País de Nunca Jamás | Mención honórifica del Certamen Voces de ContraPunto

El país de la sonrisa vuelve a sonreír, las mujeres más hermosas del mundo visitan sus balnearios más recónditos, los ausoles se vuelven santuario, capilla marcada para encender el fuego de todos los faros, estrellas que iluminan las tinieblas, hay interminables desfiles militares con decenas de tanquetas, helicópteros sobrevuelan el celeste cielo, en el calendario fechas subrayadas para conmemorar el día de la resurrección de todo /lo extinto.

Carlos Godoy | El Salvador

I
El país de la sonrisa vuelve a sonreír,
las mujeres más hermosas del mundo
visitan sus balnearios más recónditos,
los ausoles se vuelven santuario,
capilla marcada para encender el fuego
de todos los faros,
estrellas que iluminan las tinieblas,
hay interminables desfiles militares
con decenas de tanquetas,
helicópteros sobrevuelan el celeste cielo,
en el calendario fechas
subrayadas para conmemorar
el día de la resurrección de todo
/lo extinto.

II
Amanece a diario perfumado
y las viejas calles polvosas de tiempo
parecen confundirse
con las enormes alamedas,
las esquinas de la muerte hoy son
sucursales del buen vivir.
Lo he dicho y ahora lo rectifico;
no hay pequeños engendros de hombres
jugando a los dragones en los semáforos,
o niñas jugando a la madre que provee,
frente a los edificios que hablan
de lo civilizados que nos tornamos,
de la oscuridad
/a la mañana.

III
Hoy los gallos cantan en tono soprano

y las alarmas van perdiendo
cada vez su razón de ser,
nadie rompe los relojes,
nadie maldice la hora de levantarse,
trabajar se volvió un acto de profundo amor,
en los casos contrarios,
los archivos
rebalsan
de renuncias
voluntarias.

IV
Lloro al memorar los techos de plásticos
que llamamos escuela, aula, grado,

el piso de cemento, tierra, lodo,
la vida transcurre sin naufragios,
los laberintos son con salidas,
gratuitos y llenos de cuantiosa luminiscencia,
lo oscuro del paisaje
donde azotaba el calor o el torrencial frío
por la ausencia de las paredes,
aquella pizarra de tiza anunciando
vacaciones
y la lección de mi mamá me ama.

V
He visto el árbol más grande
que pueden ver

mis ojos
con millones de luces
que parecen vociferan
la buena nueva
en el lugar donde siempre se posó
la muerte.
Hoy lo histórico es real.
No solo es piedra, cemento, cables
Hombres a caballo,
Rótulos anunciando
lo antaño,
monumentos muertos
cagados por las palomas.

VI
Pero, acaso la sonrisa es exclusiva
¿es pecado el sudor?
el gritar itinerante o no

la fruta de la temporada
todo aquello que el buqué nombra cachada,
el accesorio que hará juego con todo
y con nada,
las transacciones con monedas reales,
el lecho de suelo y toalla,
el llanto natural del hijo con hambre
y del padre que se acuesta sin cenar.

VI
Hoy es tan fácil repetir que la izquierda
y la derecha son la misma mierda.
Y ahora más que nunca vale la pena
creer en los que no temen a nada.

El problema es que algunos sin miedo
saben de la ley de Agentes Extranjeros.
Y al ser recortados en el presupuesto
pasan a levantar la otra bandera.
Debemos de estar atentos de asnos
o aprendices de caudillos.
El hambre es un asunto urgente,
y el pan falta a la mesa más que ayer.

VII
Me angustia el hecho de volver el rostro
a lo nuevo,
parece lo próximo será
una poderosísima tormenta de nieve
que congele más que los pasos,
la memoria,
el andar de 300,000 personas.

-no masa-
El 22 de enero de 1980,
lo angustioso de las 150,000 almas
en el funeral del pastor.

VIII
Una señora se vuelve viral,
ante el atropello y acusación
asegura no es puta,
una niña la defiende elevando
el valor de los descalzos,
la Revitalización Urbana
contabiliza 35,000 mil desalojos,
mientras ellos se recetan
exenciones fiscales.

IX
Degusto de lo gastronómico.
Podría escribir esto
desde lo más nuevo en turismo
tomando un frappuccino
y un croissant de pistacho,
cada inauguración hay alboroto,
enormes colas en busca
de lo que antes compramos
sin tomarnos una fotografía
por la ocasión.

X
En la Plaza Universitaria
un carrusel nos da la bienvenida.
Y en cada vuelta que realiza
contemplo la idea que el sobrevivir
es por excelencia cíclico.
La entrada podría tener
la siguiente leyenda:
De entre las cenizas se elevan
los grandes edificios.
Pero, adónde quedan los cimientos,
la historia de la que refundaron
nuestra grandeza.


Comparte este contenido en: