Crédito CNN
Por Alonso Rosales
La generación Z está transformando profundamente la forma de entender el trabajo en México y en gran parte de América Latina. A diferencia de generaciones anteriores, estos jóvenes —nacidos entre 1997 y 2010— priorizan el bienestar emocional, la flexibilidad y el equilibrio entre la vida personal y laboral por encima del salario o el ascenso profesional.
Casos como el de Alejandro Guevara, un ingeniero que renunció a su empleo por las largas jornadas laborales, reflejan una tendencia creciente: el rechazo a modelos rígidos que limitan el tiempo personal. Para muchos jóvenes, trabajar horas extra de forma constante ya no es sinónimo de compromiso, sino de desgaste.
Especialistas señalan que esta generación busca lo que denominan “salario emocional”, es decir, beneficios no monetarios como horarios flexibles, trabajo remoto, buen ambiente laboral y liderazgo empático. Según datos del informe Workmonitor 2025 de Randstad, el 74 % de los jóvenes prioriza el equilibrio vida-trabajo y el 70 % la salud mental, incluso por encima del ingreso económico.
Esta tendencia no es exclusiva de México. En países como Colombia, Argentina, Chile y Brasil se observa un patrón similar: mayor rotación laboral, interés por el trabajo independiente y preferencia por esquemas híbridos. En muchos casos, los jóvenes optan por el freelancing o emprendimientos personales, aunque esto implique ingresos más inestables.
Para la socióloga mexicana Laura Martínez, este cambio responde a un contexto marcado por crisis económicas, digitalización y transformaciones sociales. “La generación Z creció viendo la inestabilidad laboral de sus padres y ha decidido no repetir ese modelo. Prefieren trabajos que les permitan vivir, no solo sobrevivir”, explica.
Por su parte, el analista laboral colombiano Andrés Ríos considera que no se trata de falta de compromiso, sino de una redefinición del éxito. “Estos jóvenes siguen siendo ambiciosos, pero su ambición no está centrada únicamente en el dinero o el poder, sino en la calidad de vida, el tiempo libre y el propósito personal”, afirma.
Otro rasgo distintivo es la menor atracción por cargos directivos. Para muchos jóvenes, asumir mayores responsabilidades sin mejoras significativas en su bienestar no resulta atractivo. En su lugar, buscan desarrollar múltiples habilidades, diversificar ingresos y mantener autonomía.
Este cambio de mentalidad representa un desafío para las empresas en América Latina, que deberán adaptarse para atraer y retener talento joven. La implementación de modelos híbridos, el uso de tecnología para la gestión laboral y la coherencia entre los valores corporativos y la práctica serán factores clave.
Más que una falta de interés por el trabajo, la generación Z plantea una nueva forma de integrarlo en la vida: como una herramienta para el bienestar y no como el eje central de la existencia.
Fuente CNN