Zarko Pinkas |
La escritora, ilustradora y cineasta franco-iraní Marjane Satrapi, autora de la célebre novela gráfica «Persépolis», falleció en París a los 56 años. Su obra transformó la manera en que millones de lectores comprendieron la Revolución Islámica de Irán, el exilio y la lucha por la libertad individual.
Hay autores que cuentan historias y otros que logran abrir una ventana hacia mundos que parecían lejanos e incomprensibles. Marjane Satrapi pertenecía a esta última categoría. Su muerte, confirmada este 4 de junio en París, pone fin a una de las trayectorias más singulares del cómic contemporáneo, pero deja intacta una obra que cambió para siempre la percepción occidental sobre Irán y sobre el poder narrativo de la novela gráfica.
Nacida en 1969 en Irán y formada entre Oriente y Europa, Satrapi encontró en el dibujo una forma de resistencia. Con trazos en blanco y negro, aparentemente sencillos, fue capaz de narrar acontecimientos históricos complejos desde la mirada íntima de una niña que crecía en medio de la Revolución Islámica y de las profundas transformaciones políticas que marcaron a su país.
Esa experiencia quedó plasmada en «Persépolis», la novela gráfica publicada a partir del año 2000 que la convirtió en una figura de alcance internacional. La obra relataba su infancia en Teherán, el ascenso del régimen de los ayatolás, la represión social, la guerra y posteriormente el exilio. Lo que pudo haber sido una simple autobiografía terminó convirtiéndose en un relato universal sobre la identidad, la memoria y la libertad. Traducida a numerosos idiomas y estudiada en universidades y escuelas de todo el mundo, «Persépolis» ayudó a consolidar la novela gráfica como una forma de expresión artística y literaria de primer nivel.
La influencia de Satrapi trascendió el mundo editorial. En 2007 codirigió la adaptación animada de «Persépolis», presentada en el Festival de Cannes y posteriormente nominada al Óscar. La película confirmó que su lenguaje visual podía cruzar fronteras y formatos sin perder fuerza ni honestidad. Más adelante dirigiría otras producciones cinematográficas como «Pollo con ciruelas», «The Voices» y «Radioactive», esta última centrada en la vida de Marie Curie.
A lo largo de su carrera mantuvo una postura crítica frente a la represión política, el autoritarismo y las restricciones a las libertades individuales de la dictadura islamista en Irán. También se convirtió en una voz reconocida en la defensa de los derechos humanos y de las mujeres iraníes, utilizando el arte como una herramienta de reflexión y denuncia.
La noticia de su fallecimiento generó numerosas reacciones en Francia y en el ámbito cultural internacional. Según informaron sus familiares, la artista murió poco más de un año después del fallecimiento de su esposo, el productor y cineasta sueco Mattias Ripa.
Con la partida de Marjane Satrapi desaparece una de las grandes cronistas visuales de nuestro tiempo. Sin embargo, sus páginas permanecen. En ellas sigue viva aquella niña de Teherán que observaba el mundo con asombro, ironía y valentía, y que terminó convirtiendo su historia personal en una obra capaz de dialogar con lectores de cualquier idioma, cultura o generación.