Por Alonso Rosales Analista Internacional
El miércoles, 15 de Octubre, decenas de periodistas que cubren el Pentágono presentaron sus credenciales y abandonaron sus oficinas dentro del edificio en protesta contra una nueva normativa que consideran una amenaza grave para la libertad de prensa.
A continuación, explico en qué consisten esas nuevas reglas, por qué están siendo percibidas como una “mordaza”, y cómo se ha respondido este movimiento.
¿Qué nuevas normas impone el Pentágono?
Según los informes periodísticos, estas son las disposiciones más relevantes:
- Reconocimiento obligatorio de las reglas
Los medios deben firmar un documento en el que “reconocen” las nuevas normas de acceso al Pentágono. Si no lo hacen, corren el riesgo de perder su acceso y credenciales de prensa. - Revocación de acreditaciones si se solicitan informaciones “no autorizadas”
Bajo las reglas impuestas, el Pentágono puede revocar credenciales de periodistas que intenten solicitar o divulgar información clasificada, e incluso cierta información no clasificada que no haya sido autorizada oficialmente. - Restricciones de circulación y movimiento dentro del edificio
Se limita el libre movimiento de los periodistas dentro de las instalaciones del Pentágono. En algunos casos exigirán escolta, zonas autorizadas, o prohibirán el acceso a ciertas oficinas o pasillos. - Limitaciones para solicitar información no divulgada
Las reglas prescriben que los periodistas no pueden “solicitar” información que no haya sido autorizada para difusión pública, lo cual socava la labor de investigación, entrevistas y solicitudes de fuentes internas. - Ambigüedad legal / riesgo penal
Parte del rechazo de los medios se basa en que las reglas podrían facilitar acciones legales contra periodistas bajo leyes de seguridad nacional o “espionaje”, al insinuar que pretenden criminalizar la publicación de información no aprobada. - Expansión discursiva del control sobre la prensa en el ámbito militar
Estos cambios representan un desplazamiento de reglas relativamente simples (antes de una sola página) a una normativa de 21 páginas con cláusulas más amplias y punitivas.
¿Por qué la prensa lo tilda de “mordaza”?
- Amenaza a la libertad de prensa y transparencia
Los medios argumentan que estas normas impiden que los periodistas realicen su labor libre e independiente, al tener que pedir permiso o evitar preguntar cosas sensibles. Se interpreta como un posible canal de censura previa. - Cláusulas vagas que dan discreción al Pentágono
Algunos términos son imprecisos (“información no autorizada”, “riesgo a la seguridad”) y le otorgan amplia discreción a la autoridad militar para decidir qué se puede reportar. - Presión institucional sobre periodistas
La exigencia de firmar estas reglas es vista como una forma de intimidar a los medios: si no aceptan, son expulsados; si aceptan, temen represalias por lo que informen. - Precedente peligroso en tiempos de seguridad nacional
Al tratarse del Pentágono, la rama más sensible del gobierno en materia de defensa y seguridad, estas restricciones pueden impactar información crucial para la opinión pública.
Reacción de los medios y consecuencias inmediatas
- Más de 30 organizaciones periodísticas importantes (Reuters, Associated Press, The New York Times, The Washington Post, ABC, NBC, CNN, Fox News y muchas otras) rechazaron firmar las reglas y devolvieron sus credenciales.
- La Pentagon Press Association (que agrupa a miembros del cuerpo de prensa del Pentágono) describió la medida como un golpe a la “libertad de prensa” y la rendición de cuentas pública.
- El portavoz del Pentágono, Sean Parnell, defendió la política argumentando que no se está pidiendo acuerdo, sino reconocimiento de las reglas, y que las medidas son necesarias por motivos de seguridad nacional.
- A partir de este momento, la cobertura del Pentágono deberá realizarse desde “afuera” del edificio, a través de medios alternativos, entrevistas externas, fuentes bajo reserva, o mecanismos digitales.
- Algunos medios han advertido que esta ruptura sin precedentes amenaza la vigilancia pública del gasto militar, las operaciones secretas y las políticas de defensa que ejecuta el gobierno.
Esta crisis abre una nueva etapa de tensión entre el gobierno de EE.UU. (a través del Pentágono) y los medios de comunicación, en la que se disputa el derecho a la información en temas de seguridad nacional. La pregunta clave que queda es: ¿cuánto terreno retrocederá la transparencia militar frente al nuevo control estratégico del discurso público?
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