Te amo con tanto odio, con tanta rabia, con tanto olor a nada.
Por Zarko Pinkas-Ramírez
La piel se me abre en un silencio frío,
como si el mundo olvidara mi nombre.
Soy un temblor sin luz, un hilo que se desprende
del borde nocturno de la existencia;
camino hacia esa sombra que disuelve,
donde ya no duele, donde ya no arde.
Los vientos fríos no dicen nada.
Respiro el olor a basura sobre la nada.
No queda ningún murmullo bajo un lo siento.
Allá, sobre los picos dorados de la nada,
me gusta pensar que hay algo.
Te amo con tanto odio, con tanta rabia,
con tanto olor a nada.
Eres una oscuridad, una sombra que brilla
en un cielo gris de domingo
sin nada bueno que decir.
Y aun así deseo elevarme, romper la noche,
pero mis alas son humo cansado.
Permanezco suspendido en este umbral:
un punto que se apaga en silencio,
una presencia que se diluye,
un latido que aprende a ser nada.
Nada.