que consideraban que no habí­a sido un acto de corrupción hizo que finalmente se aceptara públicamente que el fenómeno realmente habí­a existido.

Las primeras propuestas para resolver este problema de administración de salarios fue que se responsabilizara legalmente a los presidentes de la república, responsables de haber utilizado a discreción la partida secreta de Casa Presidencial y que devolvieran el dinero mal utilizado; cuando empezaron a publicarse documentos de personas que habí­an recibido sobresueldos, se propuso que se juzgara a los beneficiarios y que devolvieran el dinero recibido por ese concepto; cuando algunos de los beneficiarios aceptaron haber recibido sobresueldo como una compensación a sus capacidades profesionales, se ha comenzado a justificar esta polí­tica gubernamental de salarios.

Especí­ficamente, el señor Javier Simán, un reconocido empresario, presidente de la Asociación Salvadoreña de Industriales (ASI),  quien no parece haber ejercido funciones de ejecutivo o asesor gubernamental, plantea que una parte de los casos de sobresueldos es una forma de remuneración adecuada a ese tipo de funcionarios y que la solución es aumentar los salarios de los mismos, incorporando los sobresueldos en el salario establecido legalmente. [1]

Personalmente creo que los altos salarios que devengan los ejecutivos y asesores gubernamentales no corresponden con la situación económica de más del 95 % de la población salvadoreña y a la situación financiera del Sector Público, por esa razón he venido proponiendo desde hace varios años que se disminuyan los salarios de esos funcionarios.

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Santiago Ruiz
Columnista Contrapunto
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