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sábado, 16 de octubre del 2021

Reforma fiscal para el desarrollo económico y social

Para que las polí­ticas económicas tengan éxito deben responder a intereses de grupos sociales y a los procesos que estos grupos sociales están impulsando.

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La economí­a de un paí­s está sujeta a leyes que dependen del comportamiento de los grupos sociales que intervienen en el proceso de producción y comercialización de bienes y servicios, así­ como en la distribución del valor generado en dicho proceso. Para que las polí­ticas económicas tengan éxito deben responder a intereses de grupos sociales y a los procesos que estos grupos sociales están impulsando.

El modelo de desarrollo económico neoliberal está muriendo lentamente en el paí­s, desde hace veinte años. En el año 1998, la Comisión de Plan de Nación, nombrada por el Presidente Calderón Sol reconoció implí­citamente que las reformas neoliberales de la década de los noventa no necesariamente crearí­an las condiciones mí­nimas para el desarrollo, especí­ficamente en lo relativo al fomento de las actividades productivas y el mejoramiento de la satisfacción de las necesidades básicas. Ahora es evidente que el modelo neoliberal está agotado, muestras de ello son: el bajo crecimiento de la producción desde el año 1995, la fuga de capitales salvadoreños a otros paí­ses, así­ como la migración de mano de obra calificada.

Está emergiendo un nuevo modelo de desarrollo capitalista en el paí­s que puede favorecer por varias décadas a la mayorí­a de la población salvadoreña. En los años ochenta, durante la guerra civil, se observó que la pequeña y la mediana empresa estaban sosteniendo la economí­a salvadoreña. En el año 1998, la Comisión de Plan de Nación reconoció que este tipo de empresa estaba aumentando significativamente. En el año 2006, el grupo oligárquico se dio cuenta que el fortalecimiento de esas empresas disminuirí­a su poder económico y social; en ese mismo año, el FMLN comenzó a tomar en serió ese fenómeno que se vení­a observando desde veinte y tres años antes; un año después lo incorporó en el diagnóstico y estrategia de desarrollo económico de su Plan de Gobierno 2009-2014. En el Plan Quinquenal 2010-2014, se definió una la estrategia de transformación productiva para apoyar este nuevo modelo capitalista, la cual contení­a: el fortalecimiento de la base empresarial, la reconstitución del tejido productivo (fortalecimiento de los sectores productivos), reforma estructural y funcional del Estado, ordenamiento e integración territorial, infraestructura productiva y social, incremento de la productividad, ampliación del mercado interno, integración centroamericana, profundización y diversificación de las relaciones comerciales. La puesta en práctica de esta estrategia ha dado como primeros resultados, los siguientes:  disminución del poder económico que tiene la oligarquí­a sobre el Estado Salvadoreño, contratando compras gubernamentales de bienes y servicios al mejor postor y no necesariamente a las grandes empresas; fortalecimiento significativo de  la micro, pequeña y mediana empresa urbana, mediante la asistencia técnica y administrativo, así­ como facilidades de crédito en los bancos propiedad del Estado; mejoramiento del programa de agricultura familiar en lo relativo a la entrega del paquete agrí­cola y asistencia técnica, caminos rurales y centros de acopio que comercializan productos de los agricultores pequeños y medianos;  mejoramiento de los trámites para que mayor número de empresas puedan participar en el comercio exterior; aumento del consumo de bienes y servicios básicos de los sectores más pobres de la población.

La problemática fiscal es compleja, tanto desde el punto de vista coyuntural como estructural.

La problemática fiscal coyuntural se refiere al financiamiento a largo plazo de la deuda de corto plazo (Letes y cuentas por pagar), el cual se ha realizado todos los años por acuerdo entre los partidos polí­ticos, pero este año ARENA condiciona sus votos a que el gobierno demuestre que está dispuesto a resolver el problema fiscal estructural.

La problemática fiscal estructural puede caracterizarse de la manera siguiente: presupuestos desfinanciados; carga tributaria relativamente baja (16 %), en relación a otros paí­ses de similar nivel de desarrollo; elevado nivel de evasión, elusión y apropiación privada del IVA; gastos innecesarios (subsidios, salarios ejecutivos, viáticos, viajes, publicidad, etc.); uso ineficiente de recursos por parte del Estado; sistema de pensiones que no es auto sostenible; déficit fiscal en cada año; fuerte endeudamiento (63 % del PIB y $ 1.020 por habitante); financiamiento de la deuda con tendencia a encarecer (aumento de tasas de interés y menor calificación de riesgo). Esta problemática fiscal estructural es producto del bajo crecimiento económico (agoní­a del modelo neoliberal); decisiones fiscales que se hicieron o que se dejaron de hacer durante los últimos veinte y cinco años (gobiernos de ARENA y FMLN);  y la existencia de problemas burocráticos en las entidades públicas  y algunas empresas privadas.

La reforma fiscal debe tomar en cuenta que el modelo económico neoliberal está agotado, que una de las causas de la problemática fiscal fue la aplicación de la estrategia económica neoliberal, así­ como que hay un modelo económico capitalista que está emergiendo y que el gobierno tiene que continuar apoyándolo. Esto significa que la reforma fiscal debe tener las caracterí­sticas siguientes: estar en lí­nea con las caracterí­sticas del nuevo modelo capitalista emergente, durante los próximos veinte años; los presupuestos deben ser en base a objetivos y estar completamente financiados; los cambios en los ingresos públicos deben estar orientados a garantizar la suficiencia en el financiamiento público con un sentido de progresividad (impuestos a la renta, patrimonio, bienes y servicios no necesarios, ganancias en el exterior); los gastos públicos deben garantizar la ampliación de la cobertura y calidad de los bienes y servicios públicos,    tener una  mayor efectividad (esto incluye la mayor focalización o eliminación de subsidios gubernamentales) y eliminar los gastos innecesarios; crear un sistema de pensiones mixto, en que ambos pilares sean auto sostenibles (en el que el análisis actuarial puede concluir que deben cambiar los parámetros de  edad de jubilación, cotización, etc.) y se logre una mayor cobertura; el gobierno puede continuar pidiendo prestando al Fondo de Pensiones, siempre que pague una tasa de interés equitativa para ambas partes, tomando de referencia la tasa de mercado; la deuda pública proyectada no deberí­a de ser mayor del 80 % en su punto más alto.

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Santiago Ruiz
Columnista Contrapunto
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