Cuando los recuerdos comenzaron a desvanecerse, Francisco Rubio decidió mirar de frente aquello que la enfermedad iba transformando en su abuelo Neftalí. Durante cuatro años, su cámara acompañó ese proceso íntimo, familiar y doloroso, pero también lleno de gestos, historias y afectos que permanecieron aun cuando los nombres, los lugares y las certezas empezaron a desaparecer. El resultado es “Neftalí, lo que la memoria no borró”, exposición que el Museo de la Palabra y la Imagen (MUPI) presenta desde el 21 de septiembre, en el marco del mes del Alzheimer.
Cuando los recuerdos comenzaron a desvanecerse, Francisco Rubio decidió mirar de frente aquello que la enfermedad iba transformando en su abuelo Neftalí. Durante cuatro años, su cámara acompañó ese proceso íntimo, familiar y doloroso, pero también lleno de gestos, historias y afectos que permanecieron aun cuando los nombres, los lugares y las certezas empezaron a desaparecer. El resultado es “Neftalí, lo que la memoria no borró”, exposición que el Museo de la Palabra y la Imagen (MUPI) presenta desde el 21 de septiembre, en el marco del mes del Alzheimer.
Hay una forma particular de perder a alguien sin que esa persona deje de estar presente. Ocurre cuando la memoria comienza a borrar lentamente los lugares conocidos, los nombres familiares y las historias que durante años dieron sentido a una vida. El cuerpo permanece, la mirada permanece, la sonrisa permanece, pero algo comienza a cambiar. En ese territorio íntimo se sitúa el trabajo fotográfico de Francisco Rubio sobre su abuelo Neftalí.
Durante cuatro años, Rubio documentó el proceso causado por el Alzheimer en un hombre que había sido agricultor, pintor y albañil, cuya vida estuvo profundamente vinculada al trabajo, a sus historias y a la tierra de San Francisco Menéndez, en Ahuachapán. La cámara se convirtió entonces en una forma de acompañarlo y, al mismo tiempo, de conservar aquello que la enfermedad amenazaba con llevarse.
El resultado, “Neftalí, lo que la memoria no borró”, llega al Museo de la Palabra y la Imagen a partir del 21 de septiembre de 2026. La exposición propone una mirada íntima y familiar sobre la transformación de Neftalí y sobre las huellas que ese proceso dejó también en quienes estuvieron a su lado.
A medida que avanzó la enfermedad, sus recuerdos comenzaron a fragmentarse y su percepción de la realidad cambió. Neftalí fue olvidando lugares, nombres y certezas. Sin embargo, hubo aspectos de su personalidad que permanecieron en la memoria de quienes lo acompañaron: sus historias, su sonrisa, su terquedad y esa manera particular de mirar.
En ese sentido, las fotografías de Rubio trascienden el registro de una enfermedad. Son también un testimonio sobre el cuidado, los vínculos familiares y la dignidad de una persona mientras atraviesa la pérdida progresiva de sus recuerdos. La serie muestra que el Alzheimer no transforma únicamente la vida de quien lo padece; también modifica la cotidianidad, las emociones y las responsabilidades de quienes permanecen cerca.
La frase de Francisco Rubio resume buena parte del sentido de este proyecto: “Él había olvidado muchas cosas. Pero nosotros no lo olvidamos a él”.
La fotografía aparece así como una forma de resistencia frente al olvido. Cada imagen conserva un instante, una expresión, un espacio y una presencia que el paso del tiempo podría hacer desaparecer. En el caso de Neftalí, fotografiar también significó acompañar, observar y guardar una memoria familiar que no dependía únicamente de los recuerdos que él podía conservar.
Francisco Rubio es fotoperiodista y su trabajo ha explorado los derechos humanos y la desigualdad. Desde su labor en La Prensa Gráfica, ha recorrido durante seis años diferentes territorios del país para documentar historias de personas y comunidades afectadas por las violencias y las distintas formas de exclusión.
Con “Neftalí, lo que la memoria no borró”, su mirada se vuelve hacia una historia mucho más cercana. Ya no se trata solamente de observar y registrar una realidad social, sino de mirar a un familiar y acompañarlo durante uno de los procesos más difíciles de su vida.
La exposición se presenta en el MUPI en el marco de la conmemoración del Día Internacional del Alzheimer, reivindicando el valor de la fotografía como herramienta para preservar la memoria. Porque cuando una enfermedad comienza a borrar los recuerdos de una persona, también puede quedar una memoria construida por quienes la amaron, la cuidaron y estuvieron allí.
Y es precisamente esa memoria la que esta exposición intenta conservar: la de Neftalí, no solamente como un hombre que padeció Alzheimer, sino como el agricultor, pintor, albañil, abuelo y ser humano cuya vida dejó huellas en quienes lo rodearon. Una memoria que la enfermedad pudo fragmentar, pero que no consiguió borrar.